L`O S S E RVATOR E ROMANO

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L’OSSERVATORE ROMANO
EDICIÓN SEMANAL
Unicuique suum
Año XLVII, número 18 (2.413)
EN LENGUA ESPAÑOLA
Non praevalebunt
Ciudad del Vaticano
1 de mayo de 2015
En la basílica vaticana el Papa Francisco ordena a diecinueve sacerdotes y recuerda a Juan Pablo
II
El riesgo de elegir
«Imitad al Padre que nunca se cansa de perdonar»:
fue la encomienda que el Papa Francisco confió a los
diecinueve sacerdotes ordenados el domingo 26 de
abril, por la mañana, en la basílica de San Pedro. Al
pronunciar la homilía ritual prevista por el Pontifical
romano, el Papa la integró con añadidos personales,
recomendando una atención especial al ministerio de
la reconciliación: «Os pido que no os canséis de ser
misericordiosos. En el confesonario estaréis para perdonar, no para condenar». Y al hablar de la celebración eucarística les dijo: «¡No lo hagáis de prisa! Imitad lo que celebráis». En otro momento se centró en
las homilías: «que vuestras homilías —exhortó— no
sean aburridas», sino que «lleguen precisamente al corazón de la gente porque brotan de vuestro corazón,
porque lo que vosotros les decís es lo que tenéis en
vuestro corazón». Al término de la celebración el Papa
dirigió la oración del Regina caeli con los fieles en la
plaza de San Pedro invitando a rezar por las víctimas
del terremoto en Nepal, y recordando el aniversario de
la canonización de Juan Pablo II. «Que resuene siempre —dijo— en vuestros corazones su llamada: “¡Abrid
las puertas a Cristo!”, como decía con esa voz fuerte y
santa que tenía».
HOMILÍA
Y
7
EN PÁGINA
7
Y REGINA CAELI EN PÁGINAS
6
Jesús Señor y siervo
El buen pastor se hace cordero
MAURIZIO GRONCHI
El Pontífice expresa solidaridad fraterna y ayuda a la población afectada por el seísmo
En Nepal la carrera contra el tiempo
Así nace la misión cristiana
Cuando dos personas
se encuentran
LUIS ANTONIO G. TAGLE
EN PÁGINA
2
Videomensaje a los pobres de Roma
Los sin techo en escena
PÁGINA 3
Encuentro sobre la salvaguarda
del planeta
Una cuestión moral
PÁGINA 11
El Sábado 25 de abril un terrible
seísmo de 7,8 grados en la escala
de Richter, azotó Nepal, causando
hasta ahora más de seis mil víctimas y catorce mil heridos. Mientras se continúa escavando entre
los escombros en busca de posibles supervivientes, el país está de
hinojos: miles en la capital de
Katmandú se quedaron sin casa y
viven en campamentos.
Falta la corriente eléctrica, las
conexiones telefónicas son precarias y escasea la comida y el agua.
Un día después se registró también una sacudida de reacomodo
que tuvo la fuerza de 6,7 grados.
«Solidaridad fraternal» hacia quienes se vieron afectados por el terremoto fue lo que el Papa Francisco pidió en el Regina caeli,
quien aseguró su «cercanía a la
población golpeada por un fuerte
terremoto en Nepal y en los países
limítrofes». Rezo —dijo— «por las
víctimas, por los heridos y todos
los que sufren a causa de esta calamidad. Recemos a la Virgen para que les esté cerca».
Igualmente el sábado, en un telegrama firmado por el secretario
de Estado, cardenal Pietro Parolin,
enviado al vicario apostólico de
Nepal, el obispo Paul Simick, el
Papa se declaró estar «profundamente afligido» por lo que sucedió. El Pontífice —se lee en el telegrama— «expresa su solidaridad
con todas las personas afectadas
por este desastre y asegura a todos
los familiares de las víctimas su
cercanía en su trabajo de recuperación y asistencia a los que se vieron afectados por esta tragedia».
El gobierno nepalés declaró el estado de desastre natural y está
coordinando las operaciones de
ayuda. Pero tras una semana los
trabajos de búsqueda resultan más
difíciles y aún peores las incomodidades de los supervivientes.
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viernes 1 de mayo de 2015, número 18
Así nace la misión cristiana
Cuando dos personas se encuentran
LUIS ANTONIO G. TAGLE
En todas las fases del discernimiento
vocacional: la formación en el seminario y la formación permanente, la
purificación de la propia motivación
hacia el ministerio ordenado se debe
afrontar con valentía. Los factores
personales, sociales y culturales que
influencian la propia llamada se deben afrontar. Jesucristo, cuya misión
la Iglesia continúa, es el modelo. Él
se entregó a la misión. La misión le
apasionaba. Para Él misión no es sólo un trabajo que se debe realizar sino también crecimiento de su relación íntima con quien llamaba Abbà,
quien lo había enviado. Hace sólo lo
Ad gentes
Por los cincuenta años de la
promulgación del decreto
conciliar Ad gentes se celebró a
finales de abril en la Pontificia
Universidad Urbaniana un
congreso internacional en el cual,
entre otros, participó el cardenal
prefecto de la Congregación
para la evangelización de los
pueblos, Fernando Filoni, quien
habló de la misión en la
Evangelii gaudium. Publicamos
los pasajes relevantes de la
intervención del cardenal
arzobispo de Manila sobre
«Los obispos y el clero:
orientaciones misioneras en la
formación y en la pastoral».
que Él ve que hace Abbà. No busca
la propia voluntad sino la voluntad
de quien lo ha enviado.
Para Jesús misión significa ser enviado por el Padre, no ir donde elijo
ir, no donde elijo estar, no donde es
conveniente para mí, no donde he
realizado mi carrera. Si los obispos y
el clero se forman constantemente
según el corazón misionero de Jesús,
ellos cumplen la misión de Dios en
lugar de aspirar a una posición. Sin
una vida coherente de oración, alimentada por la humildad, los obispos y el clero podrían perder el sentido de ser enviados por Dios para
los fines de Dios. Se enviarían a sí
mismos, promoverían los propios
objetivos y edificarían los propios
reinos. No olvidemos que Jesús fue
enviado para predicar la buena noticia a los pobres. Por ello «es necesario que la Iglesia, siempre bajo la
inspiración del Espíritu de Cristo, siga la misma senda que Él siguió, es
decir, el camino de la pobreza, de la
obediencia, del servicio y del sacrificio de sí mismo hasta la muerte» (cf.
Ad gentes, n. 5).
Gracias a la solicitud pastoral, los
obispos y el clero desean ofrecer un
servicio ejemplar a sus diócesis, parroquias o lugares de ministerio.
Existe, sin embargo, el peligro de
que se concentren tanto en sus comunidades locales más cercanas que
no se preocupen por conocer las necesidades y las realidades de la Iglesia más en general. No permitirían
así ni siquiera a las situaciones de las
demás Iglesias incidir en su vida
eclesial local. Con un conocimiento
insuficiente pierden el interés y el
sentido de responsabilidad hacia las
demás Iglesias. Su ministerio pastoral y las Iglesias locales que ellos sirven llegan a ser autorreferenciales.
No se ven ni desafiadas ni enriquecidas por otras Iglesias. De ello pueden derivar consecuencias desastrosas; por ejemplo, la atención pastoral puede disociarse de la misión; las
Iglesias locales se convierten en enclaves aislados perdiendo de este
modo su plena identidad como Iglesia; la Iglesia universal llega a ser
una abstracción. Un elemento necesario en la formación misionera de
los obispos y del clero es la constante reflexión teológica sobre el conocimiento mutuo entre las Iglesias locales y la Iglesia universal. Ser autorreferencial o autosuficiente debilita
a la Iglesia. Estar orientada hacia los
demás, preocuparse por las demás
Iglesias como si fuese la nuestra, vivir en comunión con las demás Iglesias, obrar o actuar rectamente a nivel local para el bien de la comunidad universal, hacen que la misión y
la atención pastoral sean recíprocamente inclusivas. Esto, sin embargo,
exige un sólido estudio eclesiológico
de la relación entre la Iglesia universal y las Iglesias locales, del aspecto
misionero de la colegialidad de los
obispos y la formación misionera de
todos los bautizados, según su llamada y condición de vida. Los obispos y el clero deben despertar, animar y formar a los laicos para la misión. Tienen que sentirse también en
su propio ámbito con actitud de participación y colaboración en el compromiso misionero de las Iglesias locales.
En Jesús, misión significa entrar
en la condición humana, iniciar a
conocer y comprender la fragilidad
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Janet Brooks-Gerloff, «Emaús» (1992)
humana uniéndose a ella. La misión
de llevar el Evangelio a los pueblos
requiere la comprensión de sus realidades a través de la solidaridad siguiendo el ejemplo de Cristo, sostenida por estudios sociales, culturales
y antropológicos. Del mismo modo
que nosotros misioneros vamos hacia
esos mundos, vemos también cómo
estos mismos mundos vienen a nosotros. Pueblos o naciones están en
constante movimiento. Emigrantes,
refugiados, medios de comunicación,
tecnología digital han oscurecido los
confines. No existe una Iglesia que
sólo envía misioneros, como tampoco existe una Iglesia que sólo recibe
misioneros. Sólo Dios envía. Y es
también Dios quien viene. Nosotros
somos todos enviados, y todos nosotros recibimos. Los obispos y el clero tienen que comprender las nuevas
realidades a las cuales son enviados
y que están llegando a sus mundos.
Es necesario un aprendizaje experiencial y una comprensión compasiva mientras entramos en el fenómeno cada vez más complejo y ambiguo que tenemos ante nosotros. Una
actitud de escucha, aprendizaje, diálogo, paciencia y disponibilidad para
dejarse sorprender les permitiría dis-
A través de Cor Unum
La ayuda a la población de Nepal
Después del terremoto que, durante el fin de semana, afectó con extraordinaria violencia el territorio de Nepal, el Papa Francisco —a través del Consejo pontificio «Cor Unum»— estableció enviar una primera contribución de cien mil dólares para socorrer a las poblaciones.
Lo dio a conocer, el martes 28 de abril, un comunicado del dicasterio vaticano, donde destaca que la suma se enviará a la Iglesia local y
se utilizará para apoyar los trabajos de asistencia en favor de los desplazados y de los que sufrieron el terremoto, como primera e inmediata expresión concreta de los sentimientos de cercanía espiritual y aliento paternal hacia las personas y los territorios afectados, que el Papa
Francisco aseguró durante el Regina caeli del domingo 26. Conferencias episcopales y organismos de caridad católicos están ya ampliamente comprometidos en las operaciones de ayuda.
GIOVANNI MARIA VIAN
director
Giuseppe Fiorentino
subdirector
TIPO GRAFIA VATICANA EDITRICE
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don Sergio Pellini S.D.B.
director general
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Servicio fotográfico
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redactor jefe de la edición
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cernir la presencia activa del Espíritu
Santo, que es el principal agente de
la misión.
Jesús cumplió su misión de predicar la buena noticia, reunir un nuevo pueblo y testimoniar el poder del
reino de Dios sobre todo a través de
su encuentro directo con las personas. Los versículos iniciales de la
primera carta de san Juan describen
la misión «metodológica» de los
apóstoles: ellos comenzaron con su
encuentro personal con Jesús que
por turnos compartían con las personas que encontraban, para que, en la
fe, estas personas pudiesen encontrar
a la persona de Jesús. El trabajo misionero de cada día se ve aventajado
por un modo de ver racional, por la
planificación y el orden en la organización. En nuestro mundo que va
siempre de prisa y cambia rápidamente, son indispensables aproximaciones sistemáticas a la misión. Los
obispos y el clero tienen que aprender y desarrollar nuevas capacidades
para el bien de la misión local y universal. Pero los obispos y el clero
tienen que comprender también que
cuando las circunstancias no permiten la realización de nuestros proyectos y de nuestra organización, la misión evangelizadora puede y debe
continuar a través de sencillos encuentros humanos. Encontrar a las
personas también en momentos y en
lugares inesperados o no programados podría constituir un terreno fértil para la misión. Además, un encuentro personal no comporta grandes costes económicos. La misión no
tiene que depender en cada ocasión
de la disponibilidad de recursos económicos. Cuando dos personas se
encuentran, se da la misión. Los
obispos y el clero tienen que aprovechar todas sus capacidades relacionales y captar todas las ocasiones de
encuentros humanos en la promoción de la misión. El obispo mismo
y el clero deberían ser encarnación
contemporánea de la misión de Jesús.
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Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00.
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En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios,
222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 5594 11 25,
+ 52 55 5518 40 99; e-mail: [email protected], [email protected].
En Argentina: Arzobispado de Mercedes-Luján; calle 24, 735, 6600 Mercedes (B), Argentina; teléfono y fax
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número 18, viernes 1 de mayo de 2015
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Un apelo la ciudad de Roma
Los sin techo en escena
«Una ocasión de diálogo» y de «intercambio significativo» para hablar de
amor y solidaridad a la ciudad. Así destaca el Papa Francisco el sentido del
espectáculo, «Si no fuera por ti», escenificado el martes 28 de abril, por la
tarde, en el teatro Brancaccio de Roma, por los huéspedes de los centros de
acogida de Cáritas. En un videomensaje dirigido a los protagonistas de la
representación, el Pontífice recuerda que «la pobreza es la gran enseñanza que
nos dio Jesús» e invita a la Iglesia de Roma a ser «madre atenta y amable
con los débiles».
Hermanos y hermanas
¡buenas tardes!
Alguien me hizo saber que esta
tarde, en el importante teatro de
Brancaccio, vosotros, huéspedes de
los centros de acogida de Cáritas de
nuestra Iglesia de Roma, actuaréis
en la representación titulada «Si no
fuera por ti», que relata experiencias
auténticas, difíciles, de abandono y
marginación vividas por vosotros
mismos. Esta iniciativa teatral habla
Vitral de san José Labre
(iglesia Saint-Honoré-d'Eylau, París)
de vuestro amor por los hijos, los
padres, la vida y Dios.
Me alegra estar de este modo entre vosotros, para complacerme de
vuestra valentía, para deciros que
no perdáis la confianza y la esperanza. ¡Dios nos ama, nos quiere a
todos!
La modalidad con la que habláis
a la ciudad la considero una ocasión de diálogo e intercambio significativo. Vosotros en escena —al
mostrar capacidades escondidas,
ayudados por profesionales expertos
que supieron guiaros a vosotros actores a aflorar los recursos y las potencialidades de cada uno de vosotros— y los demás escuchando, y
—estoy seguro de ello— maravillados
por las riquezas que se ofrecen.
¿Quién piensa que un sin techo es
una persona de la cual aprender?
¿Quién piensa que pueda ser un
santo?
Sin embargo, esta tarde vosotros
seréis los que hagáis del escenario
un lugar desde donde nos transmitiréis enseñanzas valiosas sobre el
amor, sobre la necesidad del otro,
sobre la solidaridad, sobre cómo en
las dificultades se encuentra el amor
del Padre.
La pobreza es la gran enseñanza
que nos dio Jesús cuando bajó en
las aguas del Jordán para ser bautizado por Juan el Bautista. No lo
hizo por necesidad de penitencia,
de conversión, lo hizo para ponerse
en medio de la gente, la gente necesitada de perdón, en medio de nosotros pecadores, y cargar el peso
de nuestros pecados. Este es el camino que eligió para consolarnos,
salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor de compasión, de ternura y de compartir. El
Buen Samaritano que nos recoge
golpeados por los salteadores.
Escribía san Gregorio de Nisa,
un gran teólogo de la antigüedad:
«Considerad bien quiénes son los
pobres en el Evangelio y descubriréis su dignidad: Ellos han revestido el rostro del Señor. En su misericordia Él les dio su propio rostro».
Y san Agustín decía: «En la tierra Cristo es indigente en la persona de sus pobres. Es necesario, entonces, temer al Cristo del cielo y
reconocerlo en la tierra: en la tierra
Él es pobre, en el cielo es rico. En
su humanidad misma subió al cielo
en cuanto rico, pero permanece aún
aquí entre nosotros en el pobre que
sufre».
También yo deseo hacer mías estas palabras. Vosotros no sois un
peso para nosotros. Sois la riqueza
sin la cual vanos son nuestros intentos de descubrir el rostro del Señor.
Pocos días después de mi elección, recibí de vosotros una carta de
felicitaciones y ofrecimiento de oraciones. Recuerdo que os respondí
inmediatamente diciéndoos que os
SIGUE EN LA PÁGINA 9
A la Fundación Juan Pablo
II
Solidaridad, la palabra clave
«Solidaridad» es una de las palabras
clave del pontificado de Juan Pablo
II. Al recordarlo a los miembros de la
Fundación que lleva el nombre del
Pontífice polaco —a quienes recibió en
audiencia el sábado 25 de abril, por
la mañana, en la sala Clementina—
el Papa Francisco invitó a mantener
viva «la herencia espiritual» del
Papa Wojtyła, de quien el lunes 27 se
celebró el primer aniversario de su
canonización.
Queridos hermanos y hermanas:
Os doy mi bienvenida a vosotros,
miembros y amigos de la Fundación
Juan Pablo II. Doy las gracias al
cardenal Ryłko por haber introducido nuestro encuentro y agradezco a
todos el compromiso que realizáis
por llevar adelante las iniciativas de
la Fundación y custodiar su espíritu. Y gracias también de corazón
por el regalo de este cuadro de Jesús misericordioso.
La canonización del Papa Juan
Pablo II dio un nuevo impulso a
vuestro trabajo, al servicio de la
Iglesia y de la evangelización. Lo
hizo, posiblemente, incluso más
universal, como ya es universal el
culto que le rinde el pueblo de
Dios. Y vosotros ofrecéis una contribución valiosa a fin de que la herencia espiritual de este santo Pontífice continúe fecundando el gran
campo de la Iglesia y sosteniendo
su camino en la historia.
Os agradezco especialmente las
iniciativas de carácter educativo que
lleváis adelante en favor de los jóvenes. En efecto, san Juan Pablo II
tuvo siempre un gran amor hacia
los jóvenes y un cuidado pastoral
especial hacia ellos. Y vosotros contribuís a hacer que su carisma y su
paternidad continúen dando frutos.
También ofrecéis a los sacerdotes
y laicos oportunidades valiosas de
enriquecer su formación, para estar
más preparados al acompañar a las
comunidades haciendo frente a los
desafíos culturales y pastorales de
nuestros días. Para lograr este objetivo os podéis también valer del rico magisterio de doctrina social que
san Juan Pablo II nos dejó, y que se
demuestra más que nunca actual.
Basta pensar en una de las palabras
clave de su magisterio que es «solidaridad». Una palabra que alguien
quizás pensó que debería decaer,
pero que en realidad conserva hoy
toda su fuerza profética.
Por eso es importante que vosotros los primeros, en vuestra «red»
de círculos de amigos de la Fundación, viváis esta solidaridad entre
vosotros, alimentándola continuamente con la fraternidad cristiana, a
su vez animada por la oración y la
docilidad a la Palabra de Dios. Que
la Virgen María os conceda esto, a
la que san Juan Pablo II consagró
toda su vida y su pontificado.
Os doy las gracias, queridísimos,
por esta visita. Os bendigo a todos
vosotros y vuestro servicio, y os pido, por favor, que recéis por mí.
Documento de los obispos españoles
Al servicio del hombre
La «preocupación» por el sufrimiento causado por la
grave crisis económica, social y moral que afecta a la
sociedad española; y la «esperanza» fundada en el testimonio de muchos miembros de la Iglesia que asisten
precisamente a quienes han padecido mayormente las
consecuencias de la crisis. Son estos los dos motivos
principales que inspiraron el documento: Iglesia, servidora de los pobres, una instrucción pastoral aprobada
por los obispos españoles en el curso de la reciente
asamblea plenaria. Estructurada en cuatro partes, la
instrucción pastoral comienza analizando la situación
social hoy en día y los factores que están en el origen.
Después enumera los principios de la doctrina social de
la Iglesia que iluminan la realidad a partir de la fe.
En el documento se indican también cuatro factores
que están en la base de la situación social actual. El
primero es la negación de la primacía del ser humano
que se funda en la dignidad que Dios le dio. El segundo es el dominio de lo inmediato y del ámbito técnico
en la cultura actual.
El modelo social centrado en la economía es el tercer
factor que explica la situación de crisis: la explosión de
la burbuja inmobiliaria, el endeudamiento excesivo y la
insuficiente regulación y supervisión que han conducido a efectuar recortes generalizados en los servicios.
En cuarto lugar, encontramos como consecuencia de
la lógica del crecimiento, una cierta idolatría mercantil,
cuando en realidad, la actividad económica en sí misma
no puede resolver todos los problemas sociales. Su recta ordenación al bien común, revelan los obispos, es incumbencia sobre todo de la comunidad política. De
aquí la invitación a profundizar en la dimensión evangelizadora de la caridad y afrontar el desafío de una
economía inclusiva y de comunión.
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viernes 1 de mayo de 2015, número 18
Misa del Santo Padre en Santa Marta
Un encuentro
para cada uno
Cada hombre tiene un encuentro
personal con el Señor. Un encuentro
verdadero, concreto, que puede cambiar radicalmente la vida. El secreto
no está sólo en darse cuenta de ello,
sino también en nunca perder la memoria del mismo, para conservar su
frescura y belleza. Lo afirmó el Papa
en la misa que celebró el viernes 24
de abril, por la mañana, en la capilla
de Santa Marta. Con alguna «tarea
para hacer en casa» y dos sugerencias prácticas: rezar para pedir la
gracia de recordar y luego releer el
Evangelio para reflejarse en los numerosos encuentros de Jesús.
La primera lectura (Hch 9, 1-20),
destacó inmediatamente el Papa
Francisco, relata precisamente «la
historia de Saúl-Pablo», el hecho de
estar «convencido de su doctrina, incluso acérrima». Pero «este celo lo
llevaba a perseguir este nuevo camino que había nacido allí, es decir, a
los cristianos». Así Saúl «pidió las
cartas para las sinagogas de Damasco con el fin de ser autorizado para
llevar encadenados a los cristianos».
Y «esto lo hacía con el celo de
D ios».
Luego, explicó el Papa, «sucedió
lo que hemos escuchado y que todos
sabemos: la visión, y él cayó del caballo». En ese punto, recordó el Papa Francisco, «el Señor le habla:
“Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?” —“¿Quién eres, Señor?”—
“Soy Jesús”». Se da así «el encuentro de Pablo con Jesús».
Hasta ese momento Pablo «creía
que todo lo que decían los cristianos
eran historias». Pero «he aquí que se
encuentra con Él y jamás olvidará
ese encuentro: le cambia la vida y lo
hace crecer en el amor al Señor que
antes perseguía y ahora ama». Un
encuentro, añadió el Papa, que lleva
a Pablo «a anunciar el nombre de
Jesús al mundo como instrumento
de salvación». Así es como sucedió y
lo que significó «el encuentro de Pablo con Jesús».
«En la Biblia —afirmó el Papa
Francisco— hay muchos otros encuentros». También «en el Evangelio». Y son «todos distintos» entre
sí. Verdaderamente «cada uno tiene
su encuentro con Jesús». Pensemos,
sugirió el Papa, «en los primeros
discípulos que seguían a Jesús y permanecieron con Él toda la tarde
—Juan y Andrés, el primer encuentro— y fueron felices por esto». En
tal medida que «Andrés fue al encuentro de su hermano Pedro —se
llamaba Simón en ese tiempo— y le
dijo: “Hemos encontrado al Mesías”». Es «otro encuentro entusiasta, feliz, y condujo a Pedro hacia Jesús». Siguió, luego, «el encuentro
de Pedro con Jesús» que «fijó su
mirada en él». Y Jesús le dijo: «Tú
eres Simón, hijo de Juan. Te llamarás Cefas», «es decir piedra».
Los «encuentros», recordó el Papa
Francisco, son verdaderamente muchos. Está, por ejemplo, «el de Natanael, el escéptico». Inmediatamente «Jesús con dos palabras lo tira
por los suelos». De tal modo que el
intelectual admite: «¡Tú eres el Mesías!». Está también «el encuentro
de la Samaritana que, a un cierto
punto, se encuentra en una situación
difícil e intenta ser teóloga: “Pero este monte, el otro…”». Y Jesús le responde: «Pero tu marido, tu verdad».
La mujer «en el propio pecado encuentra a Jesús y va a anunciarlo a
los de la ciudad: “Me ha dicho todo
lo que he hecho; ¿será tal vez el Mesías?”».
El Papa Francisco quiso también
que se reviviera «el encuentro del leproso, uno de los diez curados, que
regresa para agradecer». Y, además,
«el encuentro de la mujer enferma
desde hacía dieciocho años, que
pensaba: “Si al menos lograra tocar
el manto estaría curada” y encuentra
a Jesús». Y también «el encuentro
con el endemoniado del que Jesús
expulsa tantos demonios que se dirigen hacia los cerdos» y después
«quiere seguirlo y Jesús le dice:
“No, vete a casa con los tuyos y
anúnciales lo que el Señor ha hecho
contigo”».
Así, resumió el Pontífice, «podemos hallar muchos encuentros en la
Biblia, porque el Señor nos busca
para tener un encuentro con noso-
nía que cambiar de vida y ser mejor
o perdonar a una persona», «cuando sentí al Señor que me pedía algo» y, por ello, «cuando me encontré al Señor».
Nuestra fe, de hecho, «es un encuentro con Jesús». Precisamente
«este es el fundamento de la fe: he
encontrado a Jesús como Saúl» tal y
como lo relata el pasaje de los Hechos de los apóstoles propuesto por
la liturgia.
Y así, prosiguió el Papa Francisco,
si uno se dice a sí mismo «no me
acuerdo» del encuentro con el Señor, es oportuno que pida la gracia:
«Señor, ¿cuándo fui consciente de
encontrarte? ¿Cuándo me dijiste algo que cambió mi vida o me invitaste a dar aquel paso hacia adelante
en la vida?». Y, recomendó el Papa,
«esta es una bonita oración, hacedla
cada día». Y cuando después «te
acuerdes, regocíjate en ese recuerdo
que es un recuerdo de amor».
«Otra bonita tarea», propuso el
Papa, «sería tomar los Evangelios» y
releer las muchas historias que existen para «ver cómo Jesús encuentra
tros» y «cada uno de nosotros tiene
su propio encuentro con Jesús».
Quizá, destacó el Pontífice, «lo olvidamos, perdemos la memoria» hasta
el punto de preguntarnos: «Pero
¿cuándo yo me encontré con Jesús o
cuándo Jesús me encontró?». Seguramente, precisó el Papa Francisco,
Jesús «te encontró el día de tu Bautismo: eso es verdad, eras niño». Y
con el Bautismo, añadió, «te ha justificado y te ha hecho parte de su
pueblo».
«Todos nosotros —afirmó el Papa—
hemos tenido en nuestra vida algún
encuentro con Él», un encuentro
verdadero en el que «sentí que Jesús
me miraba». No es una experiencia
sólo «para santos». Y «si no recordamos, será bonito hacer un poco
de memoria y pedir al Señor que
nos dé la memoria, porque Él recuerda, Él se acuerda del encuentro». Al respecto el Papa Francisco
hizo referencia al libro de Jeremías
donde se lee: «Recuerdo tu cariño
juvenil, el amor que me tenías de
novia». Habla, por lo tanto, de
«aquel encuentro entusiasta del inicio, aquel encuentro nuevo: Él jamás
olvida, más bien nosotros olvidamos
el encuentro con Jesús».
Una «buena tarea para hacer en
casa» sugirió el Papa Francisco, sería
precisamente volver a pensar «cuando sentí verdaderamente al Señor
cerca de mí», «cuando sentí que te-
a la gente, cómo elige a los apóstoles». Y darse cuenta, quizá, de que
alguno de los encuentros se «asemeja al mío», porque «cada uno tiene
su propio» encuentro.
He aquí entonces las dos sugerencias prácticas y concretas del Papa,
«que nos harán bien». En primer lugar «rezar y pedir la gracia de la
memoria» y preguntarnos: «¿Cuándo, Señor, fue ese encuentro, ese primer amor?». Para «no escuchar el
reproche que el Señor hace en el
Apocalipsis: “Pero tengo contra ti
que has abandonado tu amor primero”».
La segunda sugerencia del Papa
es, precisamente, «tomar el Evangelio y ver los numerosos encuentros
de Jesús con muchas personas diversas». Resulta evidente, explicó, que
«el Señor quiere encontrarnos, quiere que la relación con nosotros sea
cara a cara». Seguramente «en nuestra vida hubo un encuentro fuerte
que nos guió a cambiar un poco la
vida y a ser mejores».
Precisamente la celebración eucarística, concluyó el Pontífice, es
«otro encuentro con Jesús, para realizar lo que hemos escuchado» en el
Evangelio (Juan 6, 52-59): «El que
come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él». Sí, precisamente para permanecer así «en el
Señor, vamos ahora hacia este encuentro cotidiano».
Abiertos
a las sorpresas
Pedir al Señor «la gracia de no tener
miedo cuando el Espíritu, con seguridad, me dice que dé un paso adelante». Y pedir el «valor apostólico
de llevar vida y no hacer de nuestra
vida cristiana un museo de recuerdos». Esta es la doble recomendación con la que el Papa Francisco
concluyó, el martes 28 de abril por
la mañana, la homilía de la misa en
la capilla de la Casa Santa Marta.
Al comentar las lecturas del día, el
Pontífice se centró especialmente en
la primera, tomada de los Hechos de
los Apóstoles (11, 19-26), en la que
—recordó— se narra que «después de
los primeros días de gozo, después
de la efusión del Espíritu Santo, había en la Iglesia momentos bellos,
pero también muchos problemas».
Uno de estos era el hecho de que algunos predicaran «el Evangelio a los
griegos, a los paganos, a los que no
eran israelitas». En efecto, explicó el
Papa Francisco, «esto era muy extraño, parecía una nueva doctrina».
Por lo demás, observó, ya había
«ocurrido el episodio de Pedro en la
casa de Cornelio» que había suscitado indignación: «Pero tú fuiste allí,
entraste en una casa pagana, has
quedado impuro», le reprocharon.
Ahora sucedía algo parecido: «tras
la persecución, tras el martirio de
Esteban» los discípulos se habían
dispersado y en Jerusalén quedaban
solamente los apóstoles. Algunos de
los discípulos habían «llegado a Antioquía y predicaban en las sinagogas, a los judíos». Pero «otros, llegados de Chipre y de Cirene, comenzaron a hablar también a los griegos,
anunciando que Jesús es el Señor:
“Y la mano del Señor estaba con
ellos y así un gran número creyó y
se convirtió”».
Así, cuando «la noticia “llegó a
los oídos de la Iglesia de Jerusalén”,
creó inquietud». Hasta el punto que
los apóstoles «enviaron una especie
de “visita canónica”, diciendo a Bernabé: “Ve, visítalos y luego veremos
qué se hace». Sin embargo, «cuando
Bernabé llegó y vio la gracia de
Dios, se alegró y llevó tranquilidad y
paz a la Iglesia de Jerusalén». En
definitiva para el Papa el episodio
narrado en los Hechos de los Apóstoles habla una vez más de «novedad», que irrumpe «en esa mentalidad» según la cual Jesús había venido solamente «para salvar a su pueblo, el pueblo elegido por el Padre».
Una mentalidad incapaz incluso de
percibir «cómo otros pueblos formaran parte» del plan divino de salvación.
«Pero —advirtió el Pontífice, citando el libro de Isaías— estaba en las
profecías». Sin embargo, ellos «no
comprendían. No entendían que
Dios es el Dios de las novedades: yo
realizo algo nuevo, nos dice»; no
comprendían «que el Espíritu Santo
vino precisamente a esto, a renovarnos y obra continuamente para renovarnos». Es más, constató, «esto nos
da temor. En la historia de la Iglesia
podemos ver, desde entonces hasta
hoy, cuántos miedos han suscitado
las sorpresas del Espíritu Santo. Es
el Dios de las sorpresas». Y a quien
SIGUE EN LA PÁGINA 9
número 18, viernes 1 de mayo de 2015
L’OSSERVATORE ROMANO
página 5
Visita «ad limina» de los obispos de Gabón
No a las discriminaciones tribales y étnicas
El Papa Francisco dirigió una
invitación a «inmunizarse contra el
riesgo dañoso de las consideraciones
tribales y étnicas discriminatorias que
son la negación misma del Evangelio»
a los obispos de Gabón, a quienes
recibió el lunes 20 de abril por la
mañana, con ocasión de la visita «ad
limina Apostolorum». A continuación,
una traducción nuestra del discurso en
francés que el Pontífice les entregó.
Queridos hermanos
en el episcopado:
Me alegra acogeros con ocasión
de vuestra visita ad limina Apostolorum. En peregrinación a las tumbas
de los apóstoles Pedro y Pablo, venís
a sacar de su martirio, fundado en la
fidelidad a Cristo muerto y resucitado, nuevas energías para continuar
cada vez con mayor ardor vuestra
misión de pastores y para consolidar
vuestros vínculos de comunión con
la Sede apostólica, reforzando también la colegialidad entre vosotros y
con los obispos de todo el mundo.
En su discurso en vuestro nombre,
monseñor Mathieu Madega Lebouakehan, presidente de vuestra Conferencia episcopal, recordó algunos aspectos importantes de la vida de la
Iglesia en Gabón. Le doy cordialmente las gracias, y también agradezco a cada uno de vosotros los
sentimientos de devoción fiel al Sucesor de Pedro y el celo pastoral. En
este año jubilar conmemorativo de
diversos acontecimientos que han
marcado la vida de la Iglesia en Gabón, en particular el 170º aniversario
de su fundación, a través de vosotros
deseo saludar y animar a los sacerdotes, religiosos y religiosas, y a los
demás agentes de pastoral que colaboran con vosotros, así como a todos los fieles laicos de vuestras diócesis, a quienes me uno en la oración y en la acción de gracias.
Queridos hermanos en el episcopado: Los valientes misioneros que
anunciaron el Evangelio en vuestra
tierra, en condiciones heroicas, así
como los primeros cristianos gaboneses, que acogieron la buena nueva
de la salvación con corazón generoso
y la testimoniaron a menudo en medio de numerosas adversidades, son
los pioneros de vuestra Iglesia local.
Su recuerdo, su celo y su testimonio
evangélicos no deben dejar de inspiraros en vuestra acción pastoral y
constituir para toda la Iglesia en Gabón la fuente de un compromiso renovado para el anuncio del Evangelio como mensaje de paz, alegría y
salvación, que libera al hombre de
las fuerzas del mal para conducirlo
al reino de Dios.
El desarrollo del ministerio que se
os ha encomendado en cada una de
vuestras diócesis exige que se viva
una auténtica fraternidad en el seno
de vuestra Conferencia episcopal:
«Para que todos sean uno…, para
que el mundo crea que tú me has
enviado» (Jn 17, 21). Esta exigencia
de unidad y comunión nos la dejó
Jesús mismo como herencia, como
necesidad para que su Palabra se escuche y acoja y, por tanto, para el
crecimiento de la Iglesia. La colaboración fraterna debe permitir responder de la mejor manera a las necesi-
dades y a los desafíos de la Iglesia y
velar con espíritu de colegialidad
por el bien común de toda la sociedad. Desde esta perspectiva, habéis
tomado recientemente la iniciativa
de una jornada de oración por vuestro país. Así, la Iglesia testimonia
que comparte las preocupaciones de
todos los gaboneses y que el mensaje cristiano, lejos de apartar a los
hombres de la construcción de un
mundo cada vez más justo y fraterno, «al contrario, les impone como
deber el hacerlo» (Gaudium et spes,
34). El Centre d’ètudes pour la doctrine sociale e le dialogue interreligieux,
inaugurado en Libreville en 2011,
también muestra vuestra preocupación por evangelizar las costumbres
y las realidades sociopolíticas de
vuestro país.
Queridos hermanos en el episcopado: La unidad del presbiterio en
torno a su obispo es ejemplar para
ofrecer a los fieles el sentido de la
Iglesia como familia de Dios. Se debe traducir, en particular, en una
real preocupación por inmunizarse
contra el riesgo dañoso de las consideraciones tribales y étnicas discriminatorias que son la negación misma del Evangelio. Este espíritu de
comunión se expresa de modo particular a través de la atención fraterna
que dirigís a la vida y a la misión de
vuestros sacerdotes, en un diálogo
constante, pero sin dudar en sancionar las situaciones que lo exigen,
con justicia y caridad. Quiero destacar aquí cuán importante es la vida
de oración para el sacerdote, puesto
que el camino sacerdotal se unifica
en Cristo. Así, el sacerdote estará
plenamente disponible para Cristo y
sus hermanos, y se pondrá generosamente al servicio de la transmisión
de la Palabra y de la celebración
digna de los sacramentos. Una sólida formación permanente contribuirá a reavivar el dinamismo apostóli-
Audiencia
al presidente
del Ecuador
El martes 28 de abril, por la mañana,
el Papa Francisco recibió en audiencia
al presidente del Ecuador, el señor
Rafael Correa Delgado, con el séquito
co para encontrar a los hombres y
mujeres en su cultura y su lenguaje.
Por eso debe dirigirse una atención
particular a la preparación de la homilía y la catequesis. «La homilía es
la piedra de toque para evaluar la
cercanía y la capacidad de encuentro
de un Pastor con su pueblo» (Evangelii gaudium, 135).
Los candidatos al sacerdocio merecen, a su vez, un lugar de relieve
en vuestro corazón de pastores: estos
jóvenes que, con un entusiasmo a
veces lleno de dudas, desean consagrar su vida al Señor en el sacerdocio, tienen necesidad de sentir por
parte de sus obispos solicitud y
aliento, sinónimos de un acompañamiento efectivo en el indispensable y
complejo proceso de discernimiento
de las vocaciones. Tal discernimiento
y la formación de los seminaristas se
deben radicar ante todo en el Evangelio, y luego en los verdaderos valores culturales de su país, en el sentido de la honestidad, la responsabilidad y la fidelidad a la palabra dada
(cf. Ecclesia in Africa, 95).
Los religiosos y religiosas, que
desde la fundación de la Iglesia en
Gabón han mostrado un celo apostólico extraordinario al servicio del
Evangelio, también tienen derecho a
una atención privilegiada llena de
afecto por vuestra parte. En este
Año de la vida consagrada, os confirmo personalmente aquí la invitación que dirigí en tal sentido a todos
mis hermanos en el episcopado:
«Que este Año sea una oportunidad
para acoger cordialmente y con alegría la vida consagrada como un capital espiritual para el bien de todo
el Cuerpo de Cristo (…) y no sólo
de las familias religiosas» (Carta
apostólica a todos los consagrados con
ocasión del Año de la vida consagrada,
5). Esta acogida se manifiesta a través de un diálogo constructivo y una
colaboración constante con ellos en
todos los niveles, así como con una
cercanía espiritual y la promoción de
los diversos carismas en vuestras
diócesis.
También os animo a seguir preocupándoos por despertar en los laicos el sentido de su vocación cristiana, exhortándolos a desarrollar sus
carismas para ponerlos al servicio de
la Iglesia y de la sociedad. La Iglesia es totalmente misionera por su
misma naturaleza. Es necesario reconocer que una importante contribu-
ción a la vitalidad de vuestras Iglesias proviene del celo de tantos fieles
laicos que se comprometen en diversos niveles en la vida de las comunidades. Así pues, cada comunidad
cristiana, cada cristiano está llamado
a tener la valentía de dirigirse a los
hombres y mujeres que tienen necesidad de la luz del Evangelio en su
ámbito de vida. Por eso, la formación humana y cristiana de los laicos
es un instrumento importante para
contribuir a la obra de evangelización y desarrollo de las personas,
preocupándose además por estar
siempre «en salida» hacia las periferias de la sociedad (cf. Evangelii
gaudium, 20). También habrá que
preocuparse por presentar a los jóvenes el verdadero rostro de Cristo, su
amigo y guía, a fin de que encuentren en Él un sólido anclaje para resistir a las ideologías y las sectas, así
como a las ilusiones de una falsa
modernidad y al espejismo de las riquezas materiales.
Con este fin, hay que preservar el
prestigio del que gozan las instituciones educativas católicas en vuestro país, gracias a una formación cada vez más inspirada por el espíritu
del Evangelio. El Acuerdo entre la
Santa Sede y la República gabonesa
sobre el estatuto de la enseñanza católica, de 2001, ofrece a la Iglesia local un valioso apoyo en ese sentido,
favoreciendo la promoción a todos
los hombres y a todo el hombre (cf.
Populorum progressio, 14), con una
opción preferencial por los más pobres. Os animo, pues, a no dudar en
en alzar la voz para defender a la
persona humana, así como la sacralidad de su vida. En este período de
preparación para el próximo Sínodo
de los obispos sobre la familia, os
invito a rezar y hacer rezar por su
buen desarrollo, por un servicio mejor a todas las familias.
Queridos hermanos en el episcopado: Al final de este encuentro,
quiero aseguraros mi oración, encomendándome una vez más a las
vuestras y a las de vuestras comunidades diocesanas. Con mi afectuoso
aliento, que extiendo en particular a
los sacerdotes, religiosos, religiosas,
catequistas y a todos vuestros colaboradores, por intercesión de Nuestra Señora de Gabón, os imparto la
bendición apostólica, implorando
sobre vosotros y sobre toda la Iglesia en vuestro país abundantes gracias divinas.
L’OSSERVATORE ROMANO
número 18, viernes 1 de mayo de 2015
páginas 6/7
Durante el Regina caeli el recuerdo de Juan Pablo II
Esa voz fuerte y santa
Al término de la misa celebrada en la basílica vaticana, el Papa Francisco se asomó desde la ventana del palacio
apostólico para la oración del Regina caeli con los fieles presentes en la plaza de San Pedro. Sucesivamente el
Pontífice invitó a todos a redescubrir en la figura de Jesús, «Pastor bueno», la solicitud paternal de Dios «por
cada uno de nosotros».
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En la basílica vaticana el Papa Francisco ordena a diecinueve sacerdotes y recuerda a Juan Pablo
II
El riesgo de una elección
En el confesonario para perdonar, no para condenar
«Imitad al Padre que nunca se cansa de
perdonar»: es una de las recomendaciones
que el Papa Francisco hizo a los
diecinueve sacerdotes ordenados el domingo
26 de abril, por la mañana, en la misa
celebrada en la basílica de San Pedro. El
Pontífice pronunció, en esencia, la homilía
ritual prevista por el Pontifical romano
para la ordenación de los presbíteros,
integrándola con algunos añadidos
personales.
Muy queridos hermanos:
Estos hijos nuestros han sido llamados al orden del presbiterado. Nos hará
bien reflexionar un poco a qué ministerio serán elevados en la Iglesia. Como
sabéis bien, el Señor Jesús es el único
Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento, pero en Él también todo el pueblo
santo de Dios ha sido constituido pueblo sacerdotal. ¡Todos nosotros! Sin
embargo, entre todos sus discípulos, el
Señor Jesús quiere elegir a algunos en
particular, para que, ejercitando públicamente en la Iglesia y en su nombre el
oficio sacerdotal a favor de todos los
hombres, continúen su misión personal
de maestro, sacerdote y pastor.
En efecto, así como el Padre le envió
para esto, así Él, a su vez, envió al
mundo primero a los apóstoles y luego
a los obispos y a sus sucesores, a quie-
nes por último les dieron como colaboradores a los presbíteros, que, al estar
unidos en el ministerio sacerdotal, están llamados al servicio del pueblo de
D ios.
Ellos reflexionaron sobre su vocación, y ahora vienen para recibir el orden de los presbíteros. Y el obispo corre el riesgo —¡corre el riesgo!— y los
elige, como el Padre corrió el riesgo
por cada uno de nosotros.
Ellos serán en efecto configurados
con Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, o
sea, serán consagrados como auténticos
sacerdotes del Nuevo Testamento, y
con este título, que los une en el sacerdocio a su obispo, serán predicadores
del Evangelio, pastores del pueblo de
Dios, y presidirán los actos de culto,
especialmente en la celebración del sacrificio del Señor.
En cuanto a vosotros, que vais a ser
promovidos al orden del presbiterado,
considerad que al ejercer el ministerio
de la sagrada doctrina participaréis de
la misión de Cristo, único Maestro.
Dispensad a todos la Palabra de Dios,
que vosotros mismos habéis recibido
con alegría. Leed y meditad asiduamente la Palabra del Señor para creer
lo que habéis leído, enseñar lo que habéis aprendido en la fe y vivir lo que
habéis enseñado. Y que eso sea el alimento del pueblo de Dios; que vuestras
homilías no sean aburridas; que vuestras homilías lleguen precisamente al
corazón de la gente porque brotan de
vuestro corazón, porque lo que vosotros les decís es lo que tenéis en vuestro
corazón. Así se da la Palabra de Dios y
así vuestra doctrina será alegría y sostén para los fieles de Cristo; el perfume
de vuestra vida será el testimonio, porque el ejemplo edifica, pero las palabras sin ejemplo son
palabras vacías, son
ideas y nunca llegan
al corazón e incluso
hacen mal: ¡no hacen
bien! Vosotros continuaréis la obra santificadora de Cristo. Mediante vuestro ministerio, el sacrificio espiritual de los fieles se
hace perfecto, porque
se une al sacrificio de
Cristo, que por vuestras manos, en nombre
de toda la Iglesia, se
ofrece de modo incruento en el altar durante la celebración de
los santos misterios.
Cuando celebréis la
misa, reconoced por tanto lo que hacéis. ¡No lo hagáis de prisa! Imitad lo
que celebráis —no es un rito artificial,
un ritual artificial— para que de esta
manera, al participar en el misterio de
la muerte y resurrección del Señor, llevéis en vosotros la muerte de Cristo y
caminéis con Él en una nueva vida.
De cuatro continentes
«Aquí estoy», respondieron al ser llamados cada uno por su nombre al inicio del rito de ordenación. Diecinueve vidas al servicio de la Iglesia en el
ministerio sacerdotal. Cada uno con su historia: «Dios que inició en ti su
obra desde que eras un niño, la lleve a cumplimiento» dijo el Papa, mientras
sostenía sus manos y les acogía como candidatos al orden presbiterial.
Los nuevos sacerdotes ordenados en el domingo del Buen Pastor, en la
52º Jornada mundial de oración por las vocaciones, provienen de cuatro
continentes: Corea del Sur, India, Madagascar, Chile, Perú, Colombia, Italia
y Croacia. Trece de los nueve sacerdotes se han formado en seminarios de la
diócesis de Roma: nueve en el colegio diocesano misionero Redemptoris
Mater, tres en el Pontificio seminario romano mayor y uno en el seminario
de Nuestra Señora del Divino Amor. De los otros seis, cuatro pertenecen a
la congregación de la Familia de los discípulos, uno a la orden franciscana
de los frailes menores conventuales (Croacia) y el otro es de rito siro-malabar, de la diócesis de Thamarassery (India).
Al término de la Misa, el Papa, en la capilla de la Piedad, saludó a los
neosacerdotes besando a cada uno las manos apenas consagradas.
Con el Bautismo agregaréis nuevos
fieles al pueblo de Dios. ¡Jamás hay
que negar el Bautismo a quien lo pide!
Con el sacramento de la Penitencia
perdonaréis los pecados en el nombre
de Cristo y la Iglesia. Y yo, en nombre
de Jesucristo, el Señor, y de su Esposa,
El cuarto domingo de Pascua —éste—, llamado «domingo del Buen Pastor», cada año nos invita a redescubrir,
con estupor siempre nuevo, esta definición que Jesús dio de sí mismo, releyéndola a la luz de su pasión, muerte y
resurrección. «El buen Pastor da su vida por las ovejas» (Jn 10, 11): estas palabras se realizaron plenamente cuando
Cristo, obedeciendo libremente a la voluntad del Padre, se inmoló en la Cruz.
Entonces se vuelve completamente claro qué significa que Él es «el buen Pastor»: da la vida, ofreció su vida en sacrificio por todos nosotros: por ti, por
ti, por ti, por mí ¡por todos! ¡Y por
ello es el buen Pastor!
Cristo es el Pastor verdadero, que
realiza el modelo más alto de amor por
el rebaño: Él dispone libremente de su
propia vida, nadie se la quita (cf. v. 18),
sino que la dona en favor de las ovejas
(v. 17). En abierta oposición a los falsos
pastores, Jesús se presenta como el verdadero y único Pastor del pueblo: el
pastor malo piensa en sí mismo y explota a las ovejas; el buen pastor piensa
en las ovejas y se dona a sí mismo. A
diferencia del mercenario, Cristo Pastor
es un guía atento que participa en la
vida de su rebaño, no busca otro interés, no tiene otra ambición que la de
guiar, alimentar y proteger a sus ovejas.
Y todo esto al precio más alto, el del
sacrificio de su propia vida.
En la figura de Jesús, Pastor bueno,
contemplamos a la Providencia de
Dios, su solicitud paternal por cada
uno de nosotros. ¡No nos deja solos!
La consecuencia de esta contemplación
de Jesús, Pastor verdadero y bueno, es
la exclamación de conmovido estupor
que encontramos en la segunda Lectura
de la liturgia de hoy: «Mirad qué amor
nos ha tenido el Padre...» (1 Jn 3, 1).
Es verdaderamente un amor sorprendente y misterioso, porque donándonos
a Jesús como Pastor que da la vida por
nosotros, el Padre nos ha dado lo más
grande y precioso que nos podía donar.
Es el amor más alto y más puro, porque no está motivado por ninguna necesidad, no está condicionado por ningún cálculo, no está atraído por ningún
interesado deseo de intercambio. Ante
este amor de Dios, experimentamos
una alegría inmensa y nos abrimos al
reconocimiento por lo que hemos recibido gratuitamente.
Pero contemplar y agradecer no bas-
ta. También hay que
seguir al buen Pastor.
En particular, cuantos
tienen la misión de
guía en la Iglesia —sacerdotes, obispos, Papas— están llamados a
asumir no la mentalidad del mánager sino
la del siervo, a imitación de Jesús que,
despojándose de sí
mismo, nos ha salvado
con su misericordia. A
este estilo de vida pastoral, de buen Pastor,
están llamados también los nuevos sacerdotes de la diócesis de
Roma, que he tenido
la alegría de ordenar
esta mañana en la Basílica de San Pedro.
Y dos de ellos se
van a asomar para
agradecer vuestras oraciones y para saludaros...
[dos sacerdotes recién ordenados se asoman junto al Santo Padre]
Que María Santísima obtenga para
mí, para los obispos y para los sacerdo-
Concluida la oración mariana, el Papa
aseguró su cercanía a las poblaciones
afectadas por el devastador terremoto en
Nepal y saludó a los numerosos peregrinos
llegados de Polonia en el primer
aniversario de la canonización de Juan
Pablo II.
Jesús Señor y siervo
El buen pastor se hace cordero
MAURIZIO GRONCHI
la santa Iglesia, os pido que no os canséis de ser misericordiosos. En el confesonario estaréis para perdonar, no para
condenar. Imitad al Padre que nunca se
cansa de perdonar. Con el óleo santo
aliviaréis a los enfermos. Al celebrar los
sagrados ritos y elevando en los diversas horas del día la oración de alabanza
y de súplica, os haréis voz del pueblo
de Dios y de toda la humanidad.
Conscientes de que habéis sido elegidos entre los hombres y constituidos en
su favor para atender las cosas de Dios,
desempeñad con alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo, con la
intención de agradar únicamente a
Dios y no a vosotros mismos. Es feo un
sacerdote que vive para agradarse a sí
mismo, que «se pavonea».
Por último, participando en la misión de Cristo, Jefe y Pastor, en comunión filial con vuestro obispo, comprometeos a unir a los fieles en una sola
familia —sed ministros de la unidad en
la Iglesia, en la familia—, para conducirlos a Dios Padre por medio de Cristo en el Espíritu Santo. Y tened siempre ante vuestros ojos el ejemplo del
Buen Pastor, que no vino a ser servido,
sino a servir; no para permanecer en
sus comodidades, sino para salir, buscar y salvar lo que estaba perdido.
El cuarto domingo del tiempo pascual
es la ocasión para reflexionar sobre la
imagen de Jesús buen pastor, cuya
perspectiva «pastoral» se configura en
el ámbito de su vida pública y culmina con su muerte y resurreción, trascendiendo los confines históricos y
geográficos de su misión en la tierra.
Con su pascua, de hecho, el buen pastor (Jn 10, 1-18) se hace cordero inmolado (Ap 5, 6), volviendo así a asumir
el perfil anunciado por Juan Bautista,
al inicio de su ministerio mesiánico:
«Este es el Cordero de Dios que quita
el pecado del mundo» (Jn 1, 29).
Por lo tanto, debemos dirigir la
atención a esta doble imagen de Jesús,
y a su singular transfiguración, para
acercarnos al que se ha anunciado como guía fuerte y poderoso, para después mostrarse como manso cordero y
oveja muda frente a sus esquiladores
(cf. Is 53, 7). En este giro misterioso se
encierra el sentido auténtico del minis-
«Mosaico del Buen pastor» (Mausoleo de Gala Placidia, Rávena)
tes de todo el mundo la gracia de servir
al pueblo santo de Dios mediante la
alegre predicación del Evangelio, la
sentida celebración de los Sacramentos
y la paciente y mansa guía pastoral.
terio pastoral de Jesús. El éxito de su
acción no está en la potencia que aniquila a los enemigos; su fecundidad
proviene del aparente fracaso humano,
de su entrega inerme a la muerte de
cruz. Con la más breve de sus parábolas, Jesús la había prefigurado así: «Si
el grano de trigo no cae en tierra y
muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12, 24).
La verdadera dificultad que deben
haber percibido los discípulos —tras
escuchar al maestro que se definía la
puerta segura del redil, el buen pastor
que conoce a sus ovejas una por una,
que les habla y lo siguen porque reconocen su voz— ya se esbozaba en el
epílogo de esa metáfora. Cuando venga el lobo a amenazar el rebaño, el
buen pastor no huirá como el mercenario, a quien no le importan las ovejas, porque no le pertenecen, sino que
en el enfrentamiento sucumbirá para
defenderlas. Esto no podía sonar sino
como perspectiva inquietante: en su
disponibilidad a hacer frente al lobo y
con ello a la muerte, Jesús no se habría salvado ni a sí mismo ni al rebaño. La confirmación de esta derrota
llegará cuando, una vez herido el pastor, las ovejas se dispersarán (Mc 14,
27).
¿Qué grado de fiabilidad, por lo
tanto, podía ofrecer Jesús a los suyos
con la imagen del buen pastor? ¿Qué
sentido tiene para nosotros hoy mirar
a Jesús como el que protege a su IgleSIGUE EN LA PÁGINA 11
Queridos hermanos y hermanas:
Deseo asegurar mi cercanía a las poblaciones afectadas por un fuerte terremoto en Nepal y en los países vecinos.
Rezo por las víctimas, por los heridos y
todos los que sufren por esta calamidad. Que reciban el apoyo de la solidaridad fraternal. Y recemos a la Virgen
para que esté cerca de ellos. «Avemaría...».
Hoy, en Canadá, es proclamada Beata María Elisa Turgeon, fundadora de
las Hermanas de Nuestra Señora del
Santo Rosario de San Germán: una religiosa ejemplar, dedicada a la oración,
a la enseñanza en los pequeños centros
de su diócesis y a las obras de caridad.
Demos gracias al Señor por esta mujer,
modelo de vida consagrada a Dios y de
generoso compromiso al servicio del
prójimo.
Saludo con afecto a todos los peregrinos provenientes de Roma, de Italia
y de diversos países, especialmente a
los numerosos llegados de Polonia con
ocasión del primer aniversario de la canonización de Juan Pablo II. Queridísimos, que resuene siempre en vuestros
corazones su llamada: «¡Abrid las puertas a Cristo!», como decía con esa voz
fuerte y santa que tenía. Que el Señor
os bendiga a vosotros y a vuestras familias y que la Virgen os proteja.
A todos deseo un feliz domingo. Por
favor, no os olvidéis de rezar por mí.
¡Buen almuerzo y hasta la vista!
L’OSSERVATORE ROMANO
página 8
viernes 1 de mayo de 2015, número 18
COMUNICACIONES
Colegio episcopal
RENUNCIAS:
El Papa ha aceptado la renuncia al
gobierno pastoral de la diócesis de
Taubaté (Brasil) que monseñor CARMO JOÃO RHODEN, S.C.I., le había
presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho
canónico.
Carmo João Rhoden, S.C.I., nació
en Inhacorá, diócesis de Santo Ângelo, el 16 de mayo de 1939. Recibió la
ordenación sacerdotal el 17 de diciembre de 1966. Juan Pablo II le
nombró obispo de Taubaté el 22 de
mayo de 1996; recibió la ordenación
episcopal el 17 de agosto sucesivo.
Audiencias pontificias
Juan Pablo II le nombró obispo titular de Eca y coadjutor militar para
Austria el 9 de enero de 1992; recibió
la ordenación episcopal el 2 de febrero sucesivo. Pasó a ser ordinario militar de dicho Ordinariato el 22 de febrero de 1994. El mismo Papa le asignó la sede titular de Wiener Neustadt el 11 de octubre de 1997.
El Papa ha nombrado:
—Obispo de Taubaté (Brasil) a monseñor Wilson Luís Angotti Filho,
hasta ahora obispo titular de Tabe y
auxiliar Belo Horizonte.
El Papa ha aceptado la renuncia al
gobierno pastoral del Ordinariato
militar para Austria que monseñor
CHRISTIAN WERNER, obispo titular
de Wiener Neustadt, le había presentado en conformidad con el canon
401 § 2 del Código de derecho canónico.
Wilson Luís Angotti Filho nació
en Taquaritinga, diócesis de Jaboticabal, el 5 de abril de 1958. Recibió la
ordenación sacerdotal el 19 de diciembre de 1982. Benedicto XVI le
nombró obispo titular de Tabe y auxiliar de la archidiócesis de Belo Horizonte el 4 de mayo de 2011; recibió
la ordenación episcopal el 1 de julio
del mismo año.
Christian Werner nació Gogolin
Śląski, diócesis de Opole, el 27 de diciembre de 1943. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1977.
—Obispo de la eparquía de Piana de
los albaneses de Sicilia (Italia) al
presbítero GIORGIO DEMETRIO GALLARO.
Lutos en el episcopado
—Monseñor ANTÔNIO ALBERTO
GUIMARÃES REZENDE, C.S.S., obispo emérito de Caetité BA, (Brasil)
falleció el 13 de abril. Había nacido en Uberaba (Brasil) el 3 de
marzo de 1926. Era sacerdote desde el 8 de diciembre de 1953. Juan
Pablo II le nombró obispo de Caetité el 9 de noviembre de 1981; recibió la ordenación episcopal de
manos del Santo Padre el 6 de
enero de 1982. El mismo Papa
aceptó su renuncia al gobierno
pastoral de la diócesis de Caetité
el 13 de noviembre de 2002.
—Monseñor FELICE LEONARD O,
obispo emérito de Cerreto Sannita-Telese-Sant’Agata de’ Goti (Italia), falleció el 13 de abril. Había
nacido en Pietramelara, diócesis
de Teano-Calvi, el 9 de marzo de
1915. Era sacerdote desde el 24 de
julio de 1938. Pío XII le nombró
obispo de Telese o Cerreto Sannita el 22 de julio de 1957; recibió la
ordenación episcopal el 29 de septiembre sucesivo. Juan Pablo II le
trasladó a la diócesis de Santa
Agata de’ Goti el 21 de marzo de
1984. Al hacerse la reorganización
de las diócesis italianas, le nombraron obispo de las sedes unificadas de Cerreto Sannita-TeleseSant’Agata de’ Goti el 30 de septiembre de 1986. El Santo Padre
aceptó su renuncia al gobierno
pastoral de dicha circunscripción
eclesiástica el 20 de julio de 1991.
Giorgio Demetrio Gallaro nació en
Pozzallo, Sicilia, el 16 de enero de
1948. Recibió la ordenación sacerdotal el 27 de mayo de 1972. Obtuvo el
doctorado en derecho canónico y la
licenciatura en teología ecuménica en
el Pontificio Instituto Oriental de
Roma y en la Pontificia Universidad
de Santo Tomás in Urbe. Ha desempeñado su ministerio en diversas
eparquías de Estados Unidos. Desde
2011 era vicepresidente de la Sociedad de derecho oriental y desde 2013
consultor de la Congregación para
las Iglesias orientales. En el último
período era sincelo para los asuntos
canónicos y vicario judicial, docente
y juez de apelación en una archieparquía de Estados Unidos.
—Obispo de Jaboticabal (Brasil) a
monseñor EDUARD O PINHEIRO DA
SILVA, S.D.B., hasta ahora obispo titular de Gisipa y auxiliar de Campo
Grande
Eduardo Pinheiro da Silva, S.D.B.,
nació en Lins, Estado de São Paulo,
el 20 de enero de 1959. Ingresó en la
SIGUE EN LA PÁGINA 10
Curia romana
El Papa ha nombrado promotor de
justicia del Tribunal de la Rota romana a monseñor FRANCESCO VISCOME,
del clero de la archidiócesis de Crotone-Santa Severina, hasta ahora defensor del vínculo sustituto del mismo Tribunal.
EL SANTO PADRE
HA RECIBID O EN AUDIENCIA:
Viernes 24 de abril
—Al presidente de la República
Checa, Miloš Zeman, con su esposa y el séquito.
—Al cardenal Gerhard Ludwig
Müller, prefecto de la Congregación para la doctrina de le fe.
—A la señora Ana Maria Freire.
A los obispos de la Conferencia
episcopal de Namibia y Lesoto, en
visita «ad limina Apostolorum»:
—Monseñor Liborius Ndumbukuti Nashenda, O.M.I., arzobispo
de Windhoek (Namibia).
—Monseñor Philipp Pöllitzer,
O.M.I., obispo de Keetmanshoop
(Namibia).
—A monseñor Bruno Musarò,
arzobispo titular de Abari, nuncio
apostólico en la República Árabe
de Egipto; delegado ante la Organización de la Liga de los Estados
Árabes.
—A monseñor Giorgio Lingua,
arzobispo titular de Tuscania,
nuncio apostólico en Cuba.
A los obispos de la Conferencia
episcopal de Benín, en visita «ad
limina Apostolorum»:
—Monseñor Antoine Ganyé, arzobispo de Cotonou.
—Monseñor
Eugène
Cyrille
Houndékon, obispo de Abomey.
—Monseñor Frangois Gnonhossou, obispo de Dassa-Zoumé.
—Monseñor Victor
obispo de Lokossa.
Agbanou,
—Monseñor Joseph Shipandeni
Shikongo, O.M.I., obispo titular de
Capra, vicario apostólico de Rundu (Namibia).
— Monseñor Pascal N'Koué, arzobispo de Parakou.
—Monseñor Gerard Tlali Lerotholi, O.M.I., arzobispo de Maseru
(Lesoto).
—Monseñor Clet Feliho, obispo
de Kandi.
—Monseñor Augustinus Tumaole Bane, O.M.I., obispo de Leribe
(Lesoto).
—Monseñor John Joale Tlhomola, obispo de Mohale's Hoek (Lesoto).
—Monseñor Joseph Mopeli Sephamola, O.M.I., obispo de Qacha's
Nek (Lesoto).
Sábado, día 25
—Al cardenal Marc Ouellet,
prefecto de la Congregación
para los obispos.
—Monseñor Paul Kouassivi Vieira, obispo di Djougou.
—Monseñor Antoine Sabi Bio,
obispo de Natitingou.
—Monseñor
Martin
Adjou
Moumouni, obispo de N'Dali.
—Padre Jean-Benoît Gnambode,
administrador diocesano de
Porto Novo.
C.I.M.,
Martes, día 28
—Al presidente de la República
del Ecuador, Rafael Correa Delgado, con el séquito.
P.S.S.,
—Al embajador de Colombia
ante la Santa Sede, Guillermo
León Escobar Herrán, con ocasión
de la presentación de las cartas
credenciales.
—A monseñor Giuseppe Pinto,
arzobispo titular de Anglona, nuncio apostólico en Filipinas.
—A monseñor Fernando Chica
Arellano, observador permanente
de la Santa Sede ante las organizaciones y los organismos de las
Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (F.A.O., I.F.A.D.
y P.A.M.).
—A monseñor António Augusto
dos Santos Marto, obispo de Leiría-Fátima (Portugal).
Lunes, día 27
—Al profesor Riccardo Di Segni, rabino jefe de Roma.
—A su majestad la reina Silvia
de Suecia y el séquito.
Representación
pontificia
El Santo Padre ha nombrado
nuncio apostólico en Burkina
Faso y en Níger a monseñor
PIERGIORGIO BERTOLDI, consejero de nunciatura, elevándolo
al mismo tiempo a la sede episcopal titular de Spello, con dignidad de arzobispo.
Piergiorgio Bertoldi nació en
Varese el 26 de julio de 1963.
Recibió la ordenación sacerdotal el 11 de junio de 1988, incardinado en la archidiócesis de
Milán. Es doctor en derecho
canónico. Entró en el servicio
diplomático de la Santa Sede el
1 de julio de 1995 y ha trabajado en las representaciones pontificias en Uganda, República
del Congo, Colombia, ex Yugoslavia, Rumanía, Irán y Brasil.
L’OSSERVATORE ROMANO
número 18, viernes 1 de mayo de 2015
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A la Asociación católica internacional para la juventud femenina
La revolución de la ternura
«Este es el desafío para vosotros: hacer
la revolución de la ternura». Con estas
palabras el Papa Francisco se dirigió a
los participantes en la asamblea
general de la Asociación católica
internacional al servicio de la juventud
femenina, a quienes recibió en
audiencia el sábado 18 de abril, por la
mañana, en la sala Clementina. Tras
el saludo de la presidenta general
Odile Moreau, el Pontífice pronunció el
siguiente discurso.
Queridos hermanos y hermanas:
Os doy la bienvenida a vosotros,
miembros de la Asociación católica
internacional al servicio de la juventud femenina, con ocasión de vuestra asamblea general. Vosotros queréis así reencontrar en estos lugares
el impulso que estuvo en los orígenes de vuestra Asociación, con el
apoyo de mi predecesor, el Papa
León XIII, y manifestar hoy vuestra
fidelidad al Sucesor de Pedro.
Expreso mi gratitud por vuestro
generoso compromiso en el servicio
a las jóvenes que viven en situaciones de precariedad y sufrimiento. Su
creciente número y las múltiples formas de pobreza en las que viven,
nos interpelan y deben suscitar una
nueva creatividad, para ofrecerles la
ayuda material y espiritual que necesitan. Sí, es una verdadera felicidad
servir a los demás, como Jesús. Mediante actividades permanentes de
acogida —¡cuánta necesidad de acogida tienen estos jóvenes, cuánta necesidad de acogida!— y también a
través de una reflexión para afrontar
los nuevos desafíos generados por el
mundo de hoy, como el fenómeno
migratorio, vuestra acción quiere estar al servicio de la vida y de la dignidad de la persona, testimoniando
que «la auténtica fe en el Hijo de
Dios hecho carne es inseparable del
don de sí... del servicio» (Exh. ap.
Evangelii gaudium, 88). Las jóvenes
que acompañáis tienen ante todo necesidad de atención y de escucha.
¡El apostolado tan humano y tan divino del oído agota, es agotador, pe-
El Papa a la red educativa Scholas Occurrentes
Tres lenguajes
Un trabajo creativo, que
sitúa en el centro a Dios
y a la persona humana;
una propuesta que ofrece
a los jóvenes, sobre todo
a los más pobres, un proyecto de vida, una respuesta a los numerosos
desafíos que el sistema
educativo en muchos ambientes no puede afrontar. De esta forma el Papa Francisco definió, tal
y como refirió Radio Vaticano, las actividades desarrolladas por Scholas
Occurrentes, al recibir a
los dirigentes el martes 21 de abril,
quienes le presentaron los dos nuevos acuerdos de colaboración con
UNICEF y con la Confederación
americana de fútbol.
Estigmatizando la indiferencia
extendida frente a fenómenos como el abandono escolar, el Papa
evidenció la adaptación de muchos
jóvenes a situaciones inaceptables.
Hoy en día, destacó, muchos chicos consideran algo normal morir
de hambre, estar enfermos, pertenecer a bandas en las que se roba y
se asesina. Es más, algunos sectores
de la sociedad —fue su denuncia—
llegan a proponer a los jóvenes
«trabajar» en el tráfico de drogas.
Naturalmente esto afecta especialmente a los chicos más pobres.
De aquí el elogio a las actividades de Scholas —un proyecto que
es una promesa, dijo— y el agradecimiento y la admiración por quienes se comprometen con esta iniciativa. Porque, explicó, aunque
haya excepciones, en general según
el conocimiento que el Papa tiene
del ámbiente educativo de América
Latina y de África, en la mayoría
de los casos se es incapaz de dar
una respuesta. Por el contrario, con
su propuesta Scholas abre horizontes de forma creativa. Y lo demues-
ro hace tanto bien! Ellas tienen necesidad de esto. Así las podéis ayudar a crecer en la confianza, a encontrar puntos de referencia y a progresar en la madurez humana y espiritual, alimentada por los valores
evangélicos. ¡Que podáis ser para
ellas testimonios creíbles, para que
experimenten la alegría de saberse
amadas por Dios, Padre suyo, y llamadas a la felicidad!
Y al mismo tiempo, os invito a
dejaros instruir por estas jóvenes a
quienes acompañáis y ayudáis. A pesar de sus dificultades, a menudo
ellas testimonian esas virtudes esenciales que son la fraternidad y la solidaridad. Nos recuerdan además
que somos frágiles y que dependemos de Dios y de los demás. Que la
mirada misericordiosa del Padre nos
alcance y ayude a acoger nuestras
pobrezas para ir adelante con confianza, y comprometernos juntos en
esa «revolución de la ternura», —este
es el desafío para vosotros: hacer la
revolución de la ternura. Jesús nos
abrió el camino de esta revolución
mediante su Encarnación. Es bello
ser sus discípulos-misioneros, para
consolar, iluminar, aliviar, escuchar,
liberar, acompañar. La experiencia
que Él nos dio mediante su Resurrección es una fuerza vital que penetra el mundo (cf. ibid., 276) y sobre la cual os podéis apoyar cada
día, porque responde a los anhelos
más profundos del corazón.
Queridos amigos, os deseo que
crezca en vosotros el sentimiento de
pertenencia a la Iglesia, que es una
gran familia. Os invito a seguir
anunciando a todos la alegría del
Evangelio, tomando en consideración la diversidad de culturas, de
tradiciones religiosas, y de la proveniencia de las jóvenes a los que queréis servir, así como las riquezas que
exigen ser acogidas con respeto.
Que la fraternidad entre vosotros se
afiance, para llevar a buen término,
con entusiasmo, vuestra misión al
servicio de los pequeños, por los
cuales Jesús tiene un amor de predilección. Os encomiendo a la intercesión de la Virgen María y pido a
Dios que os colme de bendiciones a
vosotros y a las jóvenes que acogéis
y a sus familias. Y os pido, por favor, que recéis por mí.
Los sin techo en el escenario
VIENE DE LA PÁGINA 3
tra a través de lo que se conoce como «educación de los tres lenguajes coordinados»: el lenguaje de la
mente, el lenguaje del corazón y el
lenguaje de la mano, es decir un
trabajo coordinado que nace de la
mente, toca los sentimientos y se
realiza en lo concreto.
En todo esto, concluyó el Papa,
el secreto está en la persona y en
Dios. De hecho, Dios sembró en el
corazón humano muchas posibilidades y cuando una sociedad oculta a Dios y no coloca en el centro
a la persona se termina en la cultura del descarte. Por el contrario, el
que pone en el centro a Dios no
desecha a los hombres. Por esto,
confesó, se involucra en todas estas
iniciativas que tienen en el centro a
la persona. Los recientes y próximos proyectos de Scholas Occurrentes se presentaron el jueves 23
en la sede de Radio Vaticano.
Igualmente el ex jugador argentino
de fútbol Diego Armando Maradona, reveló haberse encontrado con
el Pontífice y anunció que en octubre se jugará en el estadio olímpico
de Roma el segundo partido por la
paz, organizado por Scholas tras el
éxito del que tuvo lugar el 1 de
septiembre de 2014.
llevo en el corazón y que estoy a
vuestra disposición. Confirmo esas
palabras. En esa ocasión os había
pedido que rezarais por mí. Renuevo la petición. Lo necesito realmente.
Doy las gracias también a todos
los agentes de nuestra Cáritas. Los
siento como mis manos, las manos
del obispo, al tocar el cuerpo de
Cristo. Agradezco también a los numerosos voluntarios, provenientes de
las parroquias de Roma y de otras
partes de Italia. Así, descubren un
mundo que pide atención y solidaridad: hombres y mujeres que buscan
afecto, relación, dignidad, y junto a
quienes todos podemos experimentar la caridad aprendiendo a acoger,
a escuchar y a donarse.
Cuánto quisiera que esta ciudad,
repleta en todos los tiempos de personas impregnadas del amor de Dios
—pensemos en san Lorenzo (sus tesoros eran los pobres), san Pamaquio (senador romano, convertido, y
dedicado completamente al servicio
de los últimos), santa Fabiola (la
primera que construyó en Porto un
albergue para los pobres), san Felipe
Neri, el beato Ángel Paoli, san José
Labre (hombre de la calle), hasta
don Luigi di Liegro (el fundador de
nuestra Cáritas de Roma)— decía,
cuánto quisiera que Roma pudiera
brillar de «pietas» para los que sufren, de acogida para quien huye de
la guerra y la muerte, de disponibilidad, de sonrisa y magnanimidad para quien perdió la esperanza. Cuánto quisiera que la Iglesia de Roma
se manifestara cada vez más como
madre atenta y amable con los débiles. Todos tenemos debilidades, todos las tenemos, cada uno las propias. Cuánto quisiera que las comunidades parroquiales en oración, al
entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración del mismo
modo que cuando entra el Señor.
Cuánto quisiera esto, que se tocara
la carne de Cristo presente en los
necesitados de esta ciudad.
Con vuestro trabajo, el teatro de
esta tarde, estoy seguro que contribuiréis a acrecentar tales sentimientos. ¡Gracias!
Esperando que os pueda encontrar personalmente, así como sucedió
recientemente en la Capilla Sixtina,
os envío mi paternal bendición.
Que el Señor nos ayude a reconocerlo en el rostro del pobre. Que la
Virgen María nos acompañe en este
camino. Y a todos vosotros os pido
por favor: no os olvidéis de rezar
por mí. Gracias.
L’OSSERVATORE ROMANO
página 10
Misa en Santa Marta
De 1997 a 2014 fue arzobispo de Chicago
Fallece el cardenal George
El cardenal Francis Eugene George,
arzobispo emérito de Chicago, falleció
el viernes 17 de abril, tras una larga
enfermedad. Tenía setenta y ocho años.
El funeral se celebró el jueves 23 de
abril en la catedral de Chicago.
Un religioso que supo ser siempre
misionero, testimoniando en primera persona que «el sufrimiento es
un valor y no un límite». El cardenal George fue un ejemplo de vida
cristiana antes que un protagonista
de primer nivel de la vida eclesial y
social estadounidense.
Fue un pastor atento a las principales cuestiones nacionales e internacionales, y se le recordará como
un testigo y apóstol del valor de la
vida «siempre y en todas sus formas». Así, pues, afrontó siempre de
frente las cuestiones religiosas y sociales más candentes. Intervino con
firmeza en la condena de guerras y
violencias, promovió iniciativas en
favor de la paz y la reconciliación,
invocó libertad religiosa, derechos y
garantías para todos.
No evitó la confrontación sobre
la cuestión de los abusos de menores, sosteniendo sin reservas la línea
de la «tolerancia cero».
El pensamiento y la acción del
cardenal George estaba marcado
por la cultura de Chicago, así como
por la enseñanza cristiana recibida
de sus padres. Había nacido en la
ciudad de Illinois el 16 de enero de
1937. Tras ingresar en el instituto de
los Misioneros Oblatos de María
Inmaculada, recibió la ordenación
sacerdotal el 21 de diciembre de
1963.
Se licenció en filosofía americana
en Nueva Orleans, Louisiana. Durante ese tiempo enseñó filosofía en
el seminario de su congregación en
Mississippi, en la Universidad Tulane y en la Universidad de Omaha
en Nebraska. Luego obtuvo el doctorado en teología y en eclesiología
en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma.
De 1973 a 1974 fue superior de la
provincia Midwestern de los Oblatos, luego fue elegido vicario general de la congregación y estuvo en
Roma de 1974 a 1986.
Juan Pablo II le nombró obispo
de Yakima el 10 de julio de 1990; recibió la ordenación episcopal el 21
de septiembre sucesivo. El mismo
Papa lo promovió a arzobispo de
Portland en Oregón el 30 de abril
de 1996; y el 8 de abril de 1997 a arzobispo de Chicago, donde sucedió
al difunto cardenal Joseph Bernardin. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de di-
cha sede el 20 de septiembre de
2014.
Juan Pablo II le creó cardenal, en
el consistorio del 21 de febrero de
1998, del título de San Bartolomé
en la Isla.
En el seno de la Conferencia
episcopal estadounidense —de la
cual fue presidente de 2007 a 2010—
se ocupó específicamente de la educación, liturgia, evangelización, vida
religiosa, integración de los católicos de lengua española y los provenientes de África.
Había participado en el Sínodo
de los obispos sobre la vida consagrada en 1994 y fue secretario especial del Sínodo para América en
1997. Además, participó en los Sínodos sobre la misión del obispo y sobre la Palabra de Dios.
En la Curia romana fue miembro
de diversas Congregaciones, Consejos y Comisiones. En el año 2010
fue llamado a formar parte del
Consejo de cardenales para el estudio de las cuestiones organizativas
de la Iglesia.
Pésame del Papa
El Pontífice apenas tuvo noticia de
la muerte del cardenal
estadounidense Francis Eugene
George, se recogió en oración.
Después envió a su sucesor en
Chicago, el arzobispo Blase Cupich,
el siguiente telegrama en inglés del
que publicamos una traducción.
Al recibir con dolor la noticia de
la muerte del cardenal Francis E.
George, arzobispo emérito de
Chicago, expreso mi más sentido
pésame a usted y al clero, a los
religiosos y a los fieles laicos de
la archidiócesis. Agradeciendo el
testimonio de vida consagrada
del cardenal George como Oblato de María Inmaculada, su servicio al apostolado educativo de
la Iglesia y los años de ministerio
episcopal en la Iglesia en Yakima, Portland y Chicago, me uno
a vosotros confiando el alma de
este sabio y amable pastor al
amor misericordioso de Dios,
nuestro Padre celestial. A todos
los que lloran por el cardenal difunto con la esperanza cierta de
la Resurrección, imparto de corazón mi bendición apostólica como prenda de consuelo y paz en
el Señor.
viernes 1 de mayo de 2015, número 18
VIENE DE LA PÁGINA 9
quisiera objetar: «Pero, padre, hay
novedades y novedades. Algunas
novedades, se ven que son de Dios,
otras no», el Papa Francisco respondió con las palabras de Pedro a
los hermanos de Jerusalén, cuando
le reprocharon por haber entrado
en la casa de Cornelio: «Cuando vi
que se les había dado lo que nosotros recibimos, ¿quién era yo para
negar el bautismo?».
Es la misma idea presente en el
pasaje de la liturgia del día acerca
de Bernabé, calificado como «hombre virtuoso», y «lleno del Espíritu
Santo». Destacando que «en los
dos está el Espíritu Santo, que hace
ver la verdad». Algo que, en cambio, «solos» no podemos. «Con
nuestra inteligencia no podemos»,
destacó el Papa, explicando: «Podemos estudiar toda la historia de la
salvación, podemos estudiar toda la
teología, pero sin el Espíritu no podemos entender. Es precisamente el
Espíritu quien nos hace entender la
verdad o —usando las palabras de
Jesús— es el Espíritu quien nos hace
conocer la voz de Jesús: “mis ovejas
escuchan mi voz, y yo las conozco,
y ellas me siguen”».
En definitiva para el Papa Francisco «el seguir adelante de la Iglesia es obra del Espíritu Santo. Es él
quien actúa». El mismo «Jesús dijo
a los apóstoles: “Yo os enviaré el
don del Padre, será Él quien os vaya recordando y os enseñe todo”».
¿Cómo? Recordando lo que Jesús
dijo y refiriéndose a las profecías:
«Por eso, en los primeros discursos,
también en el de Esteban, hay una
relectura —aclaró el Pontífice— de
todas las profecías. Es obra del Espíritu Santo, que hace recordar la
historia en clave de Jesús resucitado: “y Él os enseñará el camino”».
Al respecto el Papa sugirió también «cómo hacer» para estar seguros de que la voz que escuchamos
es la de Jesús y que lo que oímos
que se debe hacer es obra del Espíritu Santo. Es necesario, reiteró «rezar. Sin oración no hay cabida para
el Espíritu»; se necesita «pedir a
Dios que nos mande este don: “Señor, danos el Espíritu Santo para
que podamos discernir en todo
tiempo qué tenemos que hacer”».
Prestando atención al hecho de que
eso «no significa repetir siempre lo
mismo. El mensaje es el mismo: pero la Iglesia va hacia adelante, la
Iglesia va hacia adelante con estas
sorpresas, con estas novedades del
Espíritu Santo».
Por lo tanto «se necesita discernir
y para discernir se requiere rezar,
pedir esta gracia». Como hizo Bernabé que «estaba lleno del Espíritu
Santo y lo entendió de inmediato»,
y Pedro que «vio y dijo: “Pero,
¿quién soy yo para negar aquí el
bautismo?”». De hecho, el Espíritu
Santo «no nos deja equivocarnos».
También en este caso el Papa dijo
ser consciente de las objeciones que
podrían aducirse a su razonamiento: «Pero, padre, ¿por qué crearse
tantos problemas? Hagamos las cosas como las hemos hecho siempre,
así estamos seguros». Y la respuesta
es que esta hipótesis podría ser
«una alternativa», pero se trataría
de «una alternativa estéril; una alternativa de “muerte”». Mientras
que es mucho mejor, concluyó,
«asumir el riesgo, con la oración,
con la humildad, de aceptar lo que
el Espíritu nos pide que cambiemos
según el tiempo en el que vivimos:
este es el camino».
Colegio episcopal
VIENE DE LA PÁGINA 8
Sociedad Salesiana de San Juan
Bosco, donde recibió la ordenación sacerdotal el 19 de enero de
1991. Juan Pablo II le nombró
obispo titular de Gisipa y auxiliar de la archidiócesis de Campo
Grande el 2 de marzo de 2005;
recibió la ordenación episcopal el
6 de mayo sucesivo.
—Obispo ordinario militar para
Austria a monseñor WERNER
FREISTETTER.
Werner Freistetter nació en
Linz el 28 de octubre de 1953.
Recibió la ordenación sacerdotal
el 9 de octubre de 1979, incardinado en la archidiócesis de Viena. En su ministerio ha sido vicario parroquial, párroco y docente en la Universidad de Viena, capellán y vicario episcopal
del ordinariato militar austríaco.
Además, prestó servicio a la Santa Sede como colaborador en el
Consejo pontificio para la cultura y miembro en la representación de la Santa Sede de la Organización para la seguridad y la
cooperación
en
Europa
(O.S.C.E.).
Audiencia a la reina de Suecia
El Papa Francisco recibió en
audiencia el lunes 27 de abril,
por la mañana, a su majestad la
reina Silvia de Suecia, acompañada por algunos familiares y el
séquito. La conversación se llevó a cabo principalmente en español, idioma bien conocido
por la soberana, quien informó
al Pontífice acerca de las actividades promovidas por ella en
su país, especialmente en favor
de los niños. El Papa agradeció
la acogida que Suecia ofrece a
los refugiados y desplazados.
L’OSSERVATORE ROMANO
número 18, viernes 1 de mayo de 2015
Encuentro en la Casina Pío
IV
página 11
sobre la salvaguarda del planeta
Una cuestión moral
Son sobre todo los pobres quienes
pagan el precio de los cambios climáticos. Intervenir sobre las causas
de este fenómeno representa un deber «moral» —además de una urgencia social y económica— del que nadie puede desentenderse. Este es en
síntesis el mensaje que emerge del
seminario «Proteger la tierra, ennoblecer la humanidad. Las dimensiones morales de los cambios climáticos y de la humanidad sostenible»,
organizado por la Academia pontificia de ciencias sociales el martes 28
de abril, en la Casina Pío IV.
En el congreso participó el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, quien tuvo un
encuentro privado con el Papa, antes
de iniciar los trabajos. El coloquio
duró aproximadamente media hora.
Sucesivamente Ban Ki-moon, en
una conferencia de prensa, explicó
que había hablado con el Pontífice,
entre otras cosas, de la próxima encíclica sobre el tema de la ecología.
El secretario general de las Naciones
Unidas mantuvo también una conversación privada con Sergio Matarella, presidente de Italia, presente
en el simposio.
Tras el saludo inicial del obispo
Marcelo Sánchez Sorondo, canciller
de la Academia pontificia de ciencias, Ban Ki-moon elogió a los líderes religiosos que con su iniciativa
han hecho crecer la conciencia de la
necesidad urgente de favorecer un
desarrollo sostenible y de sensibilizar
a la opinión pública sobre los cambios climáticos. El secretario general
de la ONU dijo que es necesario mitigar los efectos de los cambios climáticos y adaptarse a sus consecuencias. Una necesidad que va unida al
deber de erradicar la pobreza extrema y reducir la desigualdad para
asegurar un desarrollo ecuánime y
sostenible.
Credenciales
del embajador
de Colombia
El sábado 25 de abril, por la mañana,
el Papa recibió en audiencia al señor Guillermo
León Escobar Herrán, nuevo embajador
de Colombia ante la Santa Sede con ocasión
de la presentación de las cartas credenciales
Por ese motivo, añadió, los cambios climáticos son la cuestión esencial de nuestro tiempo. Estos están
intrínsicamente unidos a la salud
pública, los alimentos, el agua, las
migraciones, la paz y la seguridad.
Es una cuestión moral, dijo, que
abarca la justicia social, los derechos
humanos y la ética fundamental.
Ban Ki-moon expresó su preocupación por las nuevas generaciones,
cuyo futuro se ve amenazado si el
mundo no asume inmediatamente
sus propias responsabilidades acerca
de este problema. Por ello es tan importante, subrayó, que ciencia y religión estén en armonía y no en desacuerdo sobre los cambios climáticos.
El secretario general recordó que
no hay que perder tiempo porque
los cambios climáticos están sucediendo cada vez más repentinamente
y los seres humanos son la causa
principal. La respuesta, añadió, debe
ser global e integral, porque los
efectos de estos cambios tocan a todos, aunque no sea de igual modo.
De hecho, explicó, los que sufren
principalmente son los pobres y los
más vulnerables de la sociedad. Los
países pobres, en efecto, no tienen
los medios y los recursos para mitigar y adaptarse a los efectos de estos
cambios.
También el cardenal Peter Kodwo
Appiah Turkson, presidente del
Consejo pontificio Justicia y paz, intervino en los trabajos destacando
que la Iglesia «no es experta en
ciencia, tecnología o economía»;
más bien, es «experta en humanidad, o sea, en la verdadera vocación
de la persona a obrar con justicia y
caridad». Por eso, ella lee las señales
de los tiempos en los momentos clave de la historia.
Entre los siglos XIX y XX, la Iglesia expresó «profunda preocupación
por las injusticias que nacían de la
industrialización, con la gran divergencia que se creaba entre los pocos
privilegiados y las masas en dificultad». En la segunda mitad del siglo
pasado dirigió su atención «al difícil
desafío del desarrollo global y a la
grave amenaza presentada por la
acumulación de armas nucleares durante la guerra fría». Y ahora debe
«pronunciarse con fuerza sobre el
gran desafío de nuestros tiempos, el
del desarrollo sostenible».
Después el cardenal recordó que
en septiembre el Papa hablará a las
Naciones Unidas sobre los objetivos
del desarrollo sostenible. Recordó
que, hace cincuenta años, el beato
Pablo VI había hablado a la misma
asamblea general. «Los problemas
eran diferentes —dijo—, sin embargo,
la orientación de la Iglesia es similar». En esa ocasión el Papa Montini hizo un llamamiento «a la conciencia moral del hombre». Consciente de esa invitación, el purpurado pidió adoptar «las virtudes fundamentales de la custodia y la solidaridad. Sin custodia, la tierra será
siempre menos habitable. Sin solidaridad, la avidez creará siempre más
confusión». Por el contrario, con la
custodia y la solidaridad «tenemos
la certeza de generar una mayor sostenibilidad y una mayor seguridad».
Para llegar a esto, concluyó, «necesitamos de esa misma conversión, de
esa misma transformación personal,
de esa misma renovación de la cual
el beato Pablo VI habló hace medio
siglo y a la que el Papa Francisco
anima con tanta insistencia».
En la declaración firmada al término de los trabajos se señala que
los representantes de la comunidad
internacional que se reunirán en la
próxima conferencia de París sobre
el clima —COP21— «tienen una especial responsabilidad de aprobar un
tratado osado sobre el clima» capaz
de cambiar el rumbo. En especial,
los países más ricos —se lee en el
texto— «deben ayudar a financiar a
bajo rédito los costes de mitigación
del cambio climático en los países»,
favoreciendo «una rápida transformación del planeta en un mundo
alimentado de energías renovables y
de otras energías de baja emisión de
carbón, y con una gestión sostenible
de los ecosistemas». Con este fin parece indispensable redirigir «las financiaciones públicas de los gastos
militares a inversiones urgentes para
el desarrollo sostenible».
Entre los presentes se encontraban
los cardenales Re, Martino, Onaiyekan, los arzobispos Becciu, sustituto
de la Secretaría de Estado, el presidente ecuatoriano, y los presidentes
de las Academias pontificias de ciencias y ciencias sociales, Werner Aber
y Margaret Archer.
El buen pastor se hace cordero
VIENE DE LA PÁGINA 6
sia, cuando los cristianos son perseguidos y asesinados
en diversas partes del mundo sin oponer resistencia alguna? Precisamente en esta heroica aceptación del martirio se reveló, desde los primeros tiempos del cristianismo, la fecundidad de la perspectiva pastoral de Jesús: sus discípulos recibieron de Él la valentía del testimonio, la capacidad de salir de sí mismos, sin protección, confiando solamente en su compañía, especialmente en la hora de la prueba.
Distanciarse de toda forma de poder al afirmarse a sí
mismos, en nombre del Evangelio, es la constante comprobación del auténtico seguimiento de Jesús buen
pastor, capaz de transformar la captura en oferta, pues
la vida «nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente» (Jn 10, 18). A esta conversión, que tiene lugar en lo profundo del corazón del discípulo, pertenece la fecundidad del don, sin espera de reconocimiento, más allá de toda pretensión de éxito mundano. Lo
paradójico del triunfo del Evangelio se deja ver precisamente en la que fue su fuerza expansiva: «La sangre
de los mártires es semilla de nuevos cristianos» (Tertuliano, Apologeticum, 50, 13).
El hecho de que Jesús hubiera anunciado a sus seguidores un destino no diverso del propio (cf. Jn 15,
18-20), ciertamente no podía resultar consolador, y mucho menos podía justificar a los futuros perseguidores.
Si tenía que ocurrir alguna consolación esta vendría a
continuación del otro Paráclito —el Espíritu, el consolador (cf. Jn 14, 16)— no del maestro, que no se podía
seguir inmediatamente, sino sólo después, una vez que
los demás hubieran ceñido a Pedro, para llevarlo adonde él no hubiera querido ir (ibidem 21, 18).
Por otra parte, valor y vacilación habían habitado
contemporáneamente el corazón de Simón: por un lado, estaba listo para dar la vida, por otro fue capaz de
negar que conocía a su Señor (ibidem 13, 36-38). Pero
precisamente dentro de esta tensión polar —entre valentía y fragilidad, entre entusiasmo y debilidad— el discípulo se aventura tras el maestro que, sin ilusionarlo
con los signos de poder que cumple (por ello pide silencio), anuncia la cruz y promete compañía.
Por último, la fecundidad del estilo pastoral de Jesús, que emerge de los testimonios evangélicos, emana
de esa específica polaridad propia de su ser Señor y
siervo. De igual forma que al Señor le corresponde la
imagen del Pastor que da seguridad, así al Siervo le
pertenece la fragilidad del cordero. Por un lado, Jesús
guía y conduce; por otro, acoge, acompaña y sigue;
siempre y en cualquier caso está en medio de los que
se reúnen en su nombre (cf. Mt 18, 20). De acuerdo a
su estilo, el pastor de la Iglesia está llamado a recibir
del Señor Jesús su misma forma, como el Papa Francisco indicó brillantemente: «Para eso, a veces estará
delante para indicar el camino y cuidar la esperanza
del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de
todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en
ocasiones deberá caminar detrás del pueblo, para ayudar a los rezagados y —sobre todo— porque el rebaño
mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos»
(Evangelii gaudium 31).
L’OSSERVATORE ROMANO
página 12
viernes 1 de mayo de 2015, número 18
Durante la audiencia general el Papa habla de la belleza del matrimonio cristiano
En la fiesta de bodas
Y denuncia el escándalo de la desigualdad de retribución entre hombre y mujer
La «obra maestra» de Dios es la
familia. Y Jesús «comienza
precisamente sus milagros con esta obra
maestra, en un matrimonio, en una
fiesta de bodas: un hombre y una
mujer». Lo recordó el Papa en la
audiencia general del miércoles 29 de
abril, en la plaza de San Pedro, al
hablar de la belleza del matrimonio
cristiano.
Queridos hermanos
¡buenos días!
y
hermanas
Nuestra reflexión acerca del plan
originario de Dios sobre la pareja
hombre-mujer, tras considerar las
dos narraciones del libro del Génesis, se dirige ahora directamente a
Jesús.
El evangelista san Juan, al inicio
de su Evangelio, narra el episodio
de las bodas de Caná, en la que estaban presentes la Virgen María y
Jesús, con sus primeros discípulos
(cf. Jn 2, 1-11). Jesús no sólo participó en el matrimonio, sino que «salvó la fiesta» con el milagro del vino.
Por lo tanto, el primero de sus signos prodigiosos, con el que Él revela
su gloria, lo realizó en el contexto
de un matrimonio, y fue un gesto de
gran simpatía hacia esa familia que
nacía, solicitado por el apremio maternal de María. Esto nos hace recordar el libro del Génesis, cuando
Dios termina la obra de la creación
y realiza su obra maestra; la obra
maestra es el hombre y la mujer. Y
aquí, Jesús comienza precisamente
sus milagros con esta obra maestra,
en un matrimonio, en una fiesta de
bodas: un hombre y una mujer. Así,
Jesús nos enseña que la obra maestra de la sociedad es la familia: el
hombre y la mujer que se aman. ¡Esta es la obra maestra!
Desde los tiempos de las bodas
de Caná, muchas cosas han cambiado, pero ese «signo» de Cristo contiene un mensaje siempre válido.
Hoy no parece fácil hablar del
matrimonio como de una fiesta que
se renueva con el tiempo, en las diversas etapas de toda la vida de los
cónyuges. Es un hecho que las personas que se casan son cada vez menos; esto es un hecho: los jóvenes no
quieren casarse. En muchos países,
en cambio, aumenta el número de
las separaciones, mientras que el número de los hijos disminuye. La dificultad de permanecer juntos —ya sea
como pareja, que como familia— lleva a romper los vínculos siempre
con mayor frecuencia y rapidez, y
precisamente los hijos son los primeros en sufrir sus consecuencias. Pero
pensemos que las primeras víctimas,
las víctimas más importantes, las víctimas que sufren más en una separación son los hijos. Si experimentas
desde pequeño que el matrimonio es
un vínculo «por un tiempo determinado», inconscientemente para ti será así. En efecto, muchos jóvenes
tienden a renunciar al proyecto mismo de un vínculo irrevocable y de
una familia duradera. Creo que tenemos que reflexionar con gran seriedad sobre el por qué muchos jóvenes «no se sienten capaces» de casarse. Existe esta cultura de lo provisional... todo es provisional, parece
que no hay algo definitivo.
Una de las preocupaciones de que
surgen hoy en día es la de los jóvenes que no quieren casarse: ¿Por qué
los jóvenes no se casan?; ¿por qué a
menudo prefieren una convivencia, y
muchas veces «de responsabilidad limitada»?; ¿por qué muchos —incluso entre los bautizados— tienen poca
confianza en el matrimonio y en la
familia? Es importante tratar de entender, si queremos que los jóvenes
encuentren el camino justo que hay
que recorrer. ¿Por qué no confían en
la familia?
Las dificultades no son sólo de carácter económico, si bien estas son
verdaderamente serias. Muchos consideran que el cambio ocurrido en
estas últimas décadas se puso en
marcha a partir de la emancipación
Premio por el compromiso
contra la pena de muerte
Por su compromiso en favor de la abolición de la pena de muerte y los
tratos inhumanos, se ha condecorado al Papa Francisco con el premio
«El abolicionista del año» por la Asociación «que nadie toque a Caín».
En las motivaciones para el reconocimiento se hace referencia sobre todo
al discurso del pasado 23 de octubre a la Asociación internacional de derecho penal, donde el Papa invitaba a los cristianos y a los hombres de
buena voluntad a «luchar no sólo por la abolición de la pena de muerte,
sea legal o ilegal, y en todas sus formas», sino también a «mejorar las
condiciones carcelarias».
de la mujer. Pero ni siquiera este argumento es válido, es una falsedad,
no es verdad. Es una forma de machismo, que quiere siempre dominar
a la mujer. Hacemos el ridículo que
hizo Adán, cuando Dios le dijo:
«¿Por qué has comido del fruto del
árbol?», y él: «La mujer me lo dio».
Y la culpa es de la mujer. ¡Pobre
mujer! Tenemos que defender a las
mujeres. En realidad, casi todos los
hombres y mujeres quisieran una seguridad afectiva estable, una matrimonio sólido y una familia feliz. La
familia ocupa el primer lugar en todos los índices de aceptación entre
los jóvenes; pero, por miedo a equivocarse, muchos no quieren tampoco pensar en ello; incluso siendo
cristianos, no piensan en el matrimonio sacramental, signo único e irrepetible de la alianza, que se convierte en testimonio de la fe. Quizás,
precisamente este miedo de fracasar
es el obstáculo más grande para acoger la Palabra de Cristo, que promete su gracia a la unión conyugal y a
la familia.
El testimonio más persuasivo de
la bendición del matrimonio cristiano es la vida buena de los esposos
cristianos y de la familia. ¡No hay
mejor modo para expresar la belleza
del sacramento! El matrimonio consagrado por Dios custodia el vínculo
entre el hombre y la mujer que Dios
bendijo desde la creación del mundo; y es fuente de paz y de bien para toda la vida conyugal y familiar.
Por ejemplo, en los primeros tiempos del cristianismo, esta gran dignidad del vínculo entre el hombre y la
mujer acabó con un abuso considerado en ese entonces totalmente normal, o sea, el derecho de los maridos
de repudiar a sus mujeres, incluso
con los motivos más infundados y
humillantes. El Evangelio de la familia, el Evangelio que anuncia precisamente este Sacramento acabó
con esa cultura de repudio habitual.
La semilla cristiana de la igualdad
radical entre cónyuges hoy debe dar
nuevos frutos. El testimonio de la
dignidad social del matrimonio llegará a ser persuasivo precisamente
por este camino, el camino del testimonio que atrae, el camino de la reciprocidad entre ellos, de la complementariedad entre ellos.
Por eso, como cristianos, tenemos
que ser más exigentes al respecto.
Por ejemplo: sostener con decisión
el derecho a la misma retribución
por el mismo trabajo; ¿por qué se da
por descontado que las mujeres tienen que ganar menos que los hombres? ¡No! Tienen los mismos derechos. ¡La desigualdad es un auténtico escándalo! Al mismo tiempo, reconocer como riqueza siempre válida
la maternidad de las mujeres y la paternidad de los hombres, en beneficio, sobre todo de los niños. Igualmente, la virtud de la hospitalidad
de las familias cristianas tiene hoy
una importancia crucial, especialmente en las situaciones de pobreza,
degradación y violencia familiar.
Queridos hermanos y hermanas,
no tengamos miedo de invitar a Jesús a la fiesta de bodas, de invitarlo
a nuestra casa, para que esté con nosotros y proteja a la familia. Y no
tengamos miedo de invitar también
a su madre María. Los cristianos,
cuando se casan «en el Señor», se
transforman en un signo eficaz del
amor de Dios. Los cristianos no se
casan sólo para sí mismos: se casan
en el Señor en favor de toda la comunidad, de toda la sociedad.
De esta hermosa vocación del matrimonio cristiano, hablaré también
en la próxima catequesis.
Los tuits en
@Pontifex_es
23 ABR [11.23 AM] En los sacramentos encontramos fuerza para
pensar y obrar según el Evangelio
25 ABR [10.25 AM] Nosotros, los
cristianos, estamos llamados a salir de nuestros «muros» para llevar a todos la misericordia y la
ternura de Dios
28 ABR [10.28 AM] Toda comunidad cristiana debería ser un hogar
acogedor para cuantos buscan a
Dios o necesitan un hermano que
los escuche
30 ABR [12.30 PM] Frente a tantos
problemas, algunos de ellos graves, no perdamos la esperanza en
la misericordia infinita de Dios