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U N A P U B L I C A C I Ó N D E M I N I S T E R I O S E N C O N TA C T O | A B R I L 2 0 1 5
artículos
A B R I L
2 0 1 5
17
Poder a plenitud
Usted puede pensar que haber pasado tres
años con Jesús convirtió a sus discípulos en
los hombres más privilegiados de la historia.
Pero gracias a la presencia interior del Espíritu Santo, los creyentes pueden hoy tener la
misma intimidad con Él —si lo desean.
por Charles F. Stanley
22 De pie sobre la roca
Christy Prophet, de En Contacto,
no es ajena a las dificultades. Sin
embargo, esto nunca le ha impedido
disfrutar de la paz de Cristo.
por Joseph
E. Miller
seguridad de la
26 Laesperanza
La Resurrección de Cristo es el
fundamento de la fe cristiana, pero
¿tenemos evidencia para defender
lo que creemos?
por Abdu
Murray
Revista En Contacto©, abril de 2015. Tomo XV, no 7. Todos los derechos reservados.
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MINISTERIOS EN CONTACTO®, P.O. Box 48900 Atlanta, Georgia 30362
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Foto del Dr. Stanley
por Corey Lack Pictures
departamentos
13
por el CAMINO
13
A todos y cada uno
Como cristianos, todos somos
parte de un mismo cuerpo.
Entonces, ¿por qué pensamos
que está bien amar a Jesús y
no amar a las personas por las
que Él murió?
por DANIEL DARLING
otras secciones
6
La costosa copa de la comunión
en la PALABRA
7
31
Una vez más al
huerto
Palabras del
Dr. Stanley
Al igual que el invierno
necesita transcurrir antes de
la primavera, el sufrimiento
de Cristo precede a su triunfo.
Fue en la mañana que Él
resucitó que el mundo renació.
Meditaciones diarias
Devocionales diarios extraídos de los
mensajes del Dr. Stanley.
por RACHEL MARIE STONE
11
Rechacemos el guión
ESTUDIO BÍBLICO
Solo porque la mayoría diga
que algo es cierto, no significa
que sea así. Los cristianos
estamos llamados a nadar contra la corriente de la opinión
popular.
En Contacto
Esta publicación de En Contacto es para la Gloria de Dios
Dr. Charles F. Stanley
PRESIDENTE Y FUNDADOR
C. Phillip Bowen
DIRECTOR EJECUTIVO
John E. Courtney, Jr.
7
Víctor M. Rodríguez
Steve Chalk
DIRECTOR DE CONTENIDO
DIRECTOR DE MERCADEO
Martha Álvarez Restrepo
Steve R. Lindsey
EDITORA
DIRECTOR DE MATERIALES
VICEPRESIDENTE
Tom Sabonis-Chafee
DESARROLLO Y MERCADEO
DIRECTOR DE SERVICIOS CREATIVOS
Cameron Lawrence
Diana Chávez
EDITOR EN JEFE
COORDINADORA DE CONTENIDO
Y DISTRIBUCIÓN
David Blahnik
DIRECTOR DE PRODUCCIÓN
IMPRESA
NOS VEMOS
EL MES QUE VIENE.
Nuestro devocional
rediseñado, lo encontrará
muy pronto en su
buzón de correo.
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2015
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2015
LO MEJOR
ESTÁ POR
VENIR
LO MEJOR
ESTÁ POR
VENIR
MINISTERIOS
EN CONTACTO
MINISTERIOS
EN CONTACTO
palabras del DR. STANLEY
La costosa copa de
la comunión
Uno de los peligros que enfrentamos en la vida cristiana es no prestar la debida atención a las cosas que deben ser sagradas. Por ejemplo, la mayoría de nosotros celebramos
la Cena del Señor con regularidad, tal como se nos manda a hacer en la Biblia. Pero ¿realmente nos detenemos a considerar lo que ella significa? En la noche de la Pascua, cuando
Jesús se reunió con sus discípulos para cenar, instituyó una práctica que simbolizaba lo
que iba a hacer por nosotros unas horas después.
Hay dos copas que merecen atención.
Una es descrita como la copa del
Hay, en
nuevo pacto en la sangre de Cristo,
realidad, dos que nos ha sido dado. Jesús dijo que
es “para remisión (o perdón) de los
copas que
pecados” (Mt 26.28). Su sangre demerecen
rramada nos limpia de pecado para
que podamos ser declarados justos
atención:
de Dios. También es una copa
Una, la de la delante
compartida. Jesús dijo: “Bebed de ella
limpieza; y
todos” (v. 27). Cuando celebramos la
Cena del Señor, nos congregamos
otra, la del
para consagrarnos y dedicarnos de
sufrimiento. nuevo a Cristo.
La segunda copa simbolizaba el
sufrimiento que Cristo bebería solo. Poco después de la cena, Jesús rogó al Padre en el
huerto de Getsemaní: “Si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero,
sino como tú” (v. 39). Esta amarga copa incluía el dolor físico de la cruz y la agonía de estar separado del Padre cuando castigara el pecado que Jesús llevó por nosotros (1 P 2.24).
No hay manera de que podamos comprender lo que Cristo sufrió cuando clamó: “Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt 27.46).
La única manera de apreciar realmente la copa de comunión que bebemos —la copa
que representa nuestra limpieza, nuestro compañerismo y nuestra consagración— es reconociendo lo que le costó a Cristo beber la copa del sufrimiento a favor nuestro. En esta
Pascua, y cada vez que venga a la mesa del Señor, ofrezca de nuevo su ser al Salvador.
6 ABRIL 2015
EN CONTACTO
e n l a PA L A B R A
R E N O V A C I Ó N
UNA VEZ
MÁS AL
HUERTO
Tres días después de la agonía del
Viernes Santo, Cristo resucitó. Y toda
la creación fue renovada.
por Rachel Marie Stone
ILUSTRADO POR JEFF GREGORY
ILUSTRACIÓN POR JEFF GREGORY
en la PAL A B R A
C
uando mi esposo y yo estábamos esperando nuestro segundo hijo, vivíamos en Escocia, donde el invierno es atroz. Nuestra
casa estaba tan al norte, que las horas de luz
eran pocas. Y porque nuestra casa estaba cerca
del mar, normalmente una densa niebla gris lo
cubría todo —el aire estaba lleno de un frío húmedo. Los días, e incluso semanas, sin sol, no
eran nada raros.
Tenían razón.
Esa tarde, me fui
de la iglesia a
casa, retorciéndome con dolores repentinos
que me hicieron
ir al hospital.
El viaje —
de una hora
de giros y
vueltas por
una pintoresca campiña con granjas,
Durante esa larga temporada, lo
único que hicimos fue esperar. Los días fue extrañamente tranquilo, a pesar
del hecho de que era evidente que
eran cortos y opacos, cuando sentí el
nuestro bebé iba a
movimiento del
nacer antes de que
bebé por primera
llegáramos. En el
vez. Llegó la Navicamino, y entre las
dad, y con ella,
contracciones, me
complicaciones
distraía del dolor
de mi salud. Pasé
viendo los lindos
un tiempo en el
corderos y los
hospital, débil y
terneros que daban
deshidratada, pretumbos sobre sus
ocupada por mi
delgadas piernas
bebé. Cada vez me
junto a sus madres
movía más y más
—algunos jugando, y
lento. En las semaotros alimentándose
nas que siguieron,
con la hierba fresca
lavé la ropa de
de los campos verdes.
bebé y doblé los pañales de tela. Mi
Pensé entonces, y sigo pensando
esposo practicó la ida en el automóvil
todavía, que la primavera es un tiempo
hasta el hospital. Pero, con el tiempo,
maravilloso para tener un bebé. Los
los días se hicieron más largos y más
días son más largos y el mundo vuelve
iluminados. En todo ese tiempo, le
a cobrar vida, después de la terrible
hablaba a mi bebé y oraba.
Llegó la primavera. Un día estaba en frialdad del invierno. Los azafranes y
campanillas de invierno se abren paso
la iglesia, expectante y preocupada; la
fecha para dar a luz ya se había cumpli- a través de la tierra fría y húmeda.
do, y me preguntaba cuándo iba a pro- Los árboles retoñan y florecen, y después de un tiempo de angustia y de
ducirse por fin el parto. Los miembros
de nuestra congregación hacían cordia- sufrimiento (llamado acertadamente
les comentarios en cuanto al tamaño de trabajo de parto), una nueva y pequeña
alma abre sus ojos al mundo por primi vientre y de mi agotamiento, y me
mera vez.
dijeron: “Pronto, querida”.
8 ABRIL 2015
EN CONTACTO
Un nuevo comienzo
En la novela Lila, de Marilynne Robinson, un anciano pastor, el reverendo
Ames, comenta que su estricto abuelo
calvinista no habría aprobado el árbol
de Navidad que Ames había puesto
en su hogar, o las luces que utilizaba
para decorarlo; pues veía como un
acto pagano el traer plantas al interior
de la casa, y celebrar el nacimiento
de Cristo en el invierno. “Es verdad,
nadie conoce realmente la época
del año en la que nació Jesús”, dice
Ames. “Por eso, la primavera parece
ser el mejor momento para celebrar
un nacimiento. Sin embargo, es aun
mejor para celebrar la Resurrección de
Cristo. Pues es en esta época cuando
todo vuelve a la vida”.
Podríamos preguntarnos por qué
los primeros cristianos no observaban
la fiesta de la Natividad (que ahora
celebramos como la Navidad) en la
primavera, cuando el clima en Europa
pasaba de ser duro y desagradable, a
uno suave y agradable. En vez de eso,
lo celebraban “en pleno y sombrío
invierno”, como dice un villancico —en
el momento más oscuro del año. Quizás conmemoramos la Resurrección
en primavera, porque entendemos que,
antes de que ocurra el renacimiento de
la Pascua, tiene que haber el gran sufrimiento y la oscuridad de la crucifixión
y la sepultura.
Vivir y amar en este mundo es
sufrir pérdidas. Personas que son
preciosas para nosotros mueren;
las inundaciones y las hambrunas
barren con comunidades enteras;
personas ancianas languidecen en
su soledad; y niños son víctimas de
abusos y abandono. ¿Dónde está
Dios —nos preguntamos— cuando el
mundo parece oscuro y despiadado?
Conmemoramos
la Resurrección en
primavera, porque
entendemos que, antes de
que ocurra el renacimiento
de la Pascua, tiene que
haber el gran sufrimiento
y la oscuridad de la
crucifixión y la sepultura.
¿Cuando el pecado, el egoísmo y el
sufrimiento parecen haber triunfado
sobre la justicia, la generosidad y la
paz? ¿Cuando parece que Dios nos ha
llevado a un desierto para dejarnos
morir allí? A veces parece que la luz no
regresará jamás —que la resurrección
nunca ocurrirá.
El Evangelio de Juan presenta una
hermosa imagen —la que muchos de
nosotros tenemos en mente cuando
pensamos en la Resurrección de
Cristo— la de María Magdalena
buscando de Jesús en una mañana
de primavera, y llorando cuando
encuentra unos ángeles en una tumba
que no esperaba encontrar vacía. Su
Señor no solamente había muerto,
sino que ahora su cuerpo había
desaparecido. Cuando un hombre le
pregunta por qué llora, ella cree que
se trata del hortelano, y le pregunta
si sabe dónde había sido puesto el
cuerpo.
ENCONTACTO.ORG
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en la PAL A B R A
“¡María!”
Él la llama por su nombre. Porque es
el Señor, y la mañana ha irrumpido, al
igual que la primera mañana.
Aunque no es, estrictamente hablando, un himno de Pascua, “Siempre
amanece” expresa algo esencial sobre
la resurrección y la primavera, algo
que puede ayudarnos a entender
por qué algunas personas asocian a
los pollitos, conejitos, patitos, flores,
hierba y huevos, con cruces y tumbas
vacías durante esta temporada del año.
Es apropiado que la Resurrección de
Jesús —la creación de Dios que renace— suceda en un huerto, como el que
Dios creó al comienzo para la humanidad. El frío y oscuro aguijón de la
muerte, al igual que toda su angustia,
terminan con el Señor Jesucristo resu-
citado de la tumba.
¿Es de extrañar que María Magdalena confundiera al Señor Jesús resucitado con un hortelano? Tal vez no sea
un error en absoluto. Jesucristo es el
jardinero de la Nueva Creación —de la
ciudad de Dios, donde no habrá más
invierno, más muerte, más lágrimas,
o incluso más sol, porque Aquél que
nos hizo y nos llama por nuestro nombre será nuestra luz, por los siglos de
los siglos.
Sí, por ahora, seguimos padeciendo
muerte, enfermedades y pérdidas.
Pero tenemos las primicias de la
promesa de Dios de que no siempre
será así —que nosotros, al igual
que este cansado mundo, seremos
redimidos, restaurados y renovados en
la eternidad.
CAMINO A LA PASCUA
La tumba vacía lo cambió todo, y con la ayuda del devocional gratuito Camino a la
Pascua usted descubrirá de qué manera sucedió.
Devocionales diarios y estudios bíblicos reveladores le llevarán a lo largo del
increíble recorrido de Cristo —desde su entrada triunfal a Jerusalén, pasando
por los momentos más dolorosos en el Calvario, hasta la gloria del Domingo de
Resurrección.
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E S T U D I O
B Í B L I C O
RECHACEMOS EL GUIÓN
Aunque un mensaje sea convincente o popular, debemos
pensar dos veces antes de creerlo.
T
odos los políticos, sociólogos y publicistas
saben que se nos ha enseñado a vivir de acuerdo a guiones —historias que nos han contado
y según las cuales percibimos la realidad en
cuanto a nuestra vida. Una compañía mundial de
telecomunicaciones ha diseñado toda una campaña de publicidad en torno al mito prevaleciente de
que “más grande siempre es mejor”. Ciertas versiones del sueño americano nos hacen creer que
para estar satisfechos, debemos tener una casa, un
automóvil y un trabajo lucrativo . . . de manera que
tengamos una casa más grande, un automóvil más
lujoso y un trabajo aun más lucrativo.
Otra creencia común insiste en que
tenemos que impedir que
ocurra un inminente desastre, para poder conservar
nuestra vida. Este argumento sugiere la necesidad de
que protejamos celosamente
nuestro bienestar ante el
temor de quienes tienen un
origen étnico, una ideología
política o un estatus socioeconómico diferentes.
LEA Éxodo 1.9, 10, 17
Este guión falso ha estado con nosotros
desde hace milenios, y se ve en Éxodo
1 cuando Faraón, de Egipto, incitó a su
pueblo con amenazas de inseguridad y
catástrofe. “He aquí, el pueblo de los hijos
de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. Ahora, pues, seamos sabios para con
ILUSTRADO POR JEFF GREGORY
él, para que no
se multiplique,
y acontezca que
viniendo guerra,
él también se una
a nuestros enemigos y pelee contra
nosotros, y se
vaya de la tierra”
(Éx 1. 9, 10).
El desastre
amenaza, insistía
Faraón. Nuestro
modo de vida
está en peligro.
Tenemos que atacar primero y proteger lo que es nuestro.
Aunque pudo haber algo
de verdad en su ansiedad,
porque la creciente mano
de obra esclava de Egipto
se estaba volviendo demasiado poderosa para que
pudiera ser controlada por
sus capataces, parece que
Faraón estaba exagerando
el peligro. El guión que
estaba siguiendo dice que
todo el mundo es una amenaza, y que el objetivo principal de los
demás es arrebatarnos el poder o nuestros
recursos. Faraón estaba innegablemente
consciente de que nada da más apoyo a
un programa de construcción de un imperio, que una pequeña dosis de histeria
colectiva.
Por tanto, concibió un plan perverso:
ENCONTACTO.ORG
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en la PAL A B R A
que las parteras hebreas mataran a los
bebés varones israelitas cuando estos
salieran del vientre de sus madres.
Cuando permitimos que creencia falsas
y fanáticas nos engañen por demasiado
tiempo, no se sabe cuánta crueldad o maldad aflorará.
Pero un par de parteras hebreas se
negaron a obedecer la orden. Sifra y Púa
“temían a Dios, así que no siguieron las
órdenes del rey de Egipto” (v. 17). Por
creer que sus vidas estaban en las manos
de Dios en vez de las suyas, miraron al
Señor, no al rey. Aunque su valiente obediencia pondría sus vidas en peligro, estas
dos valerosas mujeres se negaron a seguir
el guión que se les había dado.
La historia las honra como heroínas
que lucharon contra los poderes de este
mundo. El texto identifica específicamente
a Sifra y a Púa, pero nunca susurra siquiera el nombre del rey. Solo menciona su
título —Faraón. Este faraón anónimo cae
en el olvido, como una víctima del guión
que gobernaba su vida. Pero estas mujeres
y su fe incondicional nos alientan, milenios más tarde, a obedecer a Dios.
REFLEXIONE
El líder de Egipto cayó presa de la
creencia de que debemos desconfiar de
los demás, pues amenazan quitarnos lo
que necesitamos. ¿Cómo se manifiesta
esta idea en las historias de Caín y Abel,
en la torre de Babel, y en los discípulos
de Jesús que discutieron en cuanto a
quién sería el más grande entre ellos?
(Gn 4.1-8; 11.1-9; Lc 22.24-27).
¿Qué evidencia de este falso guión puede usted detectar en su entorno, familia
o amistades? ¿De qué manera somos
tentados a sucumbir ante el temor a no
tener suficiente, y a ver a los demás como
una amenaza para nuestro bienestar?
12 A B R I L 2 0 1 5
EN CONTACTO
Contraste todo esto con el guión que
personifica Jesús, y con la historia
que proclama el reino de Dios. ¿Cómo
contradicen a este falso guión la muerte
y Resurrección de Jesucristo?
¿De qué maneras Filipenses 2.1-11 ofrece
una rectificación radical de nuestros
falsos guiones en cuanto al temor por la
preservación propia.
RESPONDA
Al ver las noticias, ¿dónde nota usted la
presión para sentirse motivado a tener
temor a los demás? ¿Dónde está usted
consciente de la tentación de valerse
del poder de forma abusiva?
Preste atención a las veces que, durante
la semana, siente animosidad hacia otra
persona, o se siente amenazado por la
idea de que lo que tiene le será quitado.
¿En qué situaciones está usted consciente de su necesidad de temer a Dios,
en vez de temer a los falsos poderes y a
los falsos guiones de este mundo?
REPASE
Una vez a la semana, escriba una nota
sobre dos o tres temas de actualidad.
Al lado de cada uno, resuma la mentira
que puede estimular esa información.
Después, escriba la verdad que dice
la Palabra de Dios en cuanto a esas
versiones.
Medite diariamente en Filipenses 2.1-11.
Elija una palabra o una frase de este
pasaje que mueva su corazón hacia la
experiencia que Jesús representa.
Identifique a alguien que usted vea
como una amenaza o un rival, y vaya a
esa persona con humildad y amor.
p o r el C A M I N O
A M O R
A TODOS Y
CADA UNO
Amar a Jesús significa
que hemos recibido el
mandamiento de amar a todos
los hermanos en la fe.
por Daniel Darling
II LL UU SS TT RR AA DD OO PP OO RR JJ EE FF FF GG RR EE GG OO RR YY
por el CA M I N O
N
o soy una persona que se fija mucho en
las calcomanías que se colocan en los
parachoques de los automóviles, pero no
pude dejar de notar la que estaba desplegada espléndidamente en el auto de mi nuevo
vecino. Cuando la vi por primera vez, me emocioné porque decía: “JESÚS TE AMA” en letras
mayúsculas. Magnífico, pensé, un cristiano se
ha mudado al lado de nuestra casa. Imaginé
que leería la Biblia en las primeras horas de la
mañana; que tal vez, incluso, asistiríamos juntos a la misma iglesia; que intercambiaríamos
listas de oración; o recetas de cocina para las
comidas en la iglesia.
Pero el resto de la calcomanía me hizo
vacilar. En letra menuda, bajo el “Jesús
te ama”, había una frase extraña: “Pero
todo el mundo piensa que eres un idiota”.
Mi vecino no es un teólogo. Ni siquiera
estoy seguro de que
sea un seguidor de
Cristo. Pero esas
sencillas palabras
me dieron una
buena idea en cuanto a un fenómeno
que, lamentablemente, afecta a las
iglesias cristianas.
Pensamos que es
aceptable amar a
Jesús y no amar a
sus seguidores.
Los últimos años
se han visto una
explosión de libros
que tratan de separar a Jesús de la iglesia. La mayoría de éstos son esfuerzos
bien intencionados para distinguir la fe
genuina en Cristo, de la religión heredada
y basada en las obras. Esto es importan14 A B R I L 2 0 1 5
EN CONTACTO
te en una cultura
influenciada todavía
por un cristianismo
nominal, en la que
muchos piensan
que lo único que se
necesita para entrar
en el cielo es ir a la
iglesia.
Pero me pregunto
si de alguna manera
nos hemos excedido y perdido al
desligar la relación
personal con Cristo
del carácter integral
del mensaje del
evangelio. Nuestra
generación es altamente individualista —nos sentimos orgullosos de nuestro
espíritu independiente. Pero el cristianismo nunca tuvo el propósito de ser una fe
individualista.
A lo largo de toda la
Biblia, Dios llama a un
pueblo para Él. Es verdad que a veces decidió trabajar por medio
de personas, como
Adán, Noé, Abraham
y David. Pero en cada
pacto y en cada promesa, Dios buscó a un
pueblo. En la era de la
iglesia podemos ser
salvos por la fe personal en Cristo, pero al
mismo tiempo somos
bautizados en un solo
cuerpo. Nos unimos a
una congregación cada vez más grandes.
Es por esto que las palabras finales del
Señor Jesús a Pedro en Juan 21 son tan
importantes. Para la mayoría de nosotros
es una escena familiar: Jesús está en la
playa, reapareciendo a los discípulos heridos y confusos, llamándolos de nuevo a su
misión original, y señalándoles sus roles
como líderes de algo nuevo: la iglesia.
Esa mañana, Pedro anunció a sus
compañeros: “Voy a pescar” (Jn 21.3).
Eran las palabras de un seguidor del
Mesías, agotado y avergonzado. Sí, Jesús
había resucitado de los muertos, pero
Pedro todavía no tenía conciencia plena
del significado de la resurrección y del
poder que ésta conferiría a los apóstoles.
Estaba pensando solamente en que le
había fallado a Jesús en el momento de
su mayor necesidad.
Pedro definitivamente no estaba pensando en el ministerio. Pero eso era justo
lo que estaba en la mente de Jesús cuando se acercó a la playa y vio la embarcación con unos discípulos cansados e
improductivos. Es una escena evocadora
del primer llamamiento que hizo el Señor
Jesús a Pedro, registrado en Mateo 4. Me
pregunto si Pedro, al ver las redes flotando sobre el agua por segunda vez, recordó
las palabras de Jesús tres años antes:
“Venid en pos de mí, y os haré pescadores
de hombres” (v. 19).
En realidad, todos le habían fallado.
Ninguno lo había entendido. Pero ésta
es precisamente la clase de personas que
Jesús está llamando —a quienes han fracasado y le han negado, a los que tienen
poca fuerza de voluntad. Pescar hombres
es exactamente la clase de ministerio al
cual Cristo les está llamando.
Lo que nos lleva tal vez al diálogo más
famoso en todo el Evangelio de Juan —
las últimas palabras entre el Señor Jesús
y Pedro. Durante la mayor parte de mi
vida, he escuchado que Jesús estaba
poniendo a prueba el tipo de amor que
tenía Pedro. ¿Era ágape, una clase de
amor sobrenatural, o simplemente fileo,
una clase de amistad fraterna? También
he escuchado decir que Jesús le preguntó tres veces y con toda intención a
Pedro: “¿Me amas?”, para neutralizar sus
tres negaciones. Pero he llegado a recon-
Nos sentimos orgullosos de
nuestro espíritu independiente. Pero el cristianismo
nunca tuvo el propósito de
ser una fe individualista.
siderar esa interpretación por ciertas
razones.
En primer lugar, la exégesis que se
hace de las diferentes palabras que utiliza Juan en cuanto al amor es un poco
forzada. Los estudiantes de griego se
darían cuenta rápidamente de que Juan
intercambia a menudo estas palabras
a lo largo de su Evangelio, en sus tres
epístolas, y en el libro de Apocalipsis.
Esto es más que creatividad por parte
de Juan para destacar algo. En segundo lugar, me resulta difícil ver al Señor
Jesús tratando de hacer sentir culpable
a Pedro por la medida de su amor. El
punto crucial de la vida de Pedro hasta
este momento parece ser que Dios toma
a la persona donde ésta se encuentra y
la transforma mediante su Espíritu en lo
que Él quiere que sea. Pedro no le falló al
Señor por falta de amor. Le falló a Jesús
porque no había entendido su propia
debilidad y el poder del Señor. Entonces,
¿qué está pasando aquí? Creo que Jesús
está haciendo una declaración, no solamente con estas palabras finales, sino en
todo este encuentro con sus discípulos
en la playa. Es una declaración poderosa
contra la espiritualidad individualizada,
ENCONTACTO.ORG
15
por el C A M I N O
Pedro no le falló al Señor
por su falta de amor. Le falló
porque no había entendido su
propia debilidad y el poder
del Señor.
a favor de vivir como parte del cuerpo
de Cristo.
Pedro siempre había sido un individualista que pensaba que cualquiera de
los discípulos podría fallarle a Jesús,
menos él. Pues, había sido el primero
en defender al Señor, al cortar la oreja
al soldado; y había sido el primero en
pelear para defender a Jesús.
El ministerio en el nuevo pacto ten-
dría un nuevo paradigma. Implicaría
darse a uno mismo en sacrificio para
llevar a otros al reino mediante la pesca
de almas. E implicaría además amar
a Jesús por medio del cuidado de sus
ovejas.
“Pedro, ¿me amas? Apacienta mis ovejas”. Jesús no repitió estas palabras para
generar sentimientos de culpabilidad en
su siervo, lo hizo para que comprendiera
claramente la idea fundamental de lo
que significa seguirlo. La manera como
Pedro demostraría mejor su amor por su
Señor, no sería haciendo promesas tontas, demostraciones de valentía impetuosas y temerarias, o incluso el martirio.
Amaría a Jesús amando a su pueblo.
No hay ninguna condición en el
discipulado cristiano que nos permita
amar al Señor y no amar a su pueblo. El
amor es el distintivo de un seguidor de
Cristo.
INSPIRACIÓN EN MOVIMIENTO
encontacto.org/podcasts
ABRIL 2015
ARTÍCULOS
ILUSTRADO POR JEFF GREGORY
ENCONTACTO.ORG
17
I
18 M A R Z O 2 0 1 5
EN CONTACTO
Poder a
plenitud
¿Sería diferente la vida si viviéramos cada minuto
en el poder del Espíritu Santo?
por CHARLES F. STANLEY
Imagínese esto:
Es lunes por la mañana, usted sale a duras penas de la
cama, y no se siente particularmente espiritual. A pesar
de un servicio de adoración maravilloso el día anterior,
las emociones y la motivación de esa experiencia se
han desvanecido. Al sentarse a leer su Biblia, su mente
sigue a la deriva y el texto parece no tener vida. Pero
entonces recuerda que Jesús dijo que su Espíritu “os
enseñará todas las cosas” (Jn 14.26); por tanto, hace
una pausa y le pide al Señor que le ayude a entender
el pasaje. Es admirable el cambio que produce esta
oración. La Palabra de Dios cobra vida, y la mañana se
le convierte en un momento de maravillosa comunión
con el Señor al rendirse a su dirección.
ILUSTRADO POR JEFF GREGORY
ENCONTACTO.ORG
19
En su camino al trabajo, la irritación
habitual con otros conductores es sustituida por una paciencia sobrenatural. En
el trabajo es capaz de mantener la calma
en situaciones estresantes, y de responder
con amabilidad a un compañero de trabajo
insoportable. Incluso, tiene la oportunidad
de hablar de Cristo con alguien. Y cuando,
finalmente, llega a casa y es recibido por
unos hijos inquietos, el Espíritu le susurra:
“Todo hombre sea pronto para oír, tardo
para hablar, tardo para airarse” (Stg 1.19),
antes de que las palabras duras tengan
oportunidad de formarse en su boca.
Sin la obra del Espíritu Santo, es imposible vivir siempre de la manera que Dios
quiere. Es por eso que el Señor Jesús dijo
a sus discípulos: “Os conviene que yo me
vaya; porque si no me fuera, el Consolador
no vendría a vosotros; mas si me fuere, os
lo enviaré” (Jn 16.7). Ellos debieron haberse preguntado cómo algo podría ser mejor
que tener al Hijo de Dios con ellos. Pero
el Señor dijo que el Espíritu no solamente
estaría con ellos, sino que también estaría
en ellos (14.17).
El Espíritu Santo en el
Antiguo Testamento
En el Antiguo Testamento, el Señor enviaba su Espíritu sobre algunas personas
para que realizaran tareas específicas. Por
ejemplo, la presencia de Dios estuvo con
Moisés cuando sacó a los israelitas de
Egipto (Ex 3.12). Pero el Señor también
puso su Espíritu en setenta ancianos de
la congregación que recibieron la tarea de
ayudar a Moisés a gobernar al pueblo (Nm
11.16, 17). Por otro lado, el Espíritu de Dios
llenó a Bezalel con la sabiduría y la habilidad artística que necesitaba para fabricar
todas las cosas del tabernáculo (Ex 31.1-5).
Siempre que Dios procuraba hacer algo,
facultaba a una persona. Los profetas
hablaban cuando el Espíritu les daba un
mensaje de Dios para el pueblo. Guerreros
como Sansón y Gedeón vencieron a los
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EN CONTACTO
El poderoso y transformador Espíritu que vino
el día de Pentecostés
es el mismo que hoy
vive dentro de cada
creyente.
enemigos de Israel, y el rey Saúl y David
gobernaron la nación. Sin embargo, la
presencia del Espíritu no era permanente.
Cuando Saúl se rebeló contra el Señor, el
Espíritu se apartó de él (1 S 16.14).
El Espíritu Santo en la vida
de Jesús
Pero después que llegó el tiempo de que
el Hijo de Dios viniera al mundo, vemos
actuando al Espíritu de una manera singular. Cuando Jesús fue bautizado por
Juan, el Espíritu Santo descendió sobre
Él en forma de paloma, y vino una voz del
cielo que decía: “Tú eres mi Hijo amado;
en ti tengo complacencia” (Lc 3.22). Este
no fue el principio de la presencia interior
del Espíritu, sino una unción visible que
marcó el inicio del ministerio de nuestro
Salvador. Aunque Jesús retuvo toda su
divinidad, decidió depender enteramente
del Espíritu. Fue por eso que dijo: “Nada
hago por mi propia cuenta, sino que hablo
conforme a lo que el Padre me ha enseñado” (Jn 8.28 NVI).
Pero Jesús sabía que era mejor que Él
viviera dentro de su pueblo, en vez de
estar con ellos en forma física. Cuando su
ministerio se acercaba a su fin, prometió
enviar a Aquél que trabajaría por medio
de cada creyente. Poco antes de que
Jesucristo ascendiera al cielo, dio a sus
seguidores la Gran Comisión de hacer
discípulos de todas las naciones (Mt
28.18-20). Sin embargo, por saber que no
estaban capacitados para la tarea, les pidió que esperaran en Jerusalén hasta que descendiera sobre ellos el
poder del cielo (Lc 24.49).
El Espíritu de Cristo actuando por
medio de su iglesia
Apenas unos días después, durante la fiesta judía de
Pentecostés, el Espíritu de Dios vino a morar en los
creyentes de Jerusalén (Hch 2.1-4). Cuando esos discípulos fueron bautizados con el Espíritu de Dios, fueron
transformados de hombres temerosos a evangelistas
valerosos que recibieron poder para llevar a cabo la
tarea que el Señor Jesús les había dado. Fueron dotados
de la capacidad de hablar muchas lenguas, así que personas de diferentes naciones y regiones que se habían
reunido en Jerusalén por el día de Pentecostés, pudieron escuchar el mensaje del Mesías resucitado de una
manera que pudieron entender.
El poderoso y transformador Espíritu que vino el día
de Pentecostés es el mismo que vive hoy dentro de cada
creyente. Hemos sido sellados como hijos de Dios, y
nunca debemos temer que nos dejará si caemos en el
pecado. Él no vino como resultado de nuestra buena
conducta. Sin embargo, debido a que nos ama, podemos
tener la seguridad de que nos disciplinará si nos negamos a arrepentirnos.
¿Alguna vez ha reflexionado en lo que significa tener
al Espíritu Santo viviendo en usted? Como cristiano,
tiene al Dios todopoderoso dentro de sí. Su cuerpo es un
templo, apartado y sagrado para Él (1 Co 6.19, 20).
El Espíritu Santo está siempre con nosotros, ya sea
que lo sintamos o no. Muchas personas quieren tener
un encuentro emocional de algún tipo, pero nunca
vemos al Espíritu produciendo experiencias extáticas
en Jesús o en los apóstoles. Su tarea es enseñarnos la
verdad de la Palabra, guiarnos a la voluntad de Dios,
transformar nuestro carácter, darnos dones para el servicio en la iglesia, e investirnos de poder para obedecer,
sufrir dificultades y proclamar las buenas nuevas de
salvación en Cristo.
La clave para ser lleno del Espíritu no está en las
experiencias sino en la obediencia (Jn 14.21; Ef 5.18). Así
que, si usted es cristiano, recuerde que siempre está en la
presencia del Espíritu Santo. Y cuanto más rinda su vida
a su control, más sentirá su amor y su poder.
Extraído del mensaje “El Espíritu Santo: Su presencia”, por Charles
F. Stanley.
¿Conoce
usted a Dios?
El Espíritu Santo es un regalo
dado por Dios a todos los
que han escuchado y creído
el mensaje de la salvación
en Jesucristo. El Señor Jesús
vino a este mundo y murió
en la cruz para llevar a cabo
el perdón de los pecados,
y vencer a la muerte por
medio de su Resurrección.
Si usted lo acepta como su
Salvador personal, el Espíritu
de Dios vendrá a su vida y le
sellará como propiedad suya
por toda la eternidad (Ef 1.13,
14). Puede usar esta oración
o sus propias palabras:
Señor Jesús, creo que eres
verdaderamente el Hijo de
Dios. Confieso que he pecado contra ti en pensamiento,
palabra y obra. Te ruego
que perdones todos mis
pecados, y que me permitas
vivir en una relación contigo
a partir de este momento.
Te recibo como mi Salvador
personal, y reconozco la
obra que realizaste a mi
favor en la cruz. Gracias por
salvarme. Ayúdame a tener
una vida que sea agradable
a ti. Amén.
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21
los rostros de En Contacto
DE
PIE
SOBRE LA
ROCA
PARA CHRISTY
PROPHET, TODA
LA FORTALEZA SE
REDUCE A APOYARSE
EN CRISTO.
por Joseph E. Miller
Era un domingo por la mañana, y Christy Prophet se estaba prepa-
rando para ir a la iglesia. El momento del que había sido advertida
llegó cuando se hidrataba el cabello. Éste comenzó a caérsele.
Sin ninguna vacilación, tomó el teléfono
para llamar a su peluquera. No iba a esperar
a que el cabello se le cayera a mechones
—se lo cortaría de una vez. “Yo no soy quien
soy por mi cabello. Christy es Christy, con o
sin cabello”, dijo.
En junio de 2013, Prophet había ido a
hacerse una mamografía de rutina, pero
esta vez le dolió más de lo habitual. Le descubrieron un tumor —cáncer de mama. El
médico le aseguró que no perdería su seno.
“Yo le dije: ¿Sabe qué? Si tiene que extraerme los dos, no me importa, si eso significa
salvarme la vida”.
Prophet es contadora en Ministerios En
22 A B R I L 2 0 1 5 E N C O N T A C T O
Contacto, y decidió que quería decirlo a
sus compañeros de trabajo, de uno en uno,
en vez de que alguien hiciera el anuncio.
Algunos lloraron, y muchos rogaron por
ella a Dios. Christy se reunió con el director general de En Contacto, Phillip Bowen,
quien le dio ánimo y oró por ella.
Prophet, la sexta de siete hijos, no es
ajena a las adversidades de la vida. Cuando
era muy pequeña, su hermano de cinco
años incendió por completo la casa. “Los
demás no estábamos en casa, sino en la de
la abuela”, dijo. “Él y uno de sus amiguitos
entraron a la casa para tratar de fumar un
cigarrillo”. La familia lo perdió todo.
FOTOS POR BEN ROLLINS
ENCONTACTO.ORG
23
los rostros de EN CONTACTO
“Señor, tienes que encargarte de
esto. Lo pongo en tus manos.”
Christy Prophet, además de ser excelente con los
números, es conocida por su valentía, optimismo
y elegancia.
Cuando todavía era niña, el padre de
Prophet murió debido a complicaciones de
salud derivadas del alcoholismo. Su madre,
Frances Allen Sims, decidió que no volvería a casarse, sino que dedicaría su vida a
criar a sus hijos en la iglesia. A menudo
tenía dos o tres trabajos para ocuparse de
ellos, pero Christy dice nunca les faltó nada
mientras crecían.
Aunque criar una familia numerosa
sola era difícil, Prophet dijo que su madre
simplemente tuvo que ser inteligente en
cuanto a la disciplina, sobre todo cuando se
trataba de los cuatro varones.
La respuesta de su madre a las circunstancias difíciles inculcó en Prophet lo que
ella considera su don espiritual —servir a
los demás. Éste se desarrolló particularmente durante la escuela secundaria. Fue conocida por su ética de trabajo, ya que decidió
participar en un programa de formación
profesional, asistiendo a la escuela medio
día, y trabajando el otro medio día. Puesto
que era una joven alta, los directores de la
escuela insistían en que jugara baloncesto,
pero ella se negaba. “Siempre pensé que yo
era demasiado bonita para eso”, dijo con
una carcajada. “No quería estar corriendo
de arriba abajo en la cancha, sudando, y con
el cabello todo revuelto”.
Prophet se graduó de la secundaria en
1979, y tenía planes de ingresar a la carrera
militar con un primo. “Estaríamos allí veinte
años, después nos jubilaríamos y recibiríamos una pensión regular”, dijo. Pero ese
24 A B R I L 2 0 1 5
EN CONTACTO
sueño nunca se materializó, debido a que
salió embarazada. Se casó con el padre de
su hijo, y trabajó en un banco durante los
siguientes diecisiete años de su vida. Pero
un matrimonio difícil condujo al divorcio
en 1996, por lo cual Christy no estaba segura de que quisiera casarse de nuevo.
Tiempo después, una compañera de trabajo insistió en que conociera a uno de los
clientes que venía regularmente al banco.
Prophet aceptó con renuencia a observarlo desde el fondo del local. Después de
verlo, estuvo dispuesta a salir con Charles
Prophet. Sin embargo, Christy temía a
casarse de nuevo, por lo que él tuvo que
pretenderla durante años hasta que, finalmente, ella le dio el sí.
Diez años más tarde, Charles Prophet
estuvo allí para ayudar a su esposa en el
momento más difícil, yendo con ella a las
citas médicas, y dándole apoyo cuando
tenía que tomar una decisión. “Sabíamos
que este cáncer no iba a derrotarme”.
En los días de su tratamiento, Prophet
tenía una rutina —un baño, pero ninguna
loción que pudiera perfumarle el cuerpo.
No comía, solo tomaba mucha agua. En
los días que no tenía tratamiento, tomaba jugo de frutas y verduras —mucho de
ambas cosas.
Para tener fuerza espiritual, iba a su versículo favorito, en el que se ha apoyado una
y otra vez —el Salmo 46.1: “Dios es nuestro
amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio
en las tribulaciones”.
“Yo decía: ‘Señor, tienes que encargarte
de esto. No voy a rendirme. No voy a estar
triste —ni siquiera a estar cerca de personas
que vayan a ponerse tristes y a llorar. No
quiero oír eso. Estoy poniendo esto en tus
manos’. Nunca me deprimí. No podía. En
serio, ¿de qué iba a servirme? Con el mundo
para deprimirnos ya tenemos suficiente”.
Christy no es alguien que está acostumbrada a la enfermedad. Durante su infancia,
nunca tuvo varicela, paperas o sarampión
—ni siquiera gripe. Cuando el médico le
dijo que la quimioterapia haría que perdiera
todo su cabello, ella no se preocupó. Pero
ante la mención de que se enfermaría por
el tratamiento, ella lo paró en seco. “Bueno,
acepto lo de la caída del cabello, porque
todos ustedes dicen que eso es un hecho.
Pero no me diga que voy a enfermarme. Eso
no va a suceder”.
Y, milagrosamente, no sucedió. Después
de ocho quimioterapias y de treinta y tres
tratamientos de radiación, Prophet no se
enfermó ni una sola vez. Tuvo que faltar
al trabajo debido a unas pocas citas, pero
estuvo activa en todo momento, ya fuera
trabajando, o en su casa recuperándose y
pasando tiempo con el Señor.
“Paso mucho tiempo de recogimiento
con Dios. Tengo una habitación en mi casa
llamada ‘sala de juegos de Christy’. Es mi
espacio personal. Es mi santuario dentro
de mi santuario”. Bromea diciendo que
hasta Charles tiene miedo de interrumpirla
durante su tiempo devocional.
“Es mucha la paz que encuentro en mi
tiempo a solas con Dios. Algunas personas
creen que tienen que estar ocupadas, pero
yo puedo estar sentada en esa habitación,
sin nada de música, y nada de televisión”.
Hoy, Christy no tiene cáncer y alaba al
Señor por su misericordia. “Todo se lo debo
a Dios. Conozco al Dios que adoro”. Ella
es una inspiración no solamente para sus
amigos y compañeros de trabajo, sino también para otros que están luchando con una
grave enfermedad. El médico de Christy la
ha animado a hablar de su experiencia en
conferencias, pero ella tiene en mente otro
reto en estos días: su madre anciana.
Frances Allen tiene ahora 84 años, y está
enfrentando una serie de padecimientos
—un derrame cerebral, tres costillas fracturadas por una caída, y la demencia. Ella
sigue viviendo en su casa, asistida por una
hermana de Christy y una enfermera que
la visita de lunes a viernes. “Por lo que ella
hizo por mí, estoy tratando de hacer lo más
que puedo”, dice Prophet, “para darle la
mejor vida que le queda todavía. Ella pudo
haber sido una de esas madres que dicen:
‘Voy a dejar a estos niños con una tía o con
alguien más que los críe’, porque eso es lo
que haría mucha gente”.
“Pero mi madre decía: ‘Por nada del
mundo van a llevarse a mis hijos’”.
Es esa parte de la personalidad de
Prophet la que más brilla —la de tomar
responsabilidades. Dice bromeando que la
gente la llama “la mamá” del departamento
de finanzas de En Contacto, porque ella
siempre está pendiente de ayudar a otros.
A pesar de las pruebas que ha enfrentado, Christy dice que ha aprendido de
los momentos difíciles de la vida. “Fueron
verdaderas bendiciones para mí. Si tuviera
que pasar de nuevo por ellos, no haría nada
diferente. No estoy avergonzada ni molesta
por algo que haya hecho en mi vida; realmente no. Porque Dios me ha sacado adelante en todo”.
ENCONTACTO.ORG
25
C
La fe cristiana no está
basada en evidencias
débiles, sino en
una prueba firme e
indiscutible.
por Abdu Murray
26 A B R I L 2 0 1 5
EN CONTACTO
C
sucede lo mismo.
Sale un programa especial de televisión o un libro
que desafía la validez de la Resurrección de Jesús.
Promete revelar información nueva o secreta
que “la iglesia no quiere que se sepa”. Pero tal información
no es nueva ni secreta; está destinada a desacreditar la
fe cristiana, pues si la Resurrección puede ser echada por
tierra, la esperanza del cristiano deja de ser segura.
ADA AÑO CERCA DE SEMANA SANTA,
Debo confesar que yo solía hacer esa
misma objeción. Cuando era un musulmán devoto, rechazaba la Resurrección
de Jesús, porque el Corán decía que Él no
había muerto en la cruz, y mucho menos
que resucitó de los muertos. (Véase Corán 4:157-158). Como musulmán, quería
que otras personas creyeran lo que yo
creía —que la seguridad de nuestra esperanza no está basada en la muerte y la
Resurrección de Cristo, sino en la misericordia de Dios para quienes se esfuerzan
por obedecer todos sus mandamientos.
Desacreditar la Resurrección desacreditaría al evangelio, lo que me permitiría
atraer a la gente a cualquier esperanza
que pudiera ofrecer el Islam. Después de
todo, como escribió el apóstol Pablo: “Y si
Cristo no ha resucitado, vana es entonces
nuestra predicación, vana es también
vuestra fe” (1 Co 15.14).
Durante siglos, las diversas religiones
han pretendido ofrecer esperanza. Pero,
dado que los fundadores de esas religiones nos piden que les sigamos, en nuestras mentes debe surgir una pregunta:
¿Por qué debemos confiar en tal persona?
Sus respuestas no nos han dado pruebas
sustanciales. Han dado pruebas subjetivas que solo apelan a nuestro sentido de
la belleza, de la estética, o de la autoridad.
El Islam, por ejemplo, enseña que el milagro central (y, básicamente, el único milagro) que certifica la condición de profeta
de Mahoma, es la excelencia del lenguaje
del Corán. Pero eso es simplemente una
afirmación subjetiva. El texto estimado
del hinduismo es el Bhagavád-guitá, que
cuenta la historia del encuentro del dios
Krisna con un joven guerrero llamado
Arjuna mientras éste lucha con analizar
el deber, el honor, la guerra y el amor.
Pero esta historia no tiene ningún fundamento histórico, lo que significa que sus
lecciones simplemente apelan a nuestras
preferencias. Cuando se le preguntó a
Buda qué confirmaba la validez de su autoridad espiritual, simplemente señaló la
profundidad de su enseñanza. “Miren mi
dharma [religión]”, decía, sin dar ninguna
otra justificación. Y el ateísmo naturalista nos dice que nuestra esperanza se
encuentra en los valores comunes de la
humanidad, pero no nos da ninguna base
para tal esperanza.
Sin embargo, la respuesta de Jesús es
única. Al entrar en el templo, vio a los
mercaderes robando a la gente. Por tanto,
volcó sus mesas y los expulsó, declarando
que habían hecho de “la casa de mi Padre
casa de mercado” (Jn 2.16). Mientras salían para alejarse del fuego que veían en
sus ojos, le preguntaron: “¿Qué señal nos
muestras, ya que haces esto?” (v. 18).
Jesús respondió como nadie más podía
hacerlo. “Destruid este templo”, dijo, “y
en tres días lo levantaré” (v. 19). Se refería
a su propio cuerpo, por supuesto. Pero
no pasemos por alto el contexto. Jesús
se refirió al templo como “la casa de mi
ENCONTACTO.ORG
27
Padre”, declarando de esa manera que
era el Hijo de Dios divino. Esa no era una
declaración intrascendente. Por eso las
autoridades preguntaron con toda razón:
“¿Qué señal nos muestras, ya que haces
esto?” “¿Por qué debemos creerte?” A
diferencia de otros líderes espirituales,
Jesús les dio una prueba concreta —su
Resurrección de los muertos.
El evangelio le habla a nuestras emo-
Hablamos de
“esperanza” como
la expectativa de
que una promesa se
cumplirá, mientras
que “fe” es nuestra
confianza en Aquél
que hizo la promesa.
ciones, al mismo tiempo que nos da
una sólida base histórica sobre la cual
sabemos que nuestros sentimientos de
esperanza están bien fundados. Por Hebreos 11.1 sabemos que la esperanza y la
fe no son sinónimas. Aunque, a menudo
hablamos de “esperanza” en el sentido
de una expectativa cargada de emoción
de que una promesa se cumplirá, “fe” es
nuestra confianza en Aquél que hizo la
promesa.
Pero, ¿cómo podemos confiar en Jesús? En primer lugar, por su muerte en
la cruz. Por supuesto, para que Jesús resucitara de los muertos, tenía que haber
muerto primero. Traigo esto a colación
porque, como he mencionado antes, los
musulmanes afirman que Jesús no murió
realmente. Pero la evidencia histórica
—incluyendo no solamente los evangelios, sino también fuentes extrabíblicas,
como el historiador romano Tácito y el
28 A B R I L 2 0 1 5
EN CONTACTO
historiador judío Josefo —nos dicen que
Jesús murió crucificado por orden de
Poncio Pilato. Por cierto, el historiador
ateo moderno Gerd Lüdemann escribe:
“La muerte de Jesús, como consecuencia
de la crucifixión, es innegable”.
Luego, tenemos las apariciones del
Señor a sus discípulos. La historia nos
dice que los discípulos estaban firmemente convencidos de que, después de
su muerte, lo vieron —con vida— con
sus propios ojos. Según la historiadora
Paula Fredriksen, la convicción de los
discípulos de que habían visto al Cristo
resucitado se basa en “hechos conocidos que no dan lugar a dudas”. Y ella no
está sola en esa conclusión. A pesar de
que rechaza al cristianismo, y cuestiona
lo que fue realmente la Resurrección,
Lüdemann admite que “puede tomarse
como históricamente cierto que Pedro
y los discípulos tuvieron experiencias
después de la muerte de Jesús, en la que
Él se les apareció como el Cristo resucitado”. Los discípulos fueron muertos o
estuvieron dispuestos a morir por su convicción en cuanto a la Resurrección de
Jesús. Y, muy diferente a los miembros
de una secta o de los radicales que están
dispuestos a morir por una creencia de
la cual alguien les convenció de que era
cierta, los discípulos estuvieron dispuestos a morir por un hecho que ellos sabían
era, o bien cierto o bien falso. Si la Resurrección no hubiese sucedido, realmente,
ellos lo habrían sabido, y su predicación
habría sido una mentira. Pero se mantuvieron firmes frente al sufrimiento.
En tercer lugar, la historia nos dice que
los escépticos Pablo y Jacobo se convirtieron después de encontrarse con el
Cristo resucitado. Sabemos por las fuentes más antiguas que Jacobo no creía en
Jesús antes de la Resurrección (Mr 3.21,
31; 6.3, 4; Jn 7.5). Pero, después de que
Jesús resucitó, Jacobo se convirtió
UNA DEUDA PAGADA
POR COMPLETO
Usted es amado, no importa lo que haya hecho.
En la cruz, el Señor Jesús hizo posible que usted sea salvo. En esta serie de ocho
mensajes, titulada El mensaje alentador de la cruz, el Dr. Stanley reflexiona acerca de lo profundo que es el amor de Dios.
Aunque el Señor Jesús no había hecho nada digno de muerte, Él puso su vida
para llevar nuestros pecados en el Calvario. Tenemos una nueva vida gracias a
la sangre derramada por Cristo, pero eso es apenas el comienzo. Permita que el
Dr. Stanley sea su guía para que descubra todos los tesoros que usted tiene en
Jesucristo.
EL MENSAJE ALENTADOR DE LA CRUZ
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Jesús murió
crucificado, y resucitó
de los muertos tres
días después. Esa
realidad histórica
es la seguridad de
la esperanza del
cristiano.
me obligó a aceptar que esos hechos
ocurrieron. Pero hizo falta todavía más
tiempo para que la verdad hiciera el viaje
más largo, de la cabeza al corazón. ¿Por
qué razón? Porque las consecuencias de
en el líder de la iglesia de Jerusalén (Gá
creer en la Resurrección eran demasiado
1.19; 2.9; Hch 12.17; 15.13). Y Pablo no era
grandes. Porque, en realidad, la Resurrecsimplemente un escéptico, sino también
ción declara que el evangelio es verdad;
un enemigo de la iglesia, que estuvo de
y es, al mismo tiempo, una refutación de
acuerdo con el asesinato de Esteban, y
arrastraba a la cárcel a los cristianos (Hch todas y cada una de las cosmovisiones
7.58; 9.1-9; Gá 1.13). Pero su encuentro con que quieran negar el significado de la
cruz. Y si mi cosmovisión rechazara la
el Cristo resucitado transformó a Pablo
de perseguidor de la iglesia, en el paladín Resurrección de Jesús, entonces tendría
que renunciar a ella y morir a mí mismo.
del evangelio (1 Co 15.3-8; Gá 1.11-18).
Como dijo Jesús en Juan 2.18, 19, su
Y, por último, está la tumba vacía. Aunque no todos los eruditos están de acuer- Resurrección da razón a su afirmación
do en su historicidad, un buen número sí de que soy un pecador en necesidad de
lo está. De hecho, el autor William Wand un salvador, y de que Él es ese Salvador.
Hoy, esta verdad empapa cada aspecto de
resume bien el argumento cuando dice:
“Toda la evidencia histórica que tenemos mi vida. La cual no solo me da esperanza
está a favor de la tumba vacía, y los erudi- para el futuro, también transforma la
tos que la rechazan debe reconocer que lo manera como enfrento la vida en el prehacen por otra razón diferentes a la histo- sente. La Resurrección nos asegura que
después de los Viernes Santos llegan los
ria científica”.
Domingos de Resurrección. La esperanza
Solo una explicación da cuenta de que
el Señor Jesús murió crucificado y resuci- para un mundo afligido por el dolor y la
tó de entre los muertos tres días después. desgracia es la evidencia de que Jesús
Esa realidad histórica es la sustancia de la resucitó de los muertos, como solamente
puede hacerlo el Señor de la Gloria. Jesús
esperanza del cristiano.
resume en una sola frase todo lo que se
Hubo un tiempo en mi vida cuando
estos hechos eran lo que Al Gore llamaría ha escrito en cuanto a esta esperanza:
“verdades que no convienen”. Después de “Porque yo vivo, vosotros también viviaños de estudio, mi integridad intelectual réis” (Jn 14.19).
30 A B R I L 2 0 1 5 E N C O N T A C T O
meditaciones s diarias
EXTRAÍDAS DE LAS PREDICACIONES DE CHARLES F. STANLEY
Oriquídia Phalaenopsis, Papaikou, Hawai
F O T O P O R C H A R L E S F. S TA N L E Y
ENCONTACTO.ORG
31
MI É
E
Al comenzar abril, la
Semana Santa ya está
en marcha. Así que usted
encontrará reflexiones
devocionales especiales
para el Jueves Santo, el
Viernes Santo y el fin de
semana la de Resurrección.
Si no leyó los devocionales
del Domingo de Ramos o
los otros correspondientes
al fin de semana del mes
anterior, puede leerlos
por Internet visitando la
página encontacto.org.
32 A B R I L 2 0 1 5 E N C O N T A C T O
1
Preparación para
el valle
1 PEDRO 4.12-19
l propósito principal de una experiencia en la cumbre es prepararnos
para el valle. Es por eso que no podemos
permanecer en la cima. Cuando Pedro,
Jacobo y Juan bajaron del monte de la
Transfiguración (Mt 17.1-9) encontraron
muchas dificultades que al final les llevaron a ver al Señor colgado en una cruz.
Por mucho que podamos anhelar permanecer en la cima, Dios no nos mantiene allí; al final, tenemos que volver a las
vacías y polvorientas planicies de la vida.
Su intención es que seamos fortalecidos
por la adoración a Él y por su Palabra
—para seguir con nuestra rutina del lunes,
preparados para dejar una huella en los
demás. Si Jesús caminara entre nosotros
hoy, pasaría su tiempo en las calles, en las
esquinas y en los lugares donde pocos de
nosotros, por nuestro orgullo, quisiéramos
ser vistos.
Los tres discípulos, sin duda, habrían
querido permanecer con el Señor en la
montaña, pero ese no es el propósito de
una euforia espiritual. El objetivo es que
Dios pueda revelarse a nosotros de una
manera nueva. Para ello, nos prepara para
regresar a los lugares donde tenemos que
enfrentar las tareas que preferiríamos evitar. Las realidades de la vida no son para
evadirlas. Dios quiere que aprendamos a
vivir cada día bajo la dependencia de su
Espíritu.
El Señor estaba utilizando el tiempo
en la cumbre con el fin de preparar a
Pedro, Jacobo y Juan. Cuando Dios nos
lleva a una cumbre, no lo hace con la
intención de que nos quedemos allí. Él da
experiencias espirituales especiales para
fortalecernos y hacernos más eficientes al
involucrarnos en la vida real.
Jueves Santo
Lavados y limpiados para servir al Maestro
JUAN 13.1-17, 31-35
E
sta no era la primera fiesta pascual de los discípulos, pero sería la última con su
Maestro. Sin embargo, ellos no lo sabían cuando se reunieron en el aposento alto
para la cena. El Séder les recordaba la sangre untada sobre las puertas de las casas de
sus antepasados. La presencia de esa sangre había salvado a los hebreos del ángel de
la muerte (Éx 12.23), y convencido a Faraón de dejarlos salir de Egipto y de la esclavitud. Los discípulos no entendían que su Maestro era el Cordero del sacrificio cuya
sangre sería untada pronto por todos sus corazones. Su sangre los haría libres para
siempre, y también a nosotros, de la esclavitud al pecado y la muerte.
Mientras se servía la cena, Jesús se puso de pie. Todos los ojos le siguieron
mientras se quitaba su manto y se ceñía una toalla a la cintura. Los hombres estaban
intrigados por lo que Él estaba haciendo, pero no se atrevieron a preguntar. Después de llenar una palangana con agua, el Señor se arrodilló y comenzó a lavar los
pies del primer discípulo. Después se movió al siguiente, y luego a cada uno de los
demás.
¿Había perdido Jesús el juicio? Los discípulos intercambiaron miradas nerviosas
y se retraían cuando las manos de su Maestro tocaban sus pies. ¿Cómo podía Él
rebajarse y hacer una acción tan indigna y humilde? Ellos nunca habían imaginado
hacer una cosa así. “Por favor, no lo hagas”, quisieron decirle. “Deja que un sirviente
haga esto”.
Pedro, siempre el vocero, trató de detenerlo. Jesús le aseguró que algún día lo
entendería, pero que, por ahora, debía dejar que hiciera el lavamiento. En ese caso,
también las manos y la cabeza, dijo Pedro. Pero Jesús le dijo que solamente sus pies
necesitan ser lavados, puesto que ya se había bañado para la celebración.
Jesús sabía, por supuesto, que uno de estos amigos no estaba limpio. Durante
tres años, Judas había visto a Jesús personalmente, sirviendo, enseñando y amando. Pero, a pesar del privilegio de ser testigo de todo esto, Judas tenía sus propios
planes y prioridades. Así pues, con los pies recién lavados por las manos de Dios, el
traidor guiaría pronto a los soldados y a los funcionarios religiosos adonde podían
arrestar al Señor.
Jesús lavó los pies de los discípulos para darnos un ejemplo de amor y servicio.
Cuando dijo que los discípulos no eran mayores que su Maestro, Él también nos tenía
a nosotros en mente. Sin que hubiese ninguna razón para ser humilde, Jesús nos dio
un ejemplo de humildad. Él nos manda a hacer lo mismo por amor a Él y a los demás.
Una noticia así puede ser tan difícil de tragar como las hierbas amargas del Séder.
Ante una habitación llena de pies que necesitan ser lavados, ¿qué tan dispuestos
estamos a ceñir nuestras toallas? Para nosotros, servir puede significar llevar a una
cita médica a una persona anciana, visitar regularmente a los enfermos, ayudar a una
madre soltera con el cuidado de sus hijos o reparar cosas en su casa. En esta Pascua,
que podamos llegar hasta otros con manos dispuestas y corazones limpiados por la
sangre del Maestro.
— LeAnne Benfield Martin
E N C O N T A C T O . O R G 33
Viernes Santo
El punto crucial en el tiempo
MARCOS 15.16-39
A
menudo escuchamos la frase “el quid o punto crucial de la cuestión” o “el
punto crucial de la situación”. La palabra crucial viene del latín medieval, y
tiene que ver con “cruz”. ¿Por qué ha llegado la palabra cruz a estar asociada con
una coyuntura o punto crítico en el tiempo? Porque la cruz de Cristo es verdaderamente el punto crucial de la historia. Sin la cruz, la historia en sí no puede ser
definida o reajustada.
Hay otra palabra que normalmente se escucha, en el idioma inglés, cuando se
está en medio de un dolor terrible: es la palabra excruciating, que significa dolor
insoportable. Ésta, también, se deriva del latín y significa “fuera de la cruz”. A lo
largo de la historia y de la experiencia humana, el acontecimiento histórico de
la cruz intercepta al tiempo y al espacio, y habla a las heridas más profundas del
corazón humano.
Pero en la vida hay más que dolor y sufrimiento. También vivimos con anhelos
profundos dentro del corazón humano, como el anhelo por la verdad, la justicia,
el perdón y la paz. Como lo veo, hay solamente un lugar en el mundo donde estos
anhelos convergen: en la cruz de Cristo, donde la paz y la justicia perfectas se
unieron la tarde de un viernes.
La cruz define lo que son las implicaciones del amor. Es que, en términos cristianos, el amor no es simplemente una emoción o una expresión para reconciliarse
con Dios. En una relación con Dios, el amor, en última instancia, se transforma en
adoración. Todas las relaciones terrenales terminarán algún día. Es en la adoración solamente que la admiración a Dios y la verdad de Él se funden, prefigurando
la consumación de la comunión eterna. Ese enriquecimiento que proviene de la
adoración nutre todas las demás relaciones, y nos ayuda a mantener sagrados
todos los compromisos fundamentales de la vida.
Nunca antes ha sido más evidente que este mundo necesita redención —y esa
redención es costosa. La cruz, más que nunca, es necesaria para superar la brecha
entre Dios y nosotros. Sin la cruz, el abismo que nos separa de la verdad, el amor,
la justicia y el perdón, nunca podrá ser salvado. Las profundidades del misterio
y el amor que se encuentran en la cruz, nunca podrán ser descifradas totalmente,
pero el anhelo de un verdadero creyente en Cristo debe ser maravillarse por el alto
precio de ella, y ensalzar su significado.
Es por eso que celebramos la Pascua. La cruz se erige como la perspectiva
contraria a todo lo que este mundo nos ofrece. Al guardar esta Semana Santa, que
usted sea lleno de admiración y adoración al Señor.
—Ravi Zacharias
34
A B R I L 2 0 1 5 E N C O N TA C T O
Fin de semana de la Resurrección
La resurrección:
El destino de Cristo —y el nuestro
1 CORINTIOS 15.3-22
A
lo largo de la semana pasada, los creyentes en todo el mundo recordamos los
pasos finales del Señor Jesús mientras se preparaba para la cruz. Su humillación y su sufrimiento nos destrozaron una vez más el corazón, pero en el fondo,
estaba la expectativa de lo que sabíamos que vendría: ¡Él ha resucitado!
La resurrección era el destino del Salvador —pero también lo era la cruz. Jesús
vino como el Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo (Jn 1.29). Pero
¿sabía usted que la cruz es también el destino ordenado por Dios para los creyentes? Pues es la única manera de hacer frente al pecado. Cuando Jesús murió en el
Calvario, llevó el castigo por nuestros pecados, para que todo aquel que cree en Él
pueda ser perdonado y declarado “inocente” Desde la perspectiva judicial de Dios,
ya hemos sido crucificados con Cristo, porque el castigo por nuestro pecado ha
sido pagado. Sin embargo, la salvación no extirpa nuestra vieja manera pecaminosa de pensar, ni tampoco nuestros deseos.
Lo que Cristo hizo al quitar el castigo por el pecado, es lo mismo que cada uno
de nosotros debe hacer para vencer el poder del pecado en nuestra vida. Pero la
cruz es el último lugar al que queremos ir. Ella no solo produce dolor, sino también el camino que lleva al Getsemaní, donde tenemos que decirle a Dios: “No se
haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22.42).
Aunque anhelamos vencer el pecado, no siempre estamos dispuestos a hacer lo
que se requiere. Sin embargo, si tratamos de evitar la cruz, no tendremos la vida
abundante que Dios quiere darnos. En vez de vivir de triunfo en triunfo sobre la
tentación, estaremos en una montaña rusa de altibajos. Cada vez que fallemos,
nos esforzaremos más por no volverlo a hacer, pero no hay manera de mejorar o
reformar nuestras tendencias pecaminosas. Hay que darles muerte.
Pero la cruz no es el punto final. El objetivo de Dios es que “andemos en vida
nueva” (Ro 6.4). Una vez que clavemos en la cruz esas viejas inclinaciones carnales, ellas comenzarán a perder su atractivo, y nuestro corazón empezará a
encontrar gozo en obedecer al Señor. Así como Cristo fue resucitado de entre los
muertos, nosotros también encontraremos una vida de victoria más allá de nuestro Gólgota.
Hágase estas preguntas: ¿Qué está en el centro de mi vida? ¿Qué me motiva?
¿Hay algo, que no sea el Espíritu Santo, que controla mi vida? ¿Existe algo que
no estoy dispuesto a rendir al Señor? Si algo o alguien en su vida tiene prioridad
sobre Cristo, eso es idolatría. Cualquier cosa a la que se esté aferrando, o que le
tenga aferrado, necesita ser llevada a la cruz. Una nueva vida de libertad y poder
le aguarda más allá de la tumba.
—Charles F. Stanley
E N C O N T A C T O . O R G 35
NEHEMÍAS 8
¿P
or qué será que dos personas
pueden sentarse en el mismo
banco, escuchar la misma predicación,
y marcharse con reacciones diferentes?
Una está gozosa, y la otra no sintió nada.
Creo que la razón es que algunas personas no saben cómo escuchar la Palabra
de Dios.
Nehemías 8 es una escena increíble del pueblo de Dios reunido para
escuchar su Palabra. Recordemos que
ellos no tenían copias de las Sagradas
Escrituras para poder leerlas. Durante
generaciones, lo sucedido entre Génesis y Deuteronomio fue transmitido de
padres a hijos. Además, estas personas
habían estado en el exilio durante muchos años. Fue la primera vez que la mayoría de ellos escuchaba la Palabra leída.
Imaginemos su emoción al escuchar con
atención lo que el Señor les decía.
Los israelitas tenían hambre de la
Palabra de Dios. ¿La tiene también
usted? ¿La escucha con entusiasmo? La
duración del período de atención de una
persona está directamente relacionada
con la intensidad de su avidez de algo.
Si usted tiene ansias por saber más de
Dios, entonces fijará su mente en lo que
Él está diciendo por medio de su pastor
o de su lectura personal de la Palabra.
Nada en el mundo importa tanto como
lo que el Señor tiene para decirnos.
Hay muchas cosas que reclaman
nuestra atención, pero pocas realmente
la merecen. El Señor es digno de toda
nuestra atención. Él tiene algo que decir
a cada persona. Por eso, quien escucha la Palabra de Dios con un corazón
abierto y una mente alerta recibirá un
mensaje de Él.
36 A B R I L 2 0 1 5 E N C O N T A C T O
MAR
L UN
6
Cómo escuchar la
Palabra de Dios
A
7
Escuchar con
intencionalidad
1 SAMUEL 3.1-10
yer hablamos de escuchar la Palabra
con avidez y atención. Pensemos hoy
en cómo acercarse a la Biblia con intencionalidad, interés y devoción.
Los creyentes estudian las Sagradas Escrituras no solo individualmente; también
de manera colectiva para aprender más
sobre el Señor. Detrás de este sencillo concepto hay un gran reto. Adquirir conocimiento bíblico requiere decidir obedecer
de corazón lo que escuchamos (Sal 119.33).
Y para esto, hacerlo con interés significa
creer que el Señor nos hablará (25.4). Las
prédicas, las lecciones de estudio bíblico,
y los momentos de recogimiento personal,
deben ser parte de nuestra vida. Dios usa
estas cosas para edificarnos, fortalecernos
y confortarnos; por tanto, escuchar al
Señor es beneficioso. Y la obediencia es la
única respuesta adecuada a esta clase de
atención personal.
Acercarnos a la lectura de la Biblia con
devoción prepara nuestro corazón para
escuchar, y es el preludio de una actitud
de propósito e interés. El pasaje de hoy
nos cuenta la historia del primer encuentro del joven Samuel con Dios. El sacerdote Eli da al muchacho un consejo valioso
—que cuando el Señor lo llame, diga:
“Habla, Jehová, porque tu siervo oye” (v.
9). Diga al Señor estas sencillas palabras
con convicción antes de abrir su Biblia, y
escuchará a Dios con más claridad.
Si usted quiere sentir a Dios obrando en
su vida, venga a la Biblia con una actitud
devota, de interés y llena de intencionalidad. Los afligidos son consolados. Los
cansados reciben fuerza. Los redargüidos
por su pecado se arrepienten y alcanzan
la paz. Reconozca el gran regalo que es la
Palabra de Dios.
“¡D
GÉNESIS 12.1-4
ios le bendiga!” Escuchamos
esto todo el tiempo, ¿verdad?
Escuchamos tan a menudo esta frase, que
no nos detenemos a considerar lo que
significa.
En Génesis 12, la orden de Dios a
Abram revela su maravillosa promesa de
crear una nación próspera a partir de este
hombre, y de darle renombre imperecedero. Pero, además, Dios extiende también
su bendición a la familia de Abram y, en
última instancia, a una escala mundial,
prometiendo bendecir a toda la humanidad por lo que estaba haciendo en la vida
de esta persona específica.
Por tanto, cuando el Señor habla de
bendecir a alguien, significa que le
promete intervenir de manera clara y
poderosa en la vida de ella. Esto pudiera
significar darle una familia próspera
y feliz o, posiblemente, prosperidad
económica. También pudiera implicar
seguridad emocional o discernimiento
espiritual. El Padre celestial pudiera tener
en mente darle honra, sabiduría o un
propósito eterno. De hecho, vemos cada
una de estas cosas en la promesa de Dios
a Abraham.
Pero no pasemos por alto dos condiciones para tener el favor del Señor. Al
observar la vida de Abram, vemos que
Dios valora la obediencia y la fe (12.4;
15.6; 22.2, 3, 12).
Dios quiere traer abundancia a su
vida. Asegúrese de que su bendición no
esté siendo obstaculizada. Hágase estas
preguntas: ¿Estoy confiando en Él? ¿He
dejado de hacer algo que el Señor me ha
pedido que haga? Ríndase a su llamada,
y abra sus brazos para recibir lo que su
Padre celestial anhela darle.
J UE
MI É
8
La bendición
de Dios
9
Bendecido con
menos
SALMO 81.6-16
E
l pasaje de hoy describe una imagen
habitual en cuanto a la bendición del
Señor. Lo leemos, y concluimos que si
escuchamos y obedecemos a Dios, Él nos
dará más y más. Tendemos a pensar en las
bendiciones como beneficios que el Señor
nos da para que los disfrutemos.
Podemos alabar a Dios por un aumento de sueldo. Podemos darle gracias por
una nueva relación. En nuestra mente,
la palabra bendición se ha convertido en
sinónimo de regalo, ¿verdad?
A muchos creyentes puede sorprenderles saber que Dios, muchas veces,
nos bendice quitándonos cosas. Piensan:
¿Qué? ¿Cómo puede Dios bendecirme al
darme menos de lo que deseo?
Esta manera de pensar revela un
problema de orgullo. Es fácil suponer que
sabemos lo que es mejor para nosotros.
Nuestra conclusión lógica es: si algo me
gusta, entonces debe ser bueno y correcto.
Por tanto, la bendición del Señor debiera
ser darme más de eso, ¿correcto?
No. Las cosas que Dios trae a nuestra
vida son las que Él sabe que nos bendecirán. Nuestra miope perspectiva nos
impide ver todo el panorama, pero Él lo
ve todo de principio a fin. Sabe si cierta
relación o más dinero serán, al final, una
bendición o una maldición. En algunas
situaciones, lo mejor que Él puede “dar” es
quitarnos algo.
El Señor, algunas veces, decide “bendecir con menos”. ¿Puede usted recordar
una desilusión específica que le llevó a
dudar de que Él estuviera actuando para
darle lo mejor? Con el paso del tiempo y
con la perspectiva, ¿puede ver ahora el
tierno cuidado de Dios para con usted
cuando le quitó algo?
E N C O N T A C T O . O R G 37
fin
VI E
10
de semana
Cómo hallar fortaleza en el Señor
La obediencia al
plan de Dios
SALMO 31
ROMANOS 11.33-36
E
l mundo no ofrece mucha esperanza,
pero Dios sí. Mucho antes de que
fuera rey, David se desvió de la voluntad
de Dios. Para estar más allá del alcance
de Saúl, buscó refugio entre los filisteos, y
cuando regresó a las cenizas de su ciudad,
Siclag, estaba totalmente angustiado. Pero
David “se fortaleció en Jehová” (1 S 30.6).
Aunque la Biblia no lo especifica, creo
que experimentó un proceso espiritual de
cinco pasos.
Primero, se arrepintió. El arrepentimiento es un cambio de parecer que
resulta en un cambio de conducta. Al reconocer su error, David escogió una nueva
dirección. Segundo, recordó la fidelidad
de Dios en momentos difíciles del pasado.
Tercero, reflexionó en el poder del Señor.
Estaba emocional, física y espiritualmente
agotado, pero había estado agotado antes
y sabía que el poder de Dios era suficiente
para él.
Cuarto, David recordó las promesas de
Dios. Sus salmos revelan que él valoraba la certeza de la protección, la paz y
la ayuda del Señor en sus dificultades.
Quinto, resolvió confiar en Dios, en vez
de entregarse a la desesperación que
amenazaba con aplastarlo. En respuesta a
la fe de David, Dios le dio la fortaleza que
necesitaba desesperadamente.
Si usted se rinde a Dios en sus momentos de desesperación, Él le dará lo que
necesite, como lo hizo con David. El Señor
quiere dar fuerzas a sus hijos, para que
puedan sostenerse bajo el peso de las circunstancias difíciles. Por tanto, sométase
a Él; en algún momento, usted echará una
mirada al pasado y, sin duda, recordará
aquel día como el comienzo de un nuevo
crecimiento en su fe.
38 A B R I L 2 0 1 5 E N C O N T A C T O
A
la mayoría de nosotros nos gusta
tener el control de nuestros planes,
y nos sentimos frustrados cuando las
cosas no salen de acuerdo con ellos. Pero,
si verdaderamente deseamos estar en el
centro de la voluntad perfecta de Dios,
tenemos que estar dispuestos a cooperar
con su agenda.
Piense en la manera como usted ora.
Sin darse cuenta, es posible que le esté
exigiendo a Dios que se adhiera al plan
que usted ya ha dispuesto de acuerdo con su limitada sabiduría. Pero si
creemos que Él es quien dice ser, ¿cómo
no puede ser para nuestro provecho
someternos a su dirección? Considere los
atributos inigualables y admirables del
Señor:
• Su conocimiento total. El Señor sabe
todo, y conoce los detalles de la vida
de cada persona —pasados, presentes y
futuros.
• Su sabiduría absoluta. Dios entiende
cada motivación del ser humano, mientras que ninguno de nosotros es capaz de
discernir con exactitud las intenciones de
las personas. El Señor posee la sabiduría
para actuar basado en la verdad.
• Su amor incondicional. Nuestro Creador está motivado siempre por el amor,
y en todo momento tiene en mente lo
mejor para nosotros. A menos que confiemos en su amor, nuestra perspectiva de
la realidad será distorsionada.
• Su suficiencia perfecta. En el momento
preciso, Dios nos dará todo lo que necesitemos para realizar su plan.
Someterse al tiempo de Dios requiere
fe y valentía. Crea en la bondad y en los
planes del Señor, y espere hasta que le dé
la señal para seguir adelante.
¿C
M AT E O 8 . 5 - 1 3
uál considera usted que sea su
propiedad más valiosa? La casa,
el automóvil, o los ahorros ocuparían
probablemente el primer puesto en la
lista de la mayoría de las personas. Pero
si las cosas materiales no dan la felicidad,
¿por qué tantas personas se esfuerzan
por acumularlas? Lamentablemente, en la
carrera por tener “más” y “mejores” cosas,
mucha gente pasa por alto el activo más
valioso: la fe.
Hebreos 11.1 define a la fe como “la certeza de lo que se espera, la convicción de
lo que no se ve”, y esto se refiere a poner
la fe en Jesucristo como Salvador. La fe
no es algo que podamos obtener por nuestros propios esfuerzos; es un don de Dios.
Piense en el poder que Dios pone a
nuestra disposición. En Mateo 17.20, Jesús
dijo que una fe tan pequeña como un grano de mostaza nos permite ver milagros.
El libro de Hechos revela que la fe de los
apóstoles dio como resultado numerosas
sanidades (3.1-8; 5.16). Y el evangelio de
Mateo nos dice que por la fe de una mujer
cananea, su hija fue liberada de la posesión demoníaca (15.22-28).
La confianza en Cristo es más que un
medio para recibir milagros —es el camino a la salvación. La Biblia declara que no
hay nada que podamos hacer para lograr
la seguridad eterna en el reino de Dios;
somos salvos solo por gracia (Ef 2.8, 9).
La mejor manera para avanzar es recibir
primero el mayor regalo, que es la fe en
Cristo. Romanos 10.9 dice: “Si confesares
con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de
los muertos, serás salvo”. En ninguna otra
parte se encuentran la salvación y la vida
abundante.
MAR
L UN
13
Nuestro mayor
tesoro
14
El camino de la fe
HEBREOS 11.23-28
M
uchas personas consideran a Moisés
un “pilar” bíblico de los días del
Antiguo Testamento —un hombre sin
igual en devoción a Dios. Ciertamente,
él tuvo encuentros excepcionales con
el Todopoderoso, y fue llamado a hacer
grandes cosas con la ayuda del Señor.
Sin embargo, al igual que nosotros, era
un ser humano pecador. Pero el Nuevo
Testamento lo elogia por algo que todos
nosotros podemos tener: fe.
Los versículos de hoy son parte del
pasaje conocido como los “Campeones
de la fe”. Quienes tuvieron la honra de
ser incluidos en este capítulo de la Biblia,
fueron escogidos porque actuaron con
obediencia, y Dios hizo grandes cosas por
medio de ellos.
Nosotros, también, podemos ver la
mano de Dios cuando actuamos por fe.
Cuando confiamos en Él y le obedecemos,
Dios manifiesta su poder y demuestra que
realmente es el Señor. Al actuar con su
poder en medio de nuestra debilidad, nos
enseña a confiar en Él.
Eso no quiere decir que el camino sea
fácil; Jesús advirtió que el camino de la fe
incluye sufrimiento. De hecho, muchos de
los primeros cristianos fueron maltratados
o asesinados por causa de Él; y aun hoy la
fe enfrenta una dura persecución en diversas partes del mundo. Aunque es posible
que esa no sea nuestra experiencia, cada
uno de nosotros ha sido ridiculizado, malentendido o rechazado por seguir a Cristo.
Aun la persecución leve puede llevarnos a preguntarnos si vivir nuestra fe
vale la pena. La verdad es que es la mejor
manera de vivir. Dios responde a la fe de
sus hijos, demostrando su poder y proporcionándoles gozo.
E N C O N T A C T O . O R G 39
HECHOS 2.22-24
C
reer que el Señor Jesucristo resucitó
de los muertos es fundamental para
los cristianos. Reconocer simplemente
que Él murió por nuestros pecados, no
es suficiente; tenemos que aceptar su
Resurrección para poder recibir la vida
eterna. Cristo pagó nuestra deuda, pero
su sacrificio en la cruz no significa nada, a
menos que Él tenga poder sobre la tumba.
Al imponerse sobre el mal y la muerte, el
Señor hizo posible nuestra salvación.
La resurrección de Jesús demostró
que tenía el poder de quitar el pecado y
su castigo. Creer que Cristo permaneció
muerto significaría aceptar lo contrario:
Que los creyentes siguen estando en el
pecado. Y el final inevitable de una vida
de pecado es la muerte. Por consiguiente, una persona que niega la naturaleza
eterna de Cristo mira hacia un futuro sin
esperanza. Bertrand Russell, un famoso
filósofo ateo, dio esta triste descripción
de tal desesperanza: “Breve y estéril es la
vida del hombre; sobre él y sobre todo su
linaje, se abate la muerte, de una manera
despiadada, lenta e infalible”.
En vez de disfrutar de la esperanza de
un hogar en el cielo, quienes rechazan la
resurrección son esclavos del presente.
La profesión, la familia y las buenas obras
pueden ofrecer un placer breve, pero no la
clase de gozo que da saber que disfrutamos de una relación con el Señor y
vivimos dentro de su voluntad.
La resurrección no es un tema para un
debate teológico. O creemos que Cristo
resucitó de los muertos y ascendió al
cielo, o no lo creemos. Si rechazamos su
victoria sobre la tumba, nos negamos a
nosotros mismos un lugar en el cielo. Pero
si aceptamos la verdad, seremos salvos.
40 A B R I L 2 0 1 5 E N C O N T A C T O
J UE
MI É
15
La Resurrección:
¿Tiene importancia?
16
¿A
Orar con poder
SANTIAGO 5.13-18
lguna vez ha visto usted a un
corredor cerca del final de una
carrera? Cada músculo se tensa por el
deseo del atleta de llegar primero. Esta
es la misma clase de deseo ferviente que
Dios quiere ver en la vida de oración del
creyente. “La oración eficaz del justo puede mucho” (Stg 5.16).
A veces, los creyentes usan ciertas
frases clave —“en el nombre de Jesús” o
“si es tu voluntad”— como si tales expresiones tuvieran un poder mágico. Las personas se convencen de que si utilizan una
frase especial, Dios seguramente estará
encantado y responderá su petición. Pero
el poder no se encuentra en las palabras
que decimos, porque el Señor no puede
ser obligado a hacer nada que esté fuera
de su voluntad. El poder de la oración
está en la respuesta de Dios. Él responde
a las peticiones de los justos liberando su
poder sobrenatural.
Una persona que no ora es una persona
sin poder. Cuando dedicamos poco
tiempo a la comunicación con el Padre celestial, no podemos esperar ver resultados
asombrosos. El poder de Dios se libera
en respuesta a nuestro deseo ferviente de
recibir su ayuda. Un creyente que tiene
fe está decidido a orar hasta obtener
respuesta, no importa los obstáculos que
Satanás ponga. Se detiene solo cuando
Dios responde, o cuando el Padre celestial
indique claramente que la petición está
fuera de su voluntad.
Los creyentes sabios dedican tiempo y
energías a las peticiones de gran importancia. Por nuestra relación con Cristo, hemos sido perdonados, lo que significa que
tenemos la oportunidad de comunicarnos
con el Señor mediante la oración.
VI E
fin
17
E
de semana
Cómo buscar
a Dios
La búsqueda
de Dios
2 CRÓNICAS 31.20, 21
SALMO 63.1-8
l rey Ezequías de Judá servía fielmente al Señor, y estaba empeñado en
buscar a Dios con fervor, por lo cual Él lo
prosperó.
Dios quiere estar conectado estrechamente con nosotros, de la misma manera
que un padre y un hijo que se aman el
uno al otro. Nuestra búsqueda de Él debe
caracterizarse por la:
• Concentración. Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios con una mente
distraída, o cuando nuestro enfoque se
aparta a otros temas, tenemos un corazón
dividido. El Señor desea tener toda nuestra atención; quiere el primer lugar; que le
demos prioridad sobre todo lo demás que
sea importante para nosotros (Jer 29.13;
Mt 6.33).
• Diligencia. Debemos sentir devoción
por Dios, y dar especial atención a lo que
Él dice. Esto requiere un esfuerzo constante para entender cómo actúa, y lo que
quiere que hagamos.
• Perseverancia. Buscar al Señor debe ser
un esfuerzo constante y sostenido, que
nos lleve a estar más cerca de Él y a participar más en su obra (Sal 42.1).
• Confianza. Tenemos que creer que Dios
quiere que le conozcamos, y que Él desea
lo mejor para nosotros. La convicción es
un componente esencial de la confianza
(Pr 3.5).
• Humildad. Dependemos totalmente de
Dios para todas las cosas de la vida, y le
complace que nos acerquemos a Él con
humildad (Is 66.2).
Cuando nuestro corazón anhela a Dios,
Él se deleita en revelarse a sí mismo y
derramar bendiciones sobre nosotros (He
11.6). Haga una evaluación sincera de qué
tan anhelante es su búsqueda de Él.
L
a profundización de nuestra relación
con Dios —por medio del descubrimiento de su carácter y de su voluntad
para nuestra vida— se logra de varias
maneras. Cada una de ellas representa
una disciplina importante en la búsqueda
del Señor.
La meditación es un modo excelente de
cultivar nuestra relación con Dios. Incluye
leer un pasaje de la Biblia varias veces
con el propósito deliberado de escuchar al
Señor. El estudio de la Biblia nos permite
adquirir una comprensión más amplia y
más profunda del carácter, los planes y las
promesas de Dios. Resultamos bendecidos al hacernos preguntas tales como:
¿Qué revela este estudio en cuanto a Dios?
¿Hay una promesa divina que recordar?
¿Un mandamiento que obedecer? ¿Un
ejemplo a imitar?
Otra disciplina fundamental es la
oración, la cual debe ser la base de la
meditación y el estudio. El encuentro con
Dios exige tanto un oído atento como un
corazón receptivo.
Reconocer cómo Dios actúa en nuestra
vida y en las circunstancias de otras personas, nos ayudará a desear su búsqueda.
Mi abuelo me contaba cómo había obrado
el Señor en su vida, y su testimonio creó
en mí un hambre profunda y permanente
de buscar a Dios. Yo quería que el Señor
trabajara en mi vida de la misma manera
que lo había hecho en la de mi abuelo.
Estamos buscando a Dios cuando: 1)
dedicamos tiempo para descubrir cómo es
Él, y qué le agrada; 2) nuestro día no está
completo sin la comunión con Él; y 3) nos
damos cuenta de que nuestra confianza
en Él está creciendo, y estamos abandonando hábitos pecaminosos.
E N C O N T A C T O . O R G 41
HEBREOS 4.13-16
C
uando la tristeza, la depresión o la
soledad nos asaltan, podemos sentir
como si no hubiera nadie a quién acudir.
Pero Dios nos dice claramente que vayamos directamente a su trono de gracia,
cuando tengamos necesidad de algo.
La visión del profeta Isaías de esta escena es tan abrumadora, que exclama: “¡Ay
de mí, que estoy perdido! Soy un hombre
de labios impuros y vivo en medio de un
pueblo de labios blasfemos, ¡y no obstante mis ojos han visto al Rey, al Señor
Todopoderoso!” (Is 6.5 NVI). Esta sala del
trono está llena de la gloria, el poder y la
radiante majestad de Dios.
Nosotros, al igual que Isaías, podemos
sentirnos indignos, pero Dios nos extiende su gran misericordia y su gran amor
desde su trono, quitando nuestro pecado.
Podemos acercarnos a Dios una vez que le
hayamos dado nuestras vidas por medio
de Cristo. Al pedirle al Señor Jesús que
nos salve, la puerta del cielo se abre de par
en par, y somos introducidos a la sala del
trono. Allí se nos da la bienvenida, porque
el Señor Jesús es nuestro intercesor; Él
nos da acceso al Dios de toda la creación.
Porque el Señor Jesús experimentó lo
mismo que nosotros, y se compadece de
nuestras debilidades.
Jesús fue tentado al igual que nosotros,
pero nunca pecó, y siempre fue uno con
el Padre. Él nos invita a seguir sus pasos.
Su muerte y su resurrección hacen posible
que podamos recibir misericordia y gracia
en todo momento. Por eso, en vez de
quedarnos solos con nuestro dolor, fuera
de este maravilloso lugar donde siempre
somos aceptados, debemos atravesar las
puertas abiertas, e ir directamente a la
presencia de nuestro Padre celestial.
42 A B R I L 2 0 1 5 E N C O N T A C T O
MAR
L UN
20
El trono de la
gracia de Dios
21
¿A
Cuando tenemos
lo que merecemos
ROMANOS 14.7-9
lguna vez ha estado usted cerca de
personas que se niegan a aceptar
ayuda? Tal vez las ha escuchado decir
rotundamente: “¡No necesito la ayuda ni la
caridad de nadie!” Hasta cierto punto respetamos a personas así por su disposición
de valerse por sí mismas. Sin embargo,
cuando esta conducta es extrema, puede
dar lugar a serios problemas espirituales.
En su mirada alegórica de la eternidad,
C. S. Lewis describe en su libro El gran
divorcio a una persona que lo único que
quiere es “sus derechos”. Es decir, quiere
solamente lo que merece —ni más ni
menos.
A primera vista, esto parece ser un acto
de humildad. Sin embargo, tal actitud es
muchas veces el fruto de falsa humildad,
y realmente es motivada por el orgullo. Si
estamos decididos a resolver los problemas por nosotros mismos, rechazando
todos los ofrecimientos de ayuda, entonces fracasamos miserablemente cuando
tratamos de no pecar.
El pecado es un problema de todos. La
Biblia deja claro que no hay forma de evadirlo: “Por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios” (Ro 3.23).
Siendo así, ¿cuál es el precio que hay que
pagar por pecar? Romanos 6.23 revela que
“la paga del pecado es muerte”.
Si nosotros, al igual que el orgulloso
hombre del libro de Lewis, aceptamos
solamente “nuestros derechos”, entonces
el pecado y la muerte reinarán en nuestras vidas. Podemos vencer la carga del
pecado solamente cuando renunciamos
a nuestro orgullo y aceptamos humildemente lo que no merecíamos —el amoroso
sacrificio del Señor Jesucristo a favor
nuestro.
¿Q
FILIPENSES 2.5-11
ué significa que Jesucristo es el
Señor? A veces escuchamos esta
frase con tanta frecuencia, que es posible
que perdamos el significado de su gran
poder y trascendencia.
Señor es mucho más que un simple
título que le da la Biblia a Jesús. El capítulo 2 de Filipenses enfatiza este hecho,
mencionando repetidamente la palabra
nombre. Vemos que Dios le dio a Jesús
un “nombre que es sobre todo nombre,
para que en el nombre de Jesús” todos
en el cielo y en la tierra se postren, y
toda lengua “confiese que Jesucristo es
el Señor, para gloria de Dios Padre”
(vv. 9-11).
En ese pasaje, el nombre dado a Jesús
es nada menos que “Señor”. En realidad,
esa palabra no se usa para referirse a
lo que Jesús hace; sino simplemente a
lo que Jesús es. Él es, y será siempre, el
gobernante soberano de todo lo que hay
en el cielo y en la tierra.
Por tanto, si estamos de acuerdo con
esto, nuestra vida debe reflejar entonces
esa confianza. ¿Hay algo en su vida que
intenta esconder de Cristo? ¿Se ha negado a cumplir con algo que Él le ha llamado a hacer? Estos son actos de rebeldía,
y demuestran simplemente nuestra falta
de fe en Jesús como el Señor de su vida.
Un día, todo el mundo reconocerá que
Cristo es Señor de señores (1 Ti 6.15).
Nosotros, que somos sus hijos, debemos
demostrar nuestra fe invitándolo a las
áreas turbias de nuestra vida, y permitirle
que nos conforme a su imagen. Podemos
comenzar con la simple pero profunda
confesión: “Jesús es el Señor”. Y cuando
confesemos esas palabras, debemos ser
conscientes de su significado.
J UE
MI É
22
Jesucristo es
el Señor
23
Aprender de los
fracasos
LU C A S 2 2 . 3 1 - 3 4
P
edro fue un hombre de gran fe y de
acciones valerosas. Pero como sabemos, su manera de ser a veces lo llevó a
cometer errores humillantes. Más de una
ocasión, este discípulo fue etiquetado
como “triste fracasado” en vez de como
“siervo obediente”.
Todos podemos identificarnos con él
en lo que se refiere a no estar a la altura
de las expectativas. La obediencia a Dios
es un proceso —algo que aprendemos. Y
el fracaso es parte de nuestro desarrollo
como siervos humildes. Cuando cedemos
a la tentación o nos rebelamos contra la
autoridad de Dios, nos damos cuenta de
que el pecado tiene pocas recompensas.
El fracaso es una excelente herramienta
de enseñanza, como podría atestiguar
Pedro. Por medio de ensayo y error, descubrió que uno nunca debe apartar los ojos
de Jesús (Mt 14.30); que el plan de Dios
siempre debe tener prioridad sobre el del
hombre (16.21-23; Jn 18.10, 11); y que a los
creyentes se les exige humildad (13.5-14).
Pedro tomó con mucha seriedad cada
una de esas lecciones, y de esa manera se
fortaleció su fe. Dios utilizó los fracasos de
Pedro como un material de capacitación,
porque el discípulo estaba dispuesto a
madurar y servir.
Dios no recompensa la rebeldía ni la
transgresión. Sin embargo, por su gracia,
Él bendice a quienes resuelven arrepentirse y aceptar el castigo para crecer.
Todos preferiríamos madurar en la fe
sin cometer errores, pero no podemos
negar que los deslices son instructivos.
El fracaso nos enseña que es mucho más
sabio ser obedientes al Señor. Esa es una
lección que todos debemos tomar muy
en serio.
E N C O N T A C T O . O R G 43
VI E
fin
24
de semana
Cuando nos
sintamos agotados
Cómo seguir jóvenes y productivos
M AT E O 1 1 . 2 5 - 3 0
SALMO 92.12-15
T
odos hemos experimentado el agotamiento físico —momentos de cansancio por las muchas actividades o dificultades que nos asaltan. Pero también, uno
peor, el agotamiento espiritual por la
presión de tratar de obedecer a Dios, de
asistir fielmente a la iglesia, y de dedicar
tiempo a orar y leer la Biblia. El simple
hecho de pensar en todo lo que creemos
que debemos, hacer para tener éxito espiritualmente, ¡puede ser abrumador!
Cuando experimentamos fatiga espiritual, se debe a menudo a una visión
equivocada de nuestra fe. No nos damos
cuenta de que tenemos una lista de haz
esto o no hagas esto, esforzándonos por
agradar a Dios con actividades religiosas. La vida cristiana no es una fórmula
mediante la cual modificamos nuestro
comportamiento para ganarnos la aprobación del Señor. Dios extendió su mano
y nos reconcilió con Él en el momento
que le pedimos que morara en nuestro
corazón; por tanto, ya tenemos su aprobación. La verdadera madurez espiritual
implica una conciencia gradual de que
nada de lo que podamos hacer —que
ningún cambio de conducta— nos hará
aceptables. Por el contrario, reconocemos nuestra incapacidad y debilidad,
y vivimos más bien por fe. Entonces la
omnipotencia de Dios puede ayudarnos
a seguir adelante en la vida.
Piense en el poder de Dios como un
río que corre por un terreno montañoso.
Podemos caminar, resoplando y sudando,
a lo largo del sendero, o simplemente
podemos dejarnos llevar tranquilamente
por el agua. No tendremos que gastar
energías, porque la corriente nos llevará
directamente a nuestro destino.
44 A B R I L 2 0 1 5 E N C O N T A C T O
N
uestra generación tiene obsesión
por la juventud. Las tiendas están
colmadas de productos que prometen una
mejor salud, menos arrugas y un físico estilizado. Sin embargo, estas cosas apenas
tocarán la superficie de nuestro problema
de envejecimiento. A menos que intervenga la muerte, la vejez es inevitable.
Sin embargo, todos tenemos que decidir si vamos a florecer o marchitarnos,
a volvernos más fuertes o debilitarnos.
Físicamente, es posible que no tengamos ninguna opción, pero podemos ser
jóvenes de alma y espíritu, independientemente de nuestra edad cronológica.
Cuando el justo está plantado firmemente en el Señor, se volverá productivo
en las cosas que durarán por la eternidad.
Nunca debemos dejar de dar fruto. Por el
contrario, Dios quiere que permanezcamos siempre junto a Él. De esa manera,
podemos hacer el trabajo que nos ha
mandado a llevar a cabo (Jn 15.4).
El justo se volverá más fuerte en el
Señor como un cedro del Líbano (Sal
92.12). Estos árboles pueden crecer más de
30 metros, y tener una circunferencia de
12 metros. ¡Ese sí que es un árbol fuerte!
Al caminar con Cristo en nuestros años
postreros, podremos tener la confianza y
estabilidad que provienen solamente de
hacernos fuerte en la fe. Cada año es una
oportunidad para confiar más en Dios, y
apoyarnos totalmente en su Palabra.
Mantenerse joven comienza en la
mente. Nunca deje de escuchar al Padre
celestial o de aprender de su Palabra. Sea
agradecido, siga riendo, y regocíjese en
su Señor. Pero, por encima de todo, siga
creyendo en el Él y amándole con todo su
corazón.
A
GÉNESIS 47.7-9
lgunas veces, la mejor manera para
entender un concepto es pensar en lo
opuesto. Ayer estudiamos cómo conservarnos joven mientras envejecemos. Hoy
daremos un vistazo a algunas maneras de
cómo envejecer.
Jacob fue un hombre que se envejeció
por ver sus circunstancias desde una
perspectiva negativa. Nuestro pasaje de
hoy revela que estaba insatisfecho con su
vida. Aunque hay muchas cualidades en
Jacob que podemos admirar, ésta no es
una de ellas.
Nuestro enfoque determinará el nivel
de satisfacción que tendremos en la vida.
Quienes se mantienen jóvenes de espíritu
buscan siempre evidencias de las maneras
como el Todopoderoso les está ayudando,
amando y guiando. Sin esta perspectiva,
los problemas de la vida pueden pasar a
un primer plano, y causar desánimo.
También podemos envejecernos cuando llevamos cargas que no nos corresponden. Jesucristo invita a los trabajados
y cargados a venir a Él para encontrar
descanso (Mt 11.28-30). Él quiere que estemos bajo su yugo y le permitamos llevar
nuestra carga de cuidados y preocupaciones. Nuestro Salvador tiene una solución
para cada carga, y quiere ayudarnos a
ponerlas en Él.
¿Qué carga tiene usted que está envejeciendo su cuerpo, su alma y su espíritu?
Ponga en práctica las soluciones del
Señor Jesús: si es un espíritu amargado
e inflexible, perdone; si es culpa, reconózcala y arrepiéntase; si es remordimiento
por un pecado del pasado, crea que Cristo ya le ha perdonado; y si es ansiedad,
désela a Dios, porque Él tiene cuidado de
usted (1 P 5.7).
MAR
L UN
27
Maneras de
volvernos viejos
28
El privilegio de
conocer a Dios
FILIPENSES 3.7-11
E
s una tragedia que tantas personas
pasen la vida sin llegar a conocer
ni relacionarse con su Creador. Pasar
por alto esa relación es perder el mayor
privilegio que existe: conocer a Dios.
Pero incluso los creyentes pueden desestimar el honor de conocer a Cristo más
íntimamente.
La pasión del apóstol Pablo por conocer a Dios lo llevó a considerar todo lo
demás como basura. Aunque existen creyentes que han aceptado a Cristo como
Salvador, le sirven y confían en que estarán con Él en el cielo, no necesariamente
tienen el anhelo de conocerlo íntimamente. ¿Cómo podemos conformarnos con
ser salvos y tener tan poco interés en una
relación tan especial? Buscar a Cristo con
pasión requiere sacrificio —pasar tiempo
con el Señor, rendirle nuestra voluntad
y conocerle por medio del sufrimiento.
Aunque la salvación es un regalo, la intimidad con Dios es una práctica costosa,
pero las recompensas son extraordinarias, invalorables y eternas.
El mundo nos inunda con cosas que
nos distraen y que pueden ocupar nuestra mente y corazón, haciéndonos indiferentes al cultivo de una relación más
profunda con Cristo. Algunas personas,
incluso, en vez de buscar conocer a Cristo por medio de una relación, prefieren
conocer hechos en cuanto a Él.
Descubra lo que le está impidiendo
tener pasión por Dios. Piense en maneras de sacar tiempo cada día para estar a
solas con Él. En su rutina diaria, busque
su dirección y escuche su voz. Usted,
también, con el tiempo considerará todo
como basura en comparación con el
conocimiento de Cristo.
E N C O N T A C T O . O R G 45
PROVERBIOS 3.13-26
L
a sabiduría de lo alto puede definirse
como la capacidad de ver las cosas de
la manera que el Señor las ve, y actuar de
acuerdo con sus preceptos. Uno de los
grandes beneficios de esta manera de
pensar es la paz. Por lo general, cuando la
vida transcurre sin problemas y todo está
bien con nosotros y nuestros seres queridos, nos resulta fácil sentirnos satisfechos.
Pero, normalmente, cuando las situaciones se vuelven difíciles, la perspectiva
de Dios se nos escapa, y nuestra paz es
sustituida rápidamente por estrés, ansiedad y temor.
Para ver una circunstancia difícil desde
la perspectiva del Señor, tenemos que
contemplarla dentro de los límites de su
carácter y sus atributos. Aun cuando los
pormenores de la vida están más allá de
nuestro control, Aquél que gobierna al
universo sigue siendo el soberano sobre
todas las cosas —hasta de los detalles más
pequeños. Él nos ama incondicionalmente
y siempre actúa para darnos lo mejor. Por
tanto, si Él ha permitido una situación, es
porque el resultado será para nuestro bien
y para la gloria de Él.
Esta sabia perspectiva dará lugar a una
santa respuesta —fe y confianza plenas en
el Señor, a pesar de cualquier sufrimiento
o dificultad. Gracias a que el Espíritu mora
en nosotros, tenemos la seguridad de que
Él es más que suficiente para lo que nos
sobrevenga, lo que significa que somos
competentes en Él.
Cuando dificultad le golpee, mantenga
su mirada puesta en Dios. Al ver cada
situación a través de los ojos del Señor,
el estrés desaparecerá, la ansiedad será
reemplazada por paz, y la confianza en el
Señor acallará sus temores.
46 A B R I L 2 0 1 5 E N C O N T A C T O
J UE
MI É
29
La paz que da
la sabiduría
30
E
Promesas de Dios
para los generosos
2 CORINTIOS 9.6-11
l principio de siembra y cosecha es
una verdad universal ordenada por
Dios; se aplica no solo a la agricultura,
sino también al acto de dar. A pesar de
que el Señor promete una cosecha abundante para quienes dan con generosidad,
a muchos cristianos le sigue resultando
difícil dejar de aferrarse al dinero.
Algunos temen que no les quedará
suficiente si dan. Otros, movidos por el
egoísmo, no están dispuestos a sacrificar placeres y comodidades. Quienes
sucumben a sus temores o a su tacañería,
desaprovecharán la gran cosecha que
Dios quiere darles.
En medio de una economía caótica y
de tiempos de incertidumbre, podemos
encontrar nuestra seguridad en el Señor.
El mundo dice que para tener suficiente
tenemos que adquirir más. Pero el pasaje
de hoy nos recuerda que al dar generosamente tendremos abundancia de provisión para nuestras necesidades (pan)
y recursos para seguir siendo generosos
(semilla).
Más allá de esto, el Señor promete también que la cosecha de nuestra justicia
aumentará, y que seremos “enriquecidos
en todo para toda liberalidad” (v. 11). Las
riquezas de Dios abarcan mucho más
que las riquezas terrenales. La generosidad produce un carácter piadoso, que es
valioso ahora y en la eternidad.
Aunque se nos ha dado la promesa de
una cosecha abundante, ésta la tendrán
solamente quienes siembren abundantemente. Al obedecer el plan de Dios en
cuanto al dar, usted podrá estar libre de
preocupaciones, porque Aquél que le garantiza una cosecha, es también el Señor
omnipotente capaz de producirla.
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